El Arte del Decir (200)


Con esta publicación, daré fin, por ahora, a el Arte del Decir. No porque me haya cansado su armado durante los cuatro años que duró, sino porque me parece que cierta forma de renovación es también el sentido de una obra más acabada. Tal como sucede con la poesía, que he comentado a lo largo de este tiempo, el arte de escribir necesita sin duda,  de no quedarse en una fórmula que se repita interminablemente. Toda poesía es también una sorpresa, no sólo para los lectores, sino que debe serlo también para el escritor, que, trata de no volver siempre a lo mismo, aun cuando los rasgos centrales que la lengua ha impreso en él, son imposible de evitar. Entonces, a mi entender, es preciso sortear el obstáculo de lo mismo pero sin entrar en en el desfiladero del cambio sin sentido. Entre Heráclito y Parménides, está para mi gusto algo del poema donde, aun cuando se reconocen en él los trazos del escritor, también se destaca una novedad que lo hace legible. Cierto realismo inteligente, cierta frecuentación de lo que no es y de su hijo profundo, el deseo inconsciente, es lo que permite que una escritura nos entusiasme, nos divierta y nos enseñe.

Edward Lear (1812- 1888) fue un escritor, pintor e ilustrador inglés conocido por sus poesías  y sus limericks, formas poeticas breves de un extraodinario sinsentido. Aunque su obra se inscriba en el espacio de una literatura que, como Lewis Carroll, practica el absurdo como una forma de composición, sin embargo, ese disparate, observado de manera cuidadosa, revela aspectos desconocidos de la naturaleza humana. Véase en los tres poemas que aquí coloco, como aparecen en cada uno de ellos la aventura, el amor y los viajes extraordinarios con un humor cristalino y un gusto por los seres que en ellos se describen como pocos poetas han podido lograr. Más allá de su aparente falta de sentido, me gusta también lo que la traduccion muy buena logra transmitir y es un sonido de la lengua que conforta y entusiasma.

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El Pobble que no tiene los dedos de los pies




El Pobble que no tiene los dedos de los pies 

alguna vez los tuvo, como usted, como yo.

Mas cuando le dijeron que los podía perder respondio flautin flaflan flofló

y su tía Jobiska le hizo tomar un te de agua de lavanda con clavel:

"Todos lo saben -dijo- no hay tónico mas noble para los dedos del pie de un Pobble"


El Pobble que no tiene los dedos de los pies 

quiso cruzar a nado el Canal de la Mancha 

pero antes de partir tuvo a bien envolver

su nariz en franela escarlata

pues su tia Jobiska dijo: "Es evidente que si la nariz está caliente

nada puede pasarle a los dedos del pie, a los dedos del pie de un Pobble".


Nadó muy bien el Pobble, daba grandes brazadas 

y a cuanta embarcación pasaba cerca suyo 

saludaba tañendo una tilín-campana

que hacía un tilín-tilín barullo;

y cuando la otra orilla estuvo ya a la vista 

todos los marinos exclamaron

"Pesca para el gato de la tia Jobiska, el gato runcible y colorado"


Pero antes de llegar a la orilla de enfrente

-a la orilla francesa del Canal de la Mancha - ­ 

una marsopa verde le arranco de repente

la franela color escarlata.

Miró el Pobble sus pies, buscando dedos gordos, 

buscando dedos meñiques y medianos,

y demudó su rostro al ver que ni uno solo 

¡ni de muestra le habia quedado!


¿Que habia sucedido? ¿Cómo, cuando y por que? 

Desde ese amargo dia no se ha sabido nada.

;Quien le sacó al Pobble los dedos de los pies 

de manera tan inopinada?

¿Fueron los langostinos, fueron los camarones 

sirenas fueron, o bagres, los ladrones?

¡Nadie supo ni sabe quien le robó a los pies 

del Pobble sus dedos, que eran diez!


El Pobble, rescatado por un gran bergantin, 

fue puesto al abrigo del frio y la ventisca

y boga que te boga llevado al jardín, 

al jardin de su tia Jobiska.

Ella hizo una fiesta, un pastel sibarita 

de anémonas, huevo y sardina frita.

"Si es tan notorio -dijo- para que discutir

que cuantos menos dedos, un Pobble es mas feliz"

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El Búho y la Gatita 




El Búho y la Gatita fueron a navegar 

en un botecito color verdemar;

llevaban mucha miel y formando un paquete 

un montón de dinero envuelto en un billete. 

Rasgando su vihuela en la noche estrellada 

el Búho se largó con su guitarreada:

"Oh, mi amada Gata! ¡Oh, Gata, mi amor! 

¡Que bello ejemplar de gata sos,

sos, 

sos!

¡Que bello ejemplar de gata sos!"


La Gata le dijo: "¡Hermoso tu canto!

¡Que verso elegante! Vayamos al grano:

 casemos pronto, eso es muy sencillo,

lo que no se es dónde comprar un anillo." 

Así navegaron, medio a la deriva,

por puertos lejanos hasta que un buen dia 

un Chancho encontraron en cierto pais

iY tenia un anillo en su chanchinariz, 

nariz,

nariz!

¡Y tenía un anillo en su chanchinariz!


"Estimado Chancho, ¿acepta un chelin

por su anillo?" "Bueno-dijo el Chancho-, sí." 

Munidos de anillo, al dia siguiente,

casólos un Pavo. ¡Estuvo increíble! 

Hubo picadillo, duIce de membrillo, 

de cubierto usaron cucharas runcibles, 

y muy de la mano, junto al botecito 

bajo las estrellas bailaron juntitos,

juntitos, 

juntitos,

bajo las estrellas bailaron juntitos.


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Los Jumblies



Se hicieron a la mar en un cedazo, sí, 

en un cedazo se hicieron a la mar:

aunque mas de un amigo lo desaconsejara, 

de un día tormentoso en la invernal mañana,

¡en un cedazo se hicieron a la mar!

Y apenas el cedazo se puso a girar

y a gritar los amigos "¡Oh, no! ¡Se van ahogar!", 

respondieron a coro: "Si chico es el navio,

¡nos nos importa un rabano, y menos un pepino!

¡En un cedazo saldremos al mar!"

Los Jumblies habitan en cierto país 

extraño, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz, 

y salieron al mar en cedazo.


En el mar se internaron en un cedazo, si, 

y bogaron con toda premura;

con un lindo pañuelo color carmesí,

a una pipa anudado con jarcias de piolin 

a modo de exigua arboladura.

Coreaban todos, viéndolos, un pésimo presagio: 

"¡En menos de un minuto tendremos un naufragio! 

Porque largo es el viaje y está oscuro el cielo,

y sea como sea, es erróneo en extremo 

bogar en cedazo con tanta premura!"

Los Jumblies habitan en cierto país 

extrañlo, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz, 

y salieron al mar en cedazo.


No pasó mucho rato sin que entrase, oh, si, 

sin que entrase el agua al cedazo;

pero ellos consiguieron no mojarse los pies 

envolviendoselos con un papel rosado

plegado y sujeto con un alfiler.

Y pasaron la noche en un jarro enlozado:

 "¡Que prudentes somos!", felices corearon, 

"Aunque esté negro el cielo y el viaje sea largo, 

no es erróneo en extremo y esta todo muy bien

si gira el cedazo a mas no poder!"

Los Jumblies habitan en cierto país

 extraño, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz, 

y salieron al mar en cedazo.


Y bogaron, bogaron, la noche entera, sí: 

desde que el sol se puso y la luna asomó

le cantaron su lunatica canción,

al ritmo de un gong que hacia percusión 

a la sombra de un cerro marrón.

"¡Oh, timbal y tambor! ¡Somos afortunados,

por tener un cedazo y un jarro enlozado, 

y a la pálida luz de la luna bogamos

por la vela rojiza impulsados

a la sombra de un cerro marrón!"

Los Jumblies habitan en cierto pais 

extraño, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz, 

y salieron al mar en cedazo.


Y bogaron al Mar Occidental, oh sí, 

a una tierra boscosa, arbolada,

y un Búho compraron y una Carretilla, 

y una libra de Arroz y Tarta de Frutilla,

y una linda colmena de Abejas plateadas.

Y compraron un Chancho, varios Grajos carmin 

y un mono adorable con un chupetín,

cuarenta botellas de Ring-Bogo-Ree,

y muchisimas hormas de queso de Brie.

Los Jumblies habitan en cierto país 

extraño, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz,

 y salieron al mar en cedazo.


Y veinte años despues regresaron, oh, sí,

 habran sido veinte años, o más,

y todos dijeron "¡Que grandes están!

porque han ido a los Lagos, a la Zona Torrible,

 a las viejas colinas del Plomazo lmposible"

Y brindaron por ellos e hicieron festines,
 
y con levadura cocieron budines,

y todos decían que, sin vacilar,
 
tambíen en cedazo querian navegar

rumbo a las colinas del Plomo Imposible.

Los Jumblies habitan en cierto país
 
extraño, remoto y escaso:

son verdes sus manos, azul su nariz, 

y salieron al mar en cedazo.




(Traducciones de Jaime Arrambide, Mirta Rosemberg y Daniel Samoilovich. Extraídos del N° 64 de la excelente revista Diario de Poesía, Abril, Mayo, Junio del 2003)




 




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