El Arte del Decir (190)
Según el agudo jesuita Baltasar Gracián, el gusto estético es una virtud cuando es cultivado y sus capacidades son que "realza la excelencia del entender el apetito del desear, y después la fruición de poseer" y en tanto "péganse los gustos con el trato, y se heredan con la continuidad: gran suerte de comunicar con quien lo tiene en su punto" nuestra frecuentación de personas y obras donde este gusto esté bien desarrollado, nos permite desarrollarlo a su vez, en nuestra subjetividad. Y estas reflexiones sobre el gusto no me parecen ajenas a la poesía ,toda vez que ella, aun cuando transmita una sensación desoladora o una horrorosa situación del ser, debe poseer algo de gusto, un mínimo, que permite al lector conocer lo dificil que allí se despliega, pero al mismo tiempo, tenga una distancia elemental con quien sufre tantas desgracias. Este punto, el del gusto, vale tambien para los poemas (un poquitín mas raros) donde la alegría es la protagonista. También allí esa cualidad estética eleva el gozo del escrito y convierte a sus lectores en complices de la plenitud del poeta, y, por el contrario en los poemas donde la debilidad y la derrota son cantados, el gusto, sostiene tanto a quien escribe como a quien lee, y lo sostiene en una dignidad humana que cualquiera sean nuestras desazones no debemos jamás abandonar.
Hilde Domin (1909-2006) Poeta alemana, nacida en la ciudad de Colonia, la Republica Dominicana la recibió cuando el nazismo asolaba Europa. En agradecimiento ella cambió su apellido original, Palm por el de Domin. Recibió el premio Nelly Sachs en 1983 y fue nombrada ciudadana honoraria de la ciudad de Heilderberg (2004). Su voz, una de las mas importantes de la poesía alemana, se eleva construyendo universos microscópicos donde estan presentes los grandes sentimientos humanos, el recuerdo y el deseo de la vida.
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Regalos del viento
El aire, un archipiélago
de islas aromáticas.
Vapores de flores de tilo
y soleados pastos,
bonitos, familiares,
les agrado y me esperan
como si me envolvieran pañuelos
de un tierno hogar,
tejidos por la madre
hace tiempo.
Estoy como en un sueño
y apenas puedo creer
los regalos del viento.
Nubes de ternura
me atrapan,
y la felicidad muerde
con su pequeño diente
mi corazón.
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Colonia
La ciudad hundida
para mí
sola
hundida.
Nado
en las calles.
Otros caminan.
Las viejas casas
tienen grandes puertas nuevas
de vidrio.
Los muertos y yo
nadamos
a través de las puertas nuevas
de nuestras viejas casas.
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Sólo una rosa como apoyo
Me acomodo una habitación, en el aire
entre los acróbatas y los pájaros:
mi cama sobre el trapecio del sentimiento
como un nido en el aire
en la punta más alta de la rama.
Compro una manta de lana finísima,
de ovejas delicadamente peinadas
que caminan sobre tierra firme,
como radiantes nubes
a la luz de la Luna.
Cierro los ojos y me envuelvo
en el vellón de animales fiables.
Quiero sentir la arena bajo las pezuñitas
y oír cómo suena el cerrojo
que cierra la puerta del establo por la noche.
Pero yazgo en plumas de pájaros en lo alto,
arrullada en el vacío.
Me da vértigo. No puedo dormir.
Mi mano
busca un soporte y encuentra
sólo una rosa como apoyo.
(Traducciones de Geraldine Gutierrez Wenken)

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