El Arte del Decir (146)




Si la poesía solo fuera desgarramiento, desolación, y tristeza, mas valdría no escribirla. Pero desde el momento en que se ponen esos sentimientos  - y también la alegría, la diversión, la plenitud - en un poema algo sucede con ellos. Se atenúan, se dispersan, en casos excepcionales incluso desaparecen. Las vidas de los poetas muestran esos efectos de su escritura sobre sus estados de ánimo, sus pesadumbres, sus esperanzas. Esta función que no dudaremos en llamar terapeutica, no es banal. No dice nada sobre la calidad de la escritura, pero mucho sobre su función en las vidas de quienes la practican. Sostenerse en las palabras que, escritas, se alejan de nosotros para dirigirse a un oyente indefinido, es una tarea digna de elogio. Al menos nos hace mantener la posición de seres hablantes y quien habla no está muerto como titulo unos de sus tantos bellos e inteligentes poemas Alberto Girri.

Jan Skácel  (1922- 1989) Nació en la aldea de Vnorovy, en la Republica Checa. Su primer libro fue publicado en 1957. Con la invasion rusa, en 1969 su poesía pasó a ser considerada no grata para el régimen comunista y sólo se difundía clandestinamente. Recibió los premios Petrarca en Italia y Vilenica en Eslovenia. Sólo después de 1981, sus libros volvieron a aparecer en las librerías checas. Su poesía es aparentemente sencilla pero tiene una profundidad asombrosa a la segunda lectura. La naturaleza, el silencio, a veces la tristeza son los temas que lo recorren. "Quisiera saber callar de tan bella manera como las piedras", respondio a una de las 33 preguntas de un cuestionario radiofónico que se transmitía en la Radio Checoslovaca en los años 60.

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El camino a casa





 Es tan fácil encontrar el camino a casa…


Cerca del arroyo,

donde una pluma flota,

pasar sobre la cerca,

tomar el atajo de la era,

detenerse en el puente,

sobre la rugiente presa

buscar para la espuma la palabra adecuada

arrojarla de nuevo

y andar, 

andar, 

hacerse un bastón en el camino,

contar las estrellas,

perderse en el bosque,

empujar la oscuridad

como un carro de heno

y oír como el eje que guía 

el lamento en sueños de los pájaros.



Es tan fácil encontrar el camino a casa…

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La Mañana



Por las mañanas, los contenedores están llenos de sueños inacabados
Humeantes como las turberas
Que se consumen, durante los veranos secos, en los alrededores de los pueblos blancos
 Llegan los basureros
El rechinar de los cubos metálicos despierta a los pájaros
Sí, esos tienen el deber de cantar
 Y de entre los restos, el Ave Fénix renace
Y pone en la calle
Los relojes matutinos, redondeados como huevos
 Y un hombre, con los ojos soñolientos, marcha tras el camión
Decidido a unirse para siempre a los harapientos, con los que nunca estuvo,
Dispuesto a enraizar
En los rigurosamente descuidados vertederos de la eternidad

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La guerra



Llueve. Mi ropa está empapada
No así mi corazón. Cantan los soldados
Y cargan sus armas como básculas
Como las mujeres los pechos magros por el hambre

Con pequeñas puntadas la lluvia cose
El lienzo de la camisa contra el cuerpo desnudo
Las gotas salpican en el lago
Y yo no puedo creer esas palabras






(Traducciones de Teresa Amy)




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