El Arte del Decir (179)


Ser poeta es una cruz. Ser poeta es una desgracia. Ser poeta es un sufrimiento que cuesta soportar. Ser poeta es un destino funesto. Escribo, sí, pero a pesar mío. Escribo sin esperanza, sin placer y sin diversión. Escribo desgarrándome y a veces matándome transitoriamente. Escribo para soportar el morir que se va instalando como un visitante inesperado dentro mío. Afirmaciones todas que detesto profundamente (las afirmaciones, no a quienes las profieren) ya que mi experiencia con la escritura es difícil a veces, dura y poco remunerativa, en otras, y por lo general no desagradable pero sí que hay que colocar el cuerpo y el tiempo de ese cuerpo en transitar palabras por una página y que queden bien. Y con esto ultimo quiero decir que su disposición, su sonido, su significado y sobre todo su música se combinen en un sentido que sea convocante, que llamen a leer. No siempre se logra y cuando se logra no hay triunfo. Pero jamás me convencerán que escribir poesía no conlleva un goce secreto y profundo que, al final, nos reconcilia con la mundo y con nosotros mismos. 

Ko Un (Kunsan, 1933), poeta nacido en Corea de Sur. Su vida transcurrió entre ser un monje budista durante diez años, luego abandonar para entregarse a excesos alcohólicos, luego fundar la Asociación para la practica de la libertad, ser sospechoso de alta traición, arrestado y condenado a cadena perpetua. Fue liberado, se casó y comenzó a escribir con pasión. En la actualidad lleva publicados mas de 120 libros entre novelas y poesía y ha sido nominado dos veces para el Premio Noble. Semejante existencia ha consolidado un poeta preciso y emocionante, cuyo uso de la lengua es decisivo para producir una belleza extraña, no exenta de oscuridad.

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Annapurna


 


Voy al pico de Annapurna en el Himalaya


Yo he estado ya


desde hace mil quinientos años


Es una cosa reciente:


por fin nos encontramos de golpe


con un agasajo emocionante y caluroso al recibirme allí


los dos oyes nos chocamos


nos destruimos con todo brillo:


destrucción deslumbradora


que no perdona ninguna letra ni alfabeto


Así nace una oscuridad total analfabeta


allí al pie del Annapurna


Ya no hay yo


¡yo que he sido mendigo, a veces hipócrita durante demasiado tiempo!

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Fascinación


 


Me voy cayendo en el pozo de tus ojos


Mis pies se han parado en el tiempo del meteoro tan rápido


como una flecha, entre tu palabra y palabra.


Desde ahora en adelante, la oscuridad espléndida de tus huesos


se quedará quieta y silenciosa hasta después de cien años.


Te amo.



(Traducciones de Yong-Tae Min)


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Las escrituras del maestro

 


El monje Ta Hui de la dinastía Sung

echó al fuego las escrituras de su maestro

Las memorias del farallón azul

Bien hecho

hizo bien

Sin embargo, las memorias permanecen




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El viento




Nunca le pidas clemencia  al viento

altas lilas silvestres y otras

blancas lilas aromáticas y otras

flores sin nombre y otras

una vez que se hayan marchitado sus hojas

brotarán nuevos tallos


No es demasiado tarde



(Traducciones de Joung Kwon Tae revisadas por Isabel R. Cachera)






 

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