El Arte del Decir (180)



¿Hay un dicho poético? ¿Una forma de tratar a las palabras para que organicen el sentido esquivo que es lo que caracteriza, a mi juicio, el dicho poético? Creo que sí, que hay múltiples maneras para que el lenguaje se revele como un aparato de parloteo, una acumulación de significados que se desplazan, un sonido que arrulla, inquieta, alegra o estimula. Para esa operación que todo buen poeta realiza sin saberlo, simplemente por su anhelo de expresar algo, el decir es fundamental. La posición de un emisor en el decir es crucial para producir una lengua poética, que se diferencia radicalmente de una lengua de negocios, informativa, o que sencillamente quiere transferir información. Ese decir, es un decir que no quiere informar sino mas bien evocar, que no le interesa convencer, sino al contrario, producir alguna reacción en el oyente, reacción que va a integrarse en el poema, ya que, me parece que todo poema alcanza su estatuto cuando el puede decir otra cosa, mas allá ( o más acá, las teorías divergen) de sus dichos que, sin embargo, deben hacer posible ese desplazamiento del sentido.

Inger Elisabeth Hansen (1950) Poeta, narradora de literatura infantil, traductora, nació en Oslo, Noruega y en 1994 recibió el premio Dobloug de la Academia Sueca. Su poesía es enigmática, seductora y altamente evocativa, con un uso decisivo de la palabra en la creación del objeto poético como lo dice en la parte segunda del primer poema que publicamos.

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TRATADO DE LA MEDUSA SOBRE EL LENGUAJE DE LAS SERPIENTES


I


Yo soy el lenguaje de las serpientes

columna de sueños lengua de agua

los labios a poca altura de la tierra

en torno al cuerpo de los sonidos

el hipnotizado pájaro en la garganta

la canción es lo que se hundió

bajo la piel que ascendía

en espiral y succionaba relucientes

segundos como veneno

la canción era el rayo de llamas

lanzada alrededor de huesos pulidos

el cuerpo era lo que cantaba

el pájaro en el vientre

la serpiente

en el aire


II


La palabra es pájaro

Si voy a decir la palabra me llevo el pájaro a la boca.

No lo mato sólo lo menciono por su nombre.

Pájaro repito y entonces ya tengo el pájaro en el estómago.

Yo soy pues lo que digo.

¿Qué dice el pájaro?

Sin mí el pájaro no sería palabra



III


Ahora es mi boca un archivador y las palabras números de registro.

Ahora el pájaro es sólo el número de registro del pájaro.

El número de registro no canta



IV


La mortal era yo



La que nació de una ola
y vivió en el extremo del mundo.
La que llevaba serpientes en el pelo
y cantaba y hacía bailar a las serpientes.
Ella a la que llamaron peligro
un monstruo la llamaban.
Ella que dejó pesar la mirada
él la robó, la mirada, la pesada.
Fue el arma del guerrero
la dirigió contra otros.
Él mismo carecía de fuerzas
nunca se enfrentó a mi mirada.
Otros fueron alcanzados por ella
otros quedaron rígidos y se detuvieron.
Yo que no tengo cuerpo
mira ahora sólo puedo petrificar.
Mi boca no canta
los ojos hablan piedra.
La cabeza en manos del guerrero
no soy yo sino muerte.
Yo que parí demasiado tarde
a Pegaso fue al que estaba pariendo
cuando el guerrero me asestó un corte en el cuello.
La mortal era yo.




(1983)


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DESCENSO


 

El Dodge blanco se detiene en lo alto de una escalera

Los arcos de mármol de los escalones extienden su color rosa hacia ti

como carne en una vieja sonrisa.

Una invitación a seda, a sus suaves abismos de la luz.

 

Al pie de la escalera fluye un río. Es negro.

El río despliega su seda brillante sobre tu mirada.

Los cisnes negros dan vueltas y vueltas nadando.

Giran lentamente tras sus picos rojos.

Negros arco iris se retuercen a lo lejos. Jaspe lapislázuli.

 

Los ojos hinchan membranas de cristal de piedra.

Extraña obsidiana

No revelan que eres visible.

No hay nada en ti que haga venir a los cisnes.

 

Ni un olor, ni un sonido, movimiento

dan vueltas y vueltas nadando.

 

Donde desciende la escalera el río se hace redondo como un cráter .

Basalto negro se amontona en resbaladizos cojines de agua.

Torres inclinadas de cojines tapizados en negros con rayas de mica.

Vías lácteas detenidas en piedra, entran quemando en sueños que quedan.

 

La llama que abre la piedra duerme en el fondo del agua.

 

Ese huevo profundo no lo ha puesto ningún cisne.

Tú te esfuerzas en mitad de la vieja sonrisa de la escalera.

Quieres descenderla.

Ella sonríe.






(Traducciones de Francisco J. Uriz)

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