El Arte del Decir (144)
Hablar, callar. Entre esos dos momentos fecundos se encuentra cualquier creación poética. Hay quienes han ponderado el silencio entre las estrofas y quienes, por el contrario, buscan cubrir con la mayor cantidad de palabras los silencios, inevitables, de un poema. Creo que ambos momentos son indispensables. Porque ¿como descasaríamos de la palabra sino fuera gracias a su ausencia? Y, a la vez, ¿como notaríamos el poder de unos términos si no acudieramos a su presencia disruptiva? En el gesto de colocar palabras advertimos una voluntad decisiva en el poeta, y en el movimiento (quizás mayor) de silenciarse, notamos su desaparición, indispensable para que un poema, como un brote, viva, crezca y se desarrolle lozano, con feliz independencia de la existencia, insustituible, de su autor.
Yosano Akiko (1878-1942) Una de las voces mas sensuales y profundas de la poesia femenina japonesa, contribuyó a gestar un mundo nuevo bajo formas a veces, clásicas. Nacida bajo el nombre de Ho Sho, en Sakai, produjo numerosas obras entre ellas Mideragami ( Cabellera enmarañada,1901) celebrada por su elogio franco del cuerpo femenino y de su goce utilizando la figura tradicional del tanka, de la cual presentamos tres de ellos. Pero también elaboró una poesía de cuestionamiento politico, muy fina pero contundente, como el segundo de los poemas que se encuentran en esta selección.
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MIS CANCIONES
Porque mis canciones son breves
la gente cree que atesoré palabras.
Nada he ahorrado en mis canciones.
No hay nada que pueda agregar.
Distinta de un pez, mi alma se desliza sin agallas.
Yo canto sobre un suspiro.
(trad. de Alberto Girri)
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NO HAS DE MORIR
Ay, hermano, lloro por ti,
no te mueras.
Tú que naciste el menor de la familia,
el cariño de tus padres superaba todo, mas
¿acaso ellos te han educado para matar
haciéndote empuñar una espada?
¿Te han criado hasta los veinticuatro años
para que mueras después de matar a la gente?
│
Eres el dueño de una tienda tradicional
de un comerciante de la ciudad de Sakai.
Eres el heredero del nombre de tu padre.
No te mueras.
¿Qué te importa si el Castillo de Puerto Arturo
cae o no cae?
Sólo conoces las costumbres de una familia
de mercaderes.
No te mueras.
El Emperador nunca aparecerá en el campo
de batalla.
“Que mueran como bestias,
que derramen mutuamente sangre humana,
que es el honor del hombre el morir”.
¿Pensará así el Emperador?
No creo, pues tiene una benevolencia profunda.
Ay, hermano,
no te mueras en el campo de batalla.
A tu madre que había perdido al esposo
le han quitado a su hijo
en medio del llanto sin misericordia
el otoño pasado.
Ella mantiene a su familia y
mientras se habla de la paz nacional
aumentan las canas de su cabello.
¿Acaso te has olvidado
de tu mujer joven y frágil
que a la sombra de la cortina
llora inclinada,
con quien no has vivido ni diez meses?
Piensa en el dolor de la joven.
Ay, ¿en quién podría ella apoyarse
sino en ti, el único en este mundo para ella.
Tú no te mueras.
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TRES TANKAS
Apretándome los pechos
abro con el pie
la cortina del misterio.
Esa flor,
¡qué roja y qué oscura!
El agua pura de mis pechos
se derrama
y se vuelve barro.
Tú eres hijo del pecado.
Yo soy hija del pecado.
Bajo la piel suave
un torrente de sangre ardiente
que intentas ni rozar.
¿No te sientes solo
hablando de moral?
(Traducción de José María Bermejo y Teresa Herrero )

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