El Arte del Decir (163) En el maremágnum diario de nuestra charlatanería, en las frases dichas sin ninguna reflexión, en los exabruptos que nos surgen cuando fallan las palabras, existe siempre un exceso, una meseta de satisfacción inconsciente donde vamos a parar cada vez que la lengua nos gobierna de una manera excesiva, procaz, obscena. Así es que se han inventado desde consejos hasta recriminaciones, pero creo que hay un remedio que no es infalible, pero sí necesario y es escribir. Digo aquí escribir y no agrego ni poemas, ni diarios, ni viñetas, ni descripciones, ni cuentos, ni proclamas. Lo que importa es hacer el esfuerzo de transferir ese exceso al papel para toparnos con lo imposible, puesto que en esta operación daremos con aquello que no puede ser transcripto, con lo que se escapa de nuestra lengua, con lo que la escritura bordea eternamente sin poder asirlo jamás. Un ejercicio de escritura siempre es beneficioso porque nos damos cuenta de aquello que falta, esa carenci...