El Arte del Decir (199)


¿Qué hace que una persona cualquiera, hombre o mujer, se vuelva poeta? ¿Qué oscuro vínculo hay entre su psicología y las letras, pero además, sostenido en esa zona de lo escrito que es un poema, precisamente? Porque un novelista o un cuentista es, me parece, más facil de explicar. Quieren contar, narrar, discurrir por la lengua como un viajero falsamente experto que sabe de atajos y recovecos. Pero ¿un poeta? Qué diablos tocó el ser de ese sujeto para que decidiera su destino de esa forma poco convencional? Yo no creo que las razones psicológicas, ni sociales para explicar un talento literario. No porque no sean interesantes muchas veces, sino porque no explica la capacidad de una persona para producir un poema, sino a la persona misma y esto sólo fragmentariamente. Tampoco creo en una teoría del misterio supremo de escribir, que, ya que no hay dioses en nuestra época, se adjudica a razones aun mas misteriosas que las religiones. Pero si admito un relación con la lengua, la lengua hablada, que por un golpe de genio (o de talento, o de capacidad, lo que ustedes prefieran) transforma esa herida, la de la lengua, en un poema, es decir un tratamiento del golpe que significa penetrar en un mundo de lenguaje y que lo convierte en una cosa bella, algo que amortigua ese golpe, que puede incluso, ser comunicado y leído, y celebrado y así permite que los otros, los que no estan visitados por ese demonio que es la compulsion de escribir poemas, puedan sin embargo refrescarse de otro modo en las aguas dificiles del lenguaje, ese que nos hiere, nos exila y nos condena a evocar siempre otra cosa, que no existió nunca, un mundo en el cual nunca habitamos si la lengua hizo su trabajo antes incluso que apareciéramos en esta realidad desconcertante, pero al menos cantable.

Carmen Ollé (1947) Es una de las poetas mas importantes de la poesía peruana. Escribió varios libros de poesía y unas cinco novelas. Fue profesora de Literatura en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, directora del PEN Club de Perú y miembro del movimiento poetico Hora Zero. Su escritura es provocadora y femenina, buscando situar el erotismo como un vía de liberación de de los valores machistas de la sociedad.

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En el olvido


Deja ya Carmen de andar por ahí contando a

todos tus dolores;

con tanta queja a nadie haces bien y el culpable

se vanagloria,

Crece en riqueza y poder.

Dice que hay una tonta ya madura -aunque no

lo parezca- que vierte por él sangre.


Si tu cuerpo no alcanza en otro cuerpo la gloria:

que el sueño te recompense.


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Mina y el Conde Drácula



                                                            La noche es larga, la droga amarga


                                                                                Mikel Erentxun

 




 


Doce de la noche y son ya tres vasos de vodka.

El africano que sirve los tragos me detiene junto al baño

Y me da un beso en los labios,

Mi voluntad maca cero kilómetros,

Me dejo y no protesto.

A esa hora cualquier beso tiene el sabor

De lo no habido en el tiempo

Me imagino estar sentada en el desierto.

Estar sentada únicamente,

La gente del bar bebe sin piedad.

Una mujer de treinta años saluda a mi vecino de mesa.


Cierta vez me puse a llorar en un rincón de la sala

Cuando tenía quince años, había perdido a Dios

Y perseguía a un sacristán,

Mi platonismo era sincero…

Ahora detesto que no me salgan las cosas

Como quiero.


A mi lado, Mina es el placer, lo intento otra vez y otra vez,

Ella sucumbe porque no espera nada de la vida

Y yo le enseño a ser sutil

A arrancar a cien por hora en su viejo automóvil.

Ama tus caderas en las que yazgo al fin como

En una cálida bahía bajo el sol, le digo,

Y yo que detestaba el sol también las amo.

Ahora la voluptuosidad es algo nuevo para ella,

La culebra avanza toda la noche silbando mi nombre…

Y el veneno de los celos la hace más bella.

Desde que sabe qué es esto, esto la atrae para bien

O par mal, como el vodka,

Sus ojos de ternera ya no languidecen

Rabian de celo y hambre como los de un jaguar

Y corre en su viejo automóvil a cien por hora arrollando

A los espantapájaros que golpean el capó como si fuéramos

La peste, ella y yo, bendita peste en la que ella

Mi Señor, admite…

No pienses en Brooke Shields, le susurro al oído.

Doce de la noche en el bar,

Ni en Madonna

Cuando ríes pareces una adolescente en su uniforme azul,

Y boina azul y blusa blanca almidonada…

Sólo eso importa, ¿sabes? Sólo eso.


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Bares




Vivir es alegre -los he oído reír cada vez

más fuerte -y seguían cada vez más alegres-

la noche se apiada de mí porque no siento

vergüenza.

Y una más pide el más ronco -que traga sin ser

procaz- porque es suave y delicado- adora la

botella como una nalga de mujer-

a grandes sorbos.

Aquél sí es de los peligrosos: roba mata miente

y es astuto- pero cuando pasa próximo a mi mesa

sus grandes ojos de arañas sedosas se deslizan

como un tigre en mi regazo- Por fin siento

que he viajado-






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