El Arte del Decir (159)
La critica de poesía suele oscilar entre posiciones claramente contradictorias: aquellos que desarman los poemas como si fueran motores o licuadoras y analizándolos exhaustivamente, procuran vislumbrar los sentidos últimos que el poeta habría querido cuajar en ese escrito, pero al mismo tiempo, su fraccionamiento inevitable hace desaparecer todo sentido de la belleza. Y luego están los criticos "biografistas", lo que pretenden encontrar en cada coma, en cada exclamación, en cada partícula de un texto literario, una huella de la vida (poco destacable, generalmente) del admirado poeta, atravesando así el texto con una curiosidad hipocondríaca, detestable, infame que hacen pensar al lector que un poema no es tal sino expresa una verdad desconocida (por el mismo escritor) de la vida de ese pobre poeta que ha escrito. Las dos empresas me parecen igualmente vanas. Siempre he admirado un crítico llamado Jaime Rest, quien en su vida se dedicó a presentarnos escritores- generalmente anglosajones - con una modestia personal enorme, en escritos altamente útiles donde desplegaba su saber (que era vasto y discreto) sobre la vida de los escritores, su ambiente, sus influencias, su devenir y sus logros y fracasos, pero hablando poco de sus obras y, cuando lo hacía, con un respeto enorme por sus recónditos sentidos, sin intentar develarlos ni referirlos a algun episodio de la vida del poeta. Ese devenir cuasi impersonal del crítico que se limitaba a abrir para nosotros una obra desconocida y decirnos, "toma y lee", siempre me resultó admirable y dificil de imitar.
Gottfried Benn (1886-1956), fue un poeta alemán dotado de un expresionismo oscuro y profundo como sólo los alemanes de principios del siglo XX pudieron construir en diversas artes, entre ellas el cine. Sin duda influido por Nietszche, los poemas de Benn se explican por su producción, ya que los artistas se encuentran ahora en un mundo de soledad, sin dioses y sin el apoyo de la antigua inspiración divina. Incluso el yo personal debe ser abolido para permitir al poeta el acceso a visiones del Ser, mas allá de las barreras personales. Es conmovedor el homenaje a Nietszche en el segundo de los poemas aquí consignados.
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Escarcha
Algo de la densa niebla
se reveló y creció
como blanca sombra en la noche
abrazando abetos, árboles y hayas.
Resplandeció como lo suave
blanco que de las nubes cayó
y en silencio liberó en pálida
belleza un oscuro mundo.
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Turín
"Camino con las suelas rotas",
escribía ese gran genio mundial
en su última carta... Después lleváronle
a Jena... Psiquiatría.
No se puede ningún libro comprar,
los lee sentado en las bibliotecas...
Apuntes, correr por los fiambres...
esos eran los días de Turín.
Mientras la noble podredumbre de Europa
de Pau, de Bayreuth y de Epson mamaba,
él abrazaba dos caballos de una carroza
hasta que el hostelero a la casa lo arrastró.
(Versiones de José Manuel Recillas)
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Venid
Venid y conversemos,
quien habla no está muerto,
mas se agitan ya llamas
junto a nuestra penuria.
Venid, "azul" digamos;
venid, digamos "rojo",
oímos, escuchamos, miramos,
quien habla no está muerto.
Tú solo en tu desierto,
en el espanto de tu Gobi -
te vuelves solitario, sin un busto,
sin nadie a quien hablar y sin mujeres,
y cerca del rompiente
tú conoces la barca,
débil y vacilante; -
venid, moved los labios,
quien habla no está muerto.
(Versión de Eustaquio Barjau)

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