El Arte del Decir (137)
Dice Gerard Wajkman en su excelente Las series, el mundo, las crisis, las novelas que la novela como forma moderna, surge de la inyeccion del sujeto en el mito. Este último se presentaría como vacío de causa y la novela vendría - al colocar en el lugar de la causa, un sujeto - a fantasmatizar el relato, a rodearlo de circunstancias no épicas, sino justamente, cotidianas. En cierto modo el mito que según Lacan realiza en forma épica la estructura es lo contrario de la novela que, por el contrario, sujetiviza (si podría decirse así) el relato y construye su derrotero a partir de las fantasías del autor, aunque sin identificarse explicitamente con ellas. ¿Y la poesía? En su dimensión épica la poesía canta el cumplimiento de la estructura en los sujetos, mientras que en la lírica se ve, de manera opuesta al sujeto como el protagonista de los sucesos y de los pesares. Pero hay una acotación que me parece más pertinente todavía y es el objeto. Es que cualquier poema tiene un objeto interior, un objeto que causa ese decir, ese decir que va bordeando la forma de ese objeto pero que nunca lo alcanza. Ese objeto, me parece, es lo que sostiene a los sujetos. Por suerte, diremos, porque de esa manera cada poema es un intento fallido, pero, al mismo tiempo, es en la precisión de su fracaso donde la poesía encuentra un éxito misterioso.
Antonio Machado Ruiz (1875-1939) fue uno de los poetas españoles de la Generación del 98 más definido en su vocación humanística y en su preciso y precioso uso de la lengua. Autor de Soledades. Galería. Otros poemas (1907), Campos de Castilla (1912), Nuevas Canciones (1924) entre otros y de un libro en prosa denominado Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo) (1936) donde una exquisita irónía se despliega de manera perfecta sobre la enseñanza y sus devenires. Una de sus ultimas obras El Crimen fue en Granada que transcribimos abajo, muestra con toda profundidad el desgarro que significó para Machado el fusilamiento de su amigo Federico García Lorca por las tropas franquistas.
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A un olmo seco
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
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El crimen fue en Granada
I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
...Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada-, en su Granada...
II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar sólo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"
III
Se le vio caminar...
Labrad amigos,
de piedra y sueño, en la Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
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Huye del triste amor… (Soneto V)
Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.
Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.
Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pedía, sin flor, fruto en la rama.
Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!

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