El Arte del Decir (147)
Cuando Giacomo Leopardi compuso su poema El Infinito y escribió sin vacilar estos versos admirables "Mirando a lo lejos los espacios ilimitados, los sobrehumanos silencios y su profunda quietud, me encuentro con mis pensamientos, y mi corazón no se asusta" no podía saber que esa inquietud por un misterio fundamental, que aquí llama el infinito, iba era materia corriente en la mayoría de los poetas, no sólo en los románticos a cuya clasificación pertenecia. En efecto, la vastedad, los espacios ilimitados, lo asombroso del espacio, han atravesada la obra de numerosos poetas y en algunos casos han destruido sus vidas. Es que ahí el humano se asoma a una dimensión que no es la suya, donde moran los dioses y seguramente, también los demonios. Me parece que el intento de esta trascendencia, no es condenable, por supuesto, pero hay que advertir acerca de su engañosa atracción. Si nos inclinamos hacia lo infinito es, muchas veces, para no advertir la presencia de la finitud en nuestras existencias y para fundar nuestra certeza en una convicción intima. A eso suele llamarse la fe, pero quiero hacer notar que los escritores que no participan de ella, tienen sin embargo, también otra de carácter no muy diverso. La creencia en que la lengua dice algo, transmite un mensaje y que manipularla, aunque sea con vasta cortesía como hacen los escritores, siempre nos invita a un mas allá de ella misma donde estarían las existencias reales. Como Leopardi, no nos asustamos de esa invitación, pero en vez de confiar en los pensamientos, escribimos otro poema, como para que algo se interponga entre nuestas pequeñas vidas y esa innombrable inmensidad.
Herta Muller (1953) Nacio en Niţchidorf, Banat, Rumanía. Tiene numerososo libros publicados y actualmente vive en Alemania. En el 2009 recibió el Premio Nobel de Literatura. Sus poemas son siempre sorprendentes, con una sintaxis que parece caprichosa y unos destellos de significación que enceguecen. En uno de sus ultimos libros ha creado poemas-collages como el último de los que publicamos aquí.
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«Madre se convirtió en una ortiga…»
Madre se convirtió en una ortiga
Padre se convirtió en un álamo
en lugar de esto me dijo uno
durante la cena
todo amor se nos convierte en lampazo
yo sé en lo que él se convirtió
y cómo yo me empaqueto
pero me gustaría ser la espuma
en la boquilla del clarinete
el penumbroso dinero de los ladrones
o el flaco ladrido de los perros
contra la marca de las costillas de una chaqueta.
(traduccion de Jose Luis Reina Palazón)
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Mamá dijo
la luna se exhibe
en una jaula
verde. Lloverá
pero no aquí. Papá
dijo la guerra también
estuvo en otra parte.
Pero somos los caídos.
Mamá responde
no has muerto.
Nunca me habría
casado contigo.
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Mamá es mamá. Su
profesión soy yo. Papá es
camionero, ¿era su profesión?
Entendía que alimenta
su borrachera. Nuestra casa cuelga
del pellejo en la hierba, además
del pellejo en la nieve
pero quién cambia eso.
(traduccion de Nicolás Lopez Perez)
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La ciudad del puerto tiene la barriga de agua espumosa
el cielo de carne de sandía el camino rural
para el apartadero una garita de señales y ninguna vía paralela
una boca llena de viento una joroba maíz
apretado muy espetado verde
le pregunté por qué precisamente tú
tienes que marcharte con esas gaviotas de tiza y le miré
de lado mientras hacía las maletas
(traduccion de Jose Luis Reina Palazón)

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