El Arte del Decir (XX)

La naturaleza siempre fue un misterio insondable para los hombres. Hasta el siglo XIX cuando los avances tecnológicos hicieron que - misterio o no - la naturaleza se convirtiera en un portal hacia otra dimensión: la dimensión del saqueo, la explotación, el arrebato. Una acción específicamente humana que trasladamos sin vacilar a nuestras industrias y nuestros emprendimientos y que ha generado la contaminación enorme de nuestro planeta.
De canto de alabanza en los poetas clásicos, a arrebato trágico en los románticos, natura siempre ha estado presente en las letras. Se ha celebrado en ella la armonía (cosa dudosa), la belleza (que encubre el pavor), el equilibrio (salvo en las catástrofes naturales) e inclusive su carácter protector y bondadoso, cosa que sólo es posible atribuir a nuestras madres y eso no siempre. Pero desde que comenzó la devastación contemporánea que está en el corazón del capitalismo salvaje que padecemos en nuestros días, la naturaleza se volvió distante. No sólo por eso. También porque el humano adquirió cada vez mas conciencia de que si es raro observar la vida de los insectos, mas raro es observar la de los seres humanos para quienes no hay limite homeostático que aguante en su búsqueda de satisfacciones, cada una mas extraña, mas antinatural, mas devastadora.
Lacan dijo en alguna ocasión que si la naturaleza reaccionara, se libraría al fin de esa infección que constituye la vida humana y en esta idea no estaba muy lejos del Freud de Mas Allá del Principio del Placer. Lo difícil es aceptar que somos así, que esa tendencia no es un accidente en nosotros y que sólo el amor ( a veces el deseo) pueden detener en nosotros esa tendencia hacia la extinción que nos habita.
Snorri Hjartarsson (1906-1986) fue un poeta islandés de notable escritura que muestra que no es extraño que haya nacido en ese país, tan distante del nuestro y tan cercano a la fiereza ártica. Pero en él el amor por la naturaleza no es alabanza, ni tragedia, sólo es distancia. A pesar de lo bello que resulta, siempre estamos condenados a volver al mundo de los hombres a continuar nuestra tarea y nuestras vidas. Una sutil nostalgia que se aprecia solo luego de una segunda lectura.

En los bosques verdes

Quiero esconderme lejos
lejos en los bosques verdes
en los misterios de los árboles
y crecer árbol
olvidarme, sentir
quietud en raíces
profundas y fuerza
en tiernas hojas sedientas de luz
para luego volver
con el saber de los árboles
al encuentro de
los hombres inconstantes.

Noche de primavera

Desciende el agua
de las altas nubes
llovizna
sobre hierba fresca suave,
todo nuevo y reciente
en una noche así,
nada duele
salvo los pasos que se alejan
de la planta naciente.

(Traducción de Hólmfríður Garðarsdóttir)
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