El Arte del Decir (141) Según Robert Graves, notable poeta ingles contemporáneo la interpretación mitológica de la escritura poética definiría dos clases de poesía: la apolínea y la de la Musa. Como Apolo es un dios racional y civilizado, la poesía apolínea es racional, equilibrada, con un conocimiento sólido de la prosodia y la retórica, sin emociones personales. La poesía de la Musa es todo lo contrario. Esta atravesada por las emociones de amor, miedo, rabia o dolor, profundamente disciplinadas pero llevadas por un pensamiento intuitivo que reina mas allá de la logica y con un ritmo personal que subyuga el verso a su designio. Su efecto en sus lectores es un escalofrío provocado por experiencias terribles o sobrenaturales. Sea cual fuere el destino de esta clasificación hermosamente turbulenta, no es dificil reconocer en ella, las dos caras de una experiencia humana cotidiana, la que mezcla razón y pasión, equilibrio y desgarro, naturalismo preciso y profundidades misteriosas. ...
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El Arte del Decir (140) Si se supiera como comenzar un poema todos los poemas tendrían una forma expresiva común. Lo mismo vale para su conclusión. Es decir que, como escritores, no sabemos como empezar y como concluir nuestro trabajo. Eso sucede, pero tiene algo no de magia (término demasiado pomposo para mi gusto) sino de contingencia. A veces, un poema comienza por un suceso de nuestra vida, algo que leímos, una idea que nos conmovió, una dificultad de vivir que se tolera mejor cuando está escrita. Este caracter de no necesario de los poemas es lo que los dota de mayor frescura y potencia. Cuando un escritor se cree demasiado importante, que su voz es ineludible (pienso en poetas latinoamericanos y argentinos, a los que no mencionaré) me parece que se equivoca. Nuestros poemas no tienen ninguna razón para existir antes de estar escritos, pero cuando se concluyen y se publican y son buenos, parece que siempre estuvieron allí y eso tiene que ser una alegría. Nuno Manuel Gonçalves...
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El Arte del Decir (139) Hay un poema de Gabriel Celaya llamado La poesía es un arma cargada de futuro donde más allá del tono combativo de ese poema, extraigo una frase que me parece decisiva: "lo real se nos convierte/ en lo idéntico a sí mismo". En esa frase - me parece - hay una intuición profunda de esta zona difícil - lo real - que la poesía, las ciencias, el psicoanálisis, rondan continuamente sin poder reducirla a sus mecanismos simbólicos y sin poder imaginarla totalmente. En este sentido me parece es idéntico a sí mismo, en que no puede ser conceptualizado, ni captado en imágenes, ni llevado por las palabras de manera completa. Cada poema es un acercamiento, a través de lo bello, a esa región asintótica donde es imposible descansar exhaustivamente. Cada poema da vueltas, sin lograrlo, en torno a esa comarca donde imaginamos pertenecer, pero nos aterramos de estar instalados prefiriendo que el poema lo indique pero equívocamente, de manera indirecta, sin poder captar...
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El Arte del Decir (138) La poesía se caracteriza por su brevedad. No ignoro que existen poemas largos y aún larguísimos, como los monumentales Cantos de Ezra Pound, que, sin embargo están divididos en numerosos poemas más breves. A lo que me refiero es a que el poema aspira a contener el corazón de la lengua en unos pocos versos. Aspiración loca, descabellada, imposible que no es problema para el poeta: el insiste una y otra vez en dar con la linea perfecta que haría imposible seguir escribiendo. Como esta lucha, quizás fáustica, quizás demoníaca, está destinada a fracasar, el poeta escribe numerosos poemas a lo largo de su vida dando lugar a lo que se constituye como una totalidad inestable. Me parece extraordinario que un imposible haga posible otra cosa. Escritos, rastros, proclamas, fragmentos, no llegan a hacer un todo puesto que siempre pueden descompletarse por la locura (pero locura decididamente notable) de escribir otro verso más para intentar lo que no se puede y que, ...
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El Arte del Decir (137) Dice Gerard Wajkman en su excelente Las series, el mundo, las crisis, las novelas que la novela como forma moderna, surge de la inyeccion del sujeto en el mito. Este último se presentaría como vacío de causa y la novela vendría - al colocar en el lugar de la causa, un sujeto - a fantasmatizar el relato, a rodearlo de circunstancias no épicas, sino justamente, cotidianas. En cierto modo el mito que según Lacan realiza en forma épica la estructura es lo contrario de la novela que, por el contrario, sujetiviza (si podría decirse así) el relato y construye su derrotero a partir de las fantasías del autor, aunque sin identificarse explicitamente con ellas. ¿Y la poesía? En su dimensión épica la poesía canta el cumplimiento de la estructura en los sujetos, mientras que en la lírica se ve, de manera opuesta al sujeto como el protagonista de los sucesos y de los pesares. Pero hay una acotación que me parece más pertinente todavía y es el objeto. Es que...
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El Arte del Decir (136) Las palabras se acumulan, se entorpecen unas a otras, se extienden en su multitud, se vuelven fuertes en su precisión. Muchas veces sucede lo contrario, hay una sola palabra y alrededor de ella un vacío central que esa palabra misma causa. Lo intentamos todo, la obstinación, la escritura automática, el desaliento, y aún la indiferencia frente a ese término que ronda y ronda nuestra subjetividad sin darnos tiempo a descansar de su acoso. En ambos casos, la profusión de los vocablos o su soledad sintomática pero creadora, las palabras convocan a la composición de un poema. Uno que diga por qué esa cantidad de términos puede decir algo o en el otro caso, como surge un escrito de un punto central que engendra sus caminos y sus vericuetos. Escribir, es sin duda, apasionante y nunca me ha resultado trágico, aun cuando pueda uno escribir poemas estremecedores. Escribir es infinito mientras dure la vida, se insiste en componer un poema que acabe con todos los poem...
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El Arte del Decir 135) Hay tres modos, me parece, que una poesía puede alcanzar a un sujeto. El primero, el más evidente, es esa vibración misteriosa que un poema causa en nuestro ser sin que sepamos por qué o por lo menos, no lo sabemos inmediatamente. El segundo, es la comprensión intelectual del sentido de un poema que produce esa cuota mínima pero segura de placer que Freud valoraba porque nos acompañaría hasta nuestra muerte. Contrariamente a lo que se cree, me parece que ese existencia de un poema por intermedio del intelecto no es para nada despreciable y a veces, habría que practicarla un poco, para no apreciar poemas que son solo tonterías. La tercera, la más oscura, es cuando mas allá de la sensación o del intelecto, un poema nos alcanza en la parte más compleja de nuestro ser, ésa que pertenece, originalmente a Otro y produce no sensaciones ni ideas sino un eco lejano de nuestro advenimiento como seres hablantes y una alegría, que aún transitoria, nos inunda como un campanad...