El Arte del Decir (198)
Distingo, si fuera posible entre elaborar un poema y en leerlo, sin olvidar que el lector es parte fundamental del poema mismo, en la medida en que puede aportar significaciones mas alla de lo que pretendía (conscientemente) hablar el poeta. En este sentido me parece que los mejores poemas son los que se escriben en la lengua madre del poeta. Es verdad que ha habido poetas que han practicado la exofonía, vocablo monstruoso que alude a escritos en otra lengua que no sea la original. Joseph Brodsky, el poeta polaco que debió practicarla alude a ello cuando escribe "«Cuando un escritor recurre a un idioma distinto a su lengua materna lo hace ya sea por necesidad, como Conrad, o debido a una ardiente ambición, como Nabokov, o por lograr un mayor extrañamiento, como Beckett», en cualquier caso, este lugar otro debe ser habitado por un esfuerzo previo de inmersión en la lengua extranjera para tratar de encontrar en ella equivalencias y juegos de sentido que hagan posible el poema. Borges, escribió tambien alguno de sus poemas en inglés, lengua que admiraba; Kerouac abandonó el francés de su Quebec natal, para escribir sus haikus en inglés, cuando se mudó a los Estados Unidos. El tránsito de una lengua a otra me parece, siempre un desgarramiento, algunos se reponen y otros continúan con su lengua natal, donde se encuentran afincados. El que el sujeto, ese inconsciente, que sostiene muchas de nuestra enunciaciones, ha sido producido por la lengua de nuestra infancia, aquella que el Otro hablaba y que nos constituyó como seres parlante, literalmente.
Jayanta Mahapatra (1928-2023) Fue un poeta, traductor, editor indio, formó parte de un trío de poetas hindúes junto con A. K. Ramanujan y R. Parthasarathy, que sentaron las bases de la poesía india escrita en inglés. De los 27 libros publicados por Mahapatra, siete fueron escritos en oriya y el resto en inglés. Es un poeta que produce descripciones de situaciones cuyo misterio aparece velado y también - como se puede observar en el ultimo de los poemas anotados aquí, precisiones ambiguas sobre el amor y su espera. ..................................................................................................................................................................
Un poema de verano
Sobre el suspiro del viento oscuro
los sacerdotes cantan más fuerte que nunca:
se abre la boca de la India.
Los cocodrilos se mueven hacia aguas más profundas.
Las mañanas de muladares encendidos
humean bajo el sol.
La querida esposa
yace en mi cama
durante la larga tarde;
soñando todavía, imperturbable
ante el profundo rugido de las piras funerarias.
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Un sabor para mañana
En Puri, los cuervos.
La única calle ancha cuelga
como una lengua gigante.
Cinco leprosos sin rostro
se apartan
cuando pasa un sacerdote.
Y al final de la calle
la multitud inunda la puerta del templo:
una enorme flor sagrada
balanceándose en el viento de razones mayores.
(Traducciones de Ignacio Oliden)
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Esperando
Estoy sentado aquí, esperándola, sentado aquí
con la piel vacía colgando sobre mis hombros
como me he sentado tantas veces
junto a la misma ventana, en la misma vieja silla.
De vez en cuando observo mis cuadernos
me encuentro a mis palabras flotando
hacia el desierto al otro lado de la página.
Como el humo alejándose en la tierra ardiente
de mi propia carne. Cierro mis ojos cansados.
E intento no pensar en la piel dispuesta y tibia
de la niña de dieciocho años con la que estuve el mes pasado.
Estiro mis labios solitarios en una mueca imperdonable.
Giro el rostro hacia la oscuridad de mi recámara
y observo; pero yo no recuerdo ahora
cuándo fue que mi barba empezó a crecer.
Le permití al minuto desatar la hora sobre el suelo;
pero cada vez que regresaba, y yo tenía que hacerlo todo
nuevamente, con tal de relajarme.
Toco mis hombros; están desnudos, contritos.
Como la forma de una banca desierta bajo la lluvia.
¿Se me estaba acercando alguna especie de cambio?
¿O era la piel vacía del tiempo, esperando una excusa
para mover la sangre, para ocuparla en algo?
Allí están mis cuadernos, también mi bella esposa,
pero llevo con ellos mucho tiempo, mucho tiempo enamorado,
me han ido desgastando las orillas lentamente.
O tal vez no sean ellos mismos el motivo;
se trata del lugar de donde vengo, y de lo que
de pronto descubrí que deseaba en realidad:
la vida que mi vida busca, cuando llego a
resolverla; pero ha tomado otro camino
hacia donde no pude conocerla en absoluto,
mientras regreso al sitio en donde estaba, en la misma ventana,
sin pronunciar palabra, esperándola,
la piel vacía ondeando como banderas blancas en una guerra perdida.
(Traduccion de Aureliano Carvajal)

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