El Arte del Decir (171)


Comunicar, informar, transmitir conocimientos, todo eso es  lo que la lengua realiza muy imperfectamente, sin que sepamos como regularla, como dominarla ni mucho menos cómo hacer que nos sirva sólo a nosotros y no a sí misma. En el esfuerzo por controlarla se han inventado los lenguajes matemáticos, las escrituras lógicas que transmiten con certeza pero muchas veces sin comprensión, esto es, si no conocemos de qué forma están construidos esos símbolos con el agravante que para comprender mejor las formulas de las ciencias, no hay sólo que escribirlas, sino comentarlas, lo cual introduce nuevamente el equívoco de la lengua hablada, su capacidad de producir deslizamientos de sentido, su imperfecta metaforización que por ser una sustitución nos vuelve distante lo sustituido, su incesante devenir. Ante eso y desde la vereda opuesta a las ciencias, los seres humanos hemos balbuceado la poesía, el lenguaje de las letras, donde se hace una virtud de esta equivocidad y se concluye que un significado siempre es inestable, variable, poco definido. Frente a ello, la poesía eleva la alusión, lo verdad dicha como debe decirse, esto es, a medias, la indefinida imprecisión de los significados, como una algo valioso y en eso no se equivoca. Lo real nos es dado siempre a medias, siempre incompleto, muchas veces incoherente y difuso. En ese mundo vivimos y pretender completarlo y asirlo por completo nos conduce directamente a la locura o a la estupidez.

Robert Walser (1878-1956), fue un escritor suizo, nacido en la ciudad de Biel, cuya delicadeza y oscura tragedia ocuparon su vida y sus poemas. Aunque es mas recordado como novelista (fue el autor de las narraciones Jacob Von Gunten, Los hermanos Tanner, El ayudante, El bandido, El paseo) su obra poética es profunda y sugerente. La lengua de Walser es una lengua que alude, evoca, indica pero jamás nombra explícitamente los motivos o temas del poema, logrando así un misterio cabal y preciso que irradia una serena belleza.

...................................................................................................................................................................




Crudo Invierno




En la ventana se hunden esas flores

delicadas, inmensamente tiernas;

la luna amarillenta como una enorme lágrima

cuelga desde el jardín de espesa bruma.


Un jardín es el mundo, en el que ahora

todo placer ha muerto,

y cielo y voz se pudren. Son las flores

su sentido pasmado en la ventana.


Por los blancos tejados,

por los campos que siempre están tan blancos,

la luna va llorando, por las estancias donde

los hombres o son locos o son sabios.


(Traduccion de Carlos Ortega)

.................................................................................................................................................................




¿Que se me ocurrió?




Sí, me parecía bonito anhelar a la diosa,

todas las plazas, todas las calles

parecían rebosar vitalidad.

Cómo trepidaba en mi alma, desde que

la viera en su magnificencia sin igual,

aunque con franqueza me decía: «Está bizca».

La ausencia de perfección en su belleza

me hizo creer que nadie era más hermoso,

pues la ternura es una artista

en sí misma. ¿Cuán frío se me ha vuelto el corazón

con el tiempo? ¿He olvidado el dolor que

tanto ilumina la vida, que me animaba

cuando no encontraba placer? ¿Cuándo se le perdió

a la mariposa que habita en mí su delicado polvo?

¿Cuándo comenzó, cuándo, dónde empezó lo que

me empalidece, por qué un día ya no fui capaz de morir

por ella, dulcemente, como los amantes comprenden

la fragante muerte? Si a mí todo me parece ahora falto

de magia, ¿no caminan también los demás

desencantados por la larga vida? ¿Qué se me ocurrió,

a mí, alma ebria de belleza?



(Traducción de Lorena Silos)


..............................................................................................................................................................




Como siempre




Ahí sigue la lámpara,

la mesa sigue ahí,

y yo sigo en el cuarto,

suspirando anhelante,

como siempre.


¿Ahí sigues, cobardía?,

¿y tú también, mentira?

Me llega un negro sí:

ahí sigue la desgracia,

y yo sigo en el cuarto,

como siempre.



(Traducción de Carlos Ortega)




Comentarios

Entradas populares de este blog