El Arte del Decir (187)


No hay ninguna duda de que el talento de un escritor reposa en haber sido herido por determinadas palabras quizás durante su infancia, y esa herida se transformó en creación como un modo de disminuir el sufrimiento. Sin embargo esta hipótesis no resulta suficiente ya que hay numerosas personas lastimadas que, sin embargo, no han desarrollado el arte de escribir. Agregaré entonces una circunstancia azarosa, que, no obstante, se vuelva crucial: el haberse tropezado en esos dificiles momentos o poco despúes con un libro que iba a sellar un gusto por la literatura. Esto explica que, aun cuando puede el sufrimiento ser una causa concurrente para explicar la vocación literaria, sin embargo no lo es de manera exclusiva y tampoco que por haber sufrido en la infancia, necesariamente los poemas, las novelas o los cuentos tienen que reflejar esa condicion. A veces, la alegría por haber encontrado un modo singular de elaborar esos dolores, triunfa y tenemos entonces que celebrar la aparición de un poeta mas bien jovial, que sabe como cantar el dolor sin identificarse completamente con él y que sabe también que la alegría, aunque pasajera, no puede ser retaceada a nadie.

Dacia Mariani (1936) nació en Italia, aunque pasó su infancia en Japón. Por sus posiciónes antifascistas su familia estuvo recluida en un campo de concentracion de 1943 a 1945. Escribió numerosos libros de poesía y también obras de teatro por las que recibió el Premio Strega y el Premio Campiello. Ha escrito guiones para peliculas de Pasolini, Margarette Von Trotta y Marco Ferreri. Su poesía posee un gran poder de convicción, unido al hecho de que la utilización de las palabras, evoca, describe y finalmente concluye de una manera limpia y preciosa.

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El murciélago vuela bajo




el murciélago vuela bajo

se posa sin aliento

sobre una fuentecilla seca

el plátano agita

sus hojas enfermas

se cubre de gotas viscosas

nosotros tendemos las cuerdas

de un teatro de hierbas

en este verano terminal

de contornos deshilachados

un teatro de verano

en el vientre de Villa Borghese

entre ajados papeles y otros ciudadanos prodigios

un tenaz sueño romano

el teatro de la verdura

con sus telas marrones y celestes

el suelo de tierra

atravesado por raíces amarillas

como codos encallecidos

nuestros pensamientos vuelan

al encuentro de la luz de una razón descuadernada

mas ya dispuesta a convertirse en carne y en palabra

bajo el juego irresistible de los reflectores,

Villa Borghese se toca con un aire lánguido

hacia las siete de la tarde

en la leche de hojas durmientes

nos alcanza el grito del león

desde detrás del muro del zoo

en la pajarera gigante

vuela furiosa un águila prisionera

nosotros levantamos la tela

con sus franjas ribeteadas

para cubrir el escenario

de nuestros desmedidos artificios

una mariquita se posa sobre un dedo

leve, esmaltada, roja y negra

se parece al dorso

de una cucharilla de Sévres,

apuesto a que nos traerá suerte


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 Guerra dentro de un plato




pero sólo para ojos curiosos:

una mujer arrastra de un brazo a una niña muerta

una casa se hace pedazos

se derrumban las paredes de yeso

¿cuántas veces hemos hablado de la guerra

pacíficamente sentados

a uno y otro lado de la mesa?

salta un coche por los aires

encima de la ensaladera

un hombre grita clavando la mirada en el vacío

de un pantalón ensangrentado

una guerra de ultramar

fluctúa en la pantalla gigante

explota, se deshace, desgarra

nuestros pensamientos violados,

los fantasmas de los dolores ajenos

¿cómo los llamaremos, dios mío

sino ramales, secreciones

de un corazón festivo?

una guerra sin contar con el pan

se consume en lo que se tarda en cenar

arden los campos

arde una escuela

arde un bosque

arden las terrazas

de un hotel de lujo

mientras mondamos la espina de un pescado

un muchacho ríe triunfal

ha perdido todos los dientes,

una guerra de ultramar

y nosotros que curioseamos, recelosos

al otro lado de un cristal empañado

bebemos cerveza

dentro de una noche violeta

y escuchamos sorprendidos

el ruido de un motor,

¿será en la guerra o fuera?

¿explotará el avión

o se deslizará entre las nubes?

una muchacha huye, descalza

un niño llora sin hacer ruido

no somos nosotros los que miramos la guerra

sino que ella nos espía

desde el otro lado de las líneas de la pantalla doble

otra granada

un casco que vuela

el cuerpo de un soldado

blando e inerte levemente pende de sí mismo

una guerra de ultramar

nos cae dulcemente en el plato

y nos la comemos con patatas

¿o es ella la que nos come

a nosotros hijos descabalados

arruinándonos para siempre

la experiencia carnal del dolor?



(Traducciones de Miguel Angel Cuevas)

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Dulce Diluvio




Tengo en la mente un dulce diluvio,

un ligero desprendimiento de rocas,

quizás un pájaro cantarín

que ayer por la mañana se ha posado en el árbol

de la ventana.

Con mis zapatos de monja

subo por las cuestas ventosas,

Te pido sólo que seas tú,

no otros que te enamoran,

tantos trajes colgados,

tantos cuellos de camisa flojos.

Un hombre lee bajo la farola

sentado con las manos en el regazo,

el rótulo del estanco

emana una luz cuadrada

el paso cauto del gato sobre el asfalto.

Espero que vuelva ese hombre

que he amado hace un millón de años.



(Traducción de Dolores Ramírez Almazán y Mercedes Arriaga Flórez)


 




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