El Arte del Decir (163)
En el maremágnum diario de nuestra charlatanería, en las frases dichas sin ninguna reflexión, en los exabruptos que nos surgen cuando fallan las palabras, existe siempre un exceso, una meseta de satisfacción inconsciente donde vamos a parar cada vez que la lengua nos gobierna de una manera excesiva, procaz, obscena. Así es que se han inventado desde consejos hasta recriminaciones, pero creo que hay un remedio que no es infalible, pero sí necesario y es escribir. Digo aquí escribir y no agrego ni poemas, ni diarios, ni viñetas, ni descripciones, ni cuentos, ni proclamas. Lo que importa es hacer el esfuerzo de transferir ese exceso al papel para toparnos con lo imposible, puesto que en esta operación daremos con aquello que no puede ser transcripto, con lo que se escapa de nuestra lengua, con lo que la escritura bordea eternamente sin poder asirlo jamás. Un ejercicio de escritura siempre es beneficioso porque nos damos cuenta de aquello que falta, esa carencia que constituye nuestras vidas y a la que bordeamos incesantemente sin darnos cuenta, pero que toda escritura revela de manera eficaz y consoladora. Ya que si nunca alcanzaremos lo que nos proponíamos escribir entonces la escritura como actividad infinita, siempre se repetirá sin alcanzar su objetivo. Cada nuevo poema surge de esa dificultad y cada nuevo poema es a la vez, un fracaso. Pero por otra parte, está tambien, cuando nos agotamos, el silencio, el callar, no porque no tengamos nada que decir, sino porque hemos comprobado también que esos intervalos del habla, algo habita en ella y aunque no podamos definirlo completamente, nos conforta y nos mantiene en la existencia, unico modo de proseguir hasta el fin, nuestra tarea de escribir sin esperanza pero con una satisfacción que no se consigue de otro modo.
Iván Štrpka (1944) es un poeta nacido en Holovec, Eslovaquia. Tambien es un escritor de letras de canciones para la banda de Dezo Urziny una de las formaciones de rock mas populares de su país. Ha escrito numerosos libros aunque solo tiene una antología, Mantengan el pánico, en castellano, editado en el 2018 por la editorial mejicana Argonáutica. Su escritura es descarnada y despojada de adjetivos inútiles pero transmite una rara sensación de inestabilidad existencial y una necesidad de ser amado mas allá de las imágenes tal como se percibe en el segundo de los poemas que hoy presentamos.
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Mantengan el pánico
«Morir es solo no ser visto», sostiene
el eterno alcohólico local, guardián del Jardín cubierto de maleza.
El tiempo aquí, en lugares lúgubres, carece de tiempo.
Ahora está nublado, pero quieto. Nadie
duerme. Bajo mis ventanas rechina el antediluviano
tranvía amarillo núm. 25. «Pax tecum», el mensajero veloz
de todos los lugares ocupados y desocupados.
Todo sucede. Y espero que yo también. Parece
que el tiempo dura y la miseria se acumula. Encuentro
muchas huellas vivas. Desde el teclado me trepa
una pequeña hormiga terriblemente movediza –
casi invisible. Y en cualquier momento puede
desaparecer o explotar.
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¡Ámame y muérdeme!
En una fotografía desenfocada y borrosa estamos sentados
uno junto al otro, sin movimiento y sin expresión. Durante todo el invierno
miramos al frente como en el cine, cuando la película
bruscamente para por un instante. Tus piernas son largas,
tu falda corta. En una pequeña ventana redonda detrás,
como en el angosto sollado, nada sucede y nada hay.
Todos los días y noches de este invierno deslucido
respiramos sin mediar palabras. Sin luz.
Y la lámpara, en ninguna parte.
Y nada se mueve. Nada cambia.
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La bandera invisible / niños en fuga
Los nudos de las agujetas están desatados. Los niños están en fuga.
Sus ojos azorados iluminan los fragmentos del mundo en la premura de la gente,
los cuales emergen de vez en cuando y resplandecen en las fisuras
entre los días que fluyen de prisa. Todos son
como uno mismo, la ciudad silba su adelante. La máquina teje llanamente,
no se detiene. Nadie nos busca. Somos náufragos aquí.
Los nudos de las agujetas están desatados –
muelles de piedras – ¡terminaremos con ustedes! La ola
se está levantando. Y el aire chapotea. Tras cada paso arrastramos
la nave ebria.
(Traducciones de Lucía Duero)

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