El Arte del Decir (165)


Jacques Lacan enseñó con precisión que la letra, en tanto producción del sujeto, fijaba la significación, y que los equívocos a los que es tan propensa la lengua hablada se reducían al escribir, lo cual me parece, explicaría de alguna manera porqué cuando la escritura se vuelve imposible, ya sea por condiciones subjetivas o a veces, por censuras o opresión de los gobiernos de turno, muchos escritores opten por terminar sus vidas, muchas veces de manera dramática. No hablo aquí de la decisión de dejar de escribir, lo cual puede ser motivada por muchas razones como por ejemplo por la de sentir que ya se ha dicho todo lo que se podría o debía decir, como parece haber sido el caso de Rimbaud, que a los 20 años dejó de escribir totalmente, sino cuando la decisión falta, justamente, por el agobio de una perturbación subjetiva o la persecución social y política. Lo que quiero decir es por no poder fijar sus significaciones a través de la letra muchos poetas se han visto enfrentados con un real que habitando su mundo privado, era sin embargo un acicate para la escritura, permitiendo al sujeto vivir sin preocuparse tanto por las significaciones que iba descartando al convertirlas en escritura. La función de anudamiento y de sostén para la vida es aquí crucial, también para regular la angustia y  acaso para acercarse, de una manera particular al otro con el cual establecer un cierto lazo. ¿Y que pasa entonces con los sujetos que no saben, no quieren o no gustan de escribir? Pues que utilizan otra cosa para funciones parecidas. La escritura aquí no es signo de una potencia o un don del cielo, sino de un recurso, valido como tantos otros para anudar lo real que nos concierne y que de otra manera nos destruiría.

Alvara Mutis (1923-2013) fué un poeta y novelista colombiano que residió en México a partir de 1956. Recibió numerosos premios por su obra tales como el Premio Nacional de Poesía (Colombia), La Orden de las Artes y las Letras (Francia), el Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (España) y en Italia el Premio Grinzane-Cavour y el Premio Rossone d'Oro. Finalmente recibió en el 2001 el Premio Cervantes uno de los mas importantes de la lengua castellana. Dueño de una lengua levemente barroca sus poemas recorren la existencia indicando las dificultades del amor, de la distancia y del dolor por no poder encontrarnos a quien deseamos inútilmente.

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Ciudad




Un llanto

un llanto de mujer

interminable,

sosegado,

casi tranquilo.

En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.

Primero un ruido de cerradura,

después unos pies que vacilan

y luego, de pronto, el llanto.

Suspiros intermitentes

como caídos de un agua interior,

densa,

imperiosa,

inagotable,

como esclusa que acumula y libera sus aguas

o como hélice secreta

que detiene y reanuda su trabajo

trasegando el blanco tiempo de la noche.

Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,

hasta los solares donde se amontonan las basuras,

bajo las cúpulas de los hospitales,

sobre las terrazas del verano,

en las discretas celdas de la prostitución,

en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,

con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,

en las medallas que reposan en joyeros de teca,

un llanto de mujer que ha llorado largamente

en el cuarto vecino,

por todos los que cavan su tumba en el sueño,

por los que vigilan la mina del tiempo,

por mí que lo escucho

sin conocer otra cosa

que su frágil rodar por la intemperie

persiguiendo las calladas arenas del alba.


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O quizá en el hangar abandonado en la selva





A donde arrimaban los hidroaviones para dejar el correo.


Hay allí un cierto sosiego, un gótico recogimiento


bajo la estructura de vigas metálicas


invadidas por el óxido


y teñidas por un polen color naranja.


Afuera, el lento desorden de la selva,


su espeso aliento recorrido


de pronto por la gritería de los monos


y las bandadas de aves grasientas y rijosas.


Adentro, un aire suave poblado de líquenes


listado por el tañido de las láminas.


También allí la soledad necesaria,


el indispensable desamparo, el acre albedrío.


Otros lugares habría y muy diversas circunstancias;


pero al cabo es en nosotros


donde sucede el encuentro


y de nada sirve prepararlo ni esperarlo.


La muerte bienvenida nos exime de toda vana sorpresa.

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Tres imágenes




I


La noche del cuartel fría y señera


vigila a sus hijos prodigiosos.


La arena de los patios se arremolina


y desaparece en el fondo del cielo.


En su pieza el Capitán reza las oraciones


y olvida sus antiguas culpas,


mientras su perro orina


contra la tensa piel de los tambores.


En la sala de armas una golondrina vigila


insomne las aceitadas bayonetas.


Los viejos húsares resucitan para combatir


a la dorada langosta del día.


Una lluvia bienhechora refresca el rostro


del aterido centinela y hace su ronda.


El caracol de la guerra prosigue su arrullo


interminable.



II


Esta pieza de hotel donde ha dormido un


asesino, esta familia de acróbatas con una nube


azul en las pupilas,


este delicado aparato que fabrica gardenias,


esta oscura mariposa de torpe vuelo,


este rebaño de alces,


han viajado juntos mucho tiempo


y jamás han sido amigos.


Tal vez formen en el cortejo de un sueño


inconfesable


o sirvan para conjurar sobre mí


la tersa paz que deslíe los muertos.



III


Una gran flauta de piedra


señala el lugar de los sacrificios.


Entre dos mares tranquilos


una vasta y tierna vegetación de dioses


protege tu voz imponderable


que rompe cristales,


invade los estadios abandonados


y siembra la playa de eucaliptos.


Del polvo que levantan tus ejércitos


nacerá un ebrio planeta coronado de ortigas.





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