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 El Arte del Decir (193) "Un poema comienza en deleite y termina en sabiduría" afirmó, en alguna ocasión Robert Frost el gran poeta norteamericano y en ese movimiento, finamente anunciado, vemos un objetivo que el poeta, al escribir, se plantea siempre. Puede ser que no sea consciente de esa estricta afirmación, pero todo poema está escrito entre esos dos tensiones de la subjetividad. El deleite, elemento que no debe anularse jamás, aunque escribamos sobre las crueldades del mundo; la sabiduría, ese lugar donde la lengua descansa para, en una o dos frases, anunciarnos - si tenemos suerte - el nacimiento de una nueva forma de mencionar lo real de la vida, esa mezcla de pasiones, inteligencias, azar y determinación que conforma una trama secreta a la cual sólo a veces - y por mediación de un poema, aunque no es la unica forma de acercarse a este tejido - tenemos ocasión de acceder. Escribir es, siempre, intentar develar el misterio de lo real que se esconde y se hurta entre las...
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 El Arte del Decir (192) El tiempo de la lengua es un tiempo simbólico, cuya duración parece acompasarse con la duración misma del poema, ya que una vez leido o recitado, lo narrado parece no existir más, salvo en la memoria de quienes lo escucharon y se complacieron con ello. El poema tiene entonces una existencia precaria que se inaugura en el momento que accedemos a él y se termina cuando damos vuelta la página o nos preparamos para escuchar el siguiente. Esa duración que parece ínfima, sin embargo es decisiva porque quienes perciben el tiempo simbólico, perciben también que él permanece abierto siempre, y en su espesor es posible colocar poemas, narraciones, novelas, obras de teatro, que en su fugacidad provocan al espectador y lo forman, esto es le dan un gusto, un tacto para acceder a la proxima obra, al proximo poema, incluso al verso siguiente. Cada vez que se leen, se recitan, los escritos son y cuando no existen permanecen asidos a la materialidad de las letras para renac...
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  El Arte del Decir (191) Las relaciones entre el decir poético y lo que se llama, habitualmente, la realidad, son complejas. No existe, desde luego, una correspondencia unívoca como lo pretenden algunas tradiciones de poesía "realista". Por el solo hecho de ser incorporado a la lengua bajo la forma de uno o varios poemas, una "realidad" se transforma en un ser de palabras, un ser cuya existencia depende de la lectura o la escritura. Y, como tal, sufre ( o se complace) en todos los destinos de la lengua: se metaforiza, se desplaza engendrando numerosos significados, se acopla con otras palabras, a veces, hasta se silencia para que su presencia, simbólica, se notada mas eficazmente. Incluso algunos han dicho que ante ciertos elementos reales como los campos de concentración nazis, la poesía no podía ser emitida, puesto que la magnitud del horror hacia imposible una representación de ese horror mismo. En verdad, Paul Celan, desmintió de alguna manera esa afirmación ta...
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  El Arte del Decir (190) Según el agudo jesuita Baltasar Gracián, el gusto estético es una virtud cuando es cultivado y sus capacidades son que "realza la excelencia del entender el apetito del desear, y después la fruición de poseer" y en tanto "péganse los gustos con el trato, y se heredan con la continuidad: gran suerte de comunicar con quien lo tiene en su punto" nuestra frecuentación de personas y obras donde este gusto esté bien desarrollado, nos permite desarrollarlo a su vez, en nuestra subjetividad.  Y estas reflexiones sobre el gusto no me parecen ajenas a la poesía ,toda vez que ella, aun cuando transmita una sensación desoladora o una horrorosa situación del ser, debe poseer algo de gusto, un mínimo, que permite al lector conocer lo dificil que allí se despliega, pero al mismo tiempo, tenga una distancia elemental con quien sufre tantas desgracias. Este punto, el del gusto, vale tambien para los poemas (un poquitín mas raros) donde la alegría es la prot...
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El Arte del Decir (189) Decir es mas importante que callar, aunque muchas veces es el silencio el que habla en muchos poemas. En efecto, son las pausas, los instantes de silencio, los cortes de las estrofas cuando los poemas las tienen, la respiración que organiza las frases, lo que otorga muchas veces, misterio, evocación y alusiones que perduran en nosotros como el verdadero mensaje del poema al costado o entre, mejor, de las palabras que lo constituyen. Se trata al parecer de prestigiar el decir sobre los dicho, ya que lo dicho solo se hace posible si hay una intención (aunque sea oculta para el poeta mismo), una coloratura, una pasión que solo se hace visible en el acto de decir, enmarcando la poesía y haciéndola multívoca e inovidable. Leo Lobos (1966) Nacido en Santiago de Chile, es un poeta, ensayista, traductor, artista visual y gestor cultural chileno que ha sido reconocido y galardonado por organismos y universidades internacionales como lo son la UNESCO y la Universidad ...
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 El Arte del Decir (188) Hay cierto modo de inspiración poetica,  excesivamente valorada, que es la de los poetas mas bien románticos (no en el sentido de que escribian poemas de amor, sino en la primacía que daban al sentimiento, lo inesperado, los sueños y el "misterio" de la escritura) donde subitamente, el poeta es visitado por palabras que, trabajadas de manera casi inconsciente, producen finalmente el poema. Otro modo de concebir la inspiración consiste en destacar mas bien el trabajo silencioso, austero, obstinado que un poeta realiza sobre su lengua madre para extraerle porciones y fragmentos que pudieran calificar como "bellos", al menos  en la ambiguedad significada por esta palabra. Este trabajo, oscuro, por supuesto, no esta puesto a consideración del lector, sino solo su producto. La inspiración brota así de un suelo previamente cultivado y no de "visitas" inesperadas del inconsciente, los dioses, la memoria de los pueblos o cualquier otro mag...
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 El Arte del Decir (187) No hay ninguna duda de que el talento de un escritor reposa en haber sido herido por determinadas palabras quizás durante su infancia, y esa herida se transformó en creación como un modo de disminuir el sufrimiento. Sin embargo esta hipótesis no resulta suficiente ya que hay numerosas personas lastimadas que, sin embargo, no han desarrollado el arte de escribir. Agregaré entonces una circunstancia azarosa, que, no obstante, se vuelva crucial: el haberse tropezado en esos dificiles momentos o poco despúes con un libro que iba a sellar un gusto por la literatura. Esto explica que, aun cuando puede el sufrimiento ser una causa concurrente para explicar la vocación literaria, sin embargo no lo es de manera exclusiva y tampoco que por haber sufrido en la infancia, necesariamente los poemas, las novelas o los cuentos tienen que reflejar esa condicion. A veces, la alegría por haber encontrado un modo singular de elaborar esos dolores, triunfa y tenemos entonces qu...