El Arte de Decir (129)
Debajo de cualquier escrito se desliza, aparentemente insustancial, un objeto o algo que convenimos en llamar de esa manera, para indicar su naturaleza real. Es lo que habitualmente se designa como aquello de lo cual los poemas hablan, pero no es lo evidente. Quiero decir que si hay un poema cuya temática parece ser histórica, esto es aparente, porque ese objeto inasible, esa fuente imperecedera, ese nodulo subterráneo es lo que causa el poema y quizás no se refiere a lo mas explicito de un poema, sino a su nucleo secreto, que inevitablemente, alude a la satisfacción del poeta. Aunque las estrofas canten las desdichas de la vida, una y otra vez, algo en el poeta goza con ese canto ruinoso. Por debajo de los escombros de la vida que se van erigiendo en el poema, late imprevista una fuente de satisfacción que es lo que mantiene al escritor de pie y empeñado en bordear ese objeto aparentemente misterioso. ¿Y si un poema es alegre? ¿Si en sus decires hay una satisfacción explícita? Quizás allí es donde, sin saberlo, algo de las palabras elegidas dicen bien de ese objeto latente y por ello el placer se hace explícito y la alegría se difunde con muy poca pérdida.
Sun Axelsson (1935- 2011) Fue una poeta sueca, nacida en Gotemburgo que se graduó de profesora y periodista en la Universidad de Estocolmo. En 1959 debutó con su poemario Sin Meta al cual se agregaron en años posteriores, numerosos libros de poesía y tambiene novela. Ha traducido gran cantidad de escritores de lengua castellana (como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Enrique Lihn), inglesa, francesa y griega. Sus novelas recibieron gran cantidad de premios. Su escritura es precisa, directa e inquietante con frecuentes referencias a la naturaleza. Su ironía tambien es poderosa, como lo manifiesta el segundo de los poemas que publicamos.
El sueño de Linneo
«De mi bolsillo surgió inesperadamente una planta
Pidió agua.
Eucalipto, dijo presentándose
con un discreto vientecillo.
Que haces tú en mi bolsillo, pregunté yo.
Añoro el mar, dijo la planta
y creció un poco más.
Eres tú acaso el mar, preguntó.
Acaso sea el mar
pero soy sobre todo
tu añoranza.»
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La blasfemia
Y el Señor dijo:
Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas y a Él solo adorarás.
Y luego se dividió en miles de millones
de pequeños dioses.
Desapareció riendo con todas esas piernas
y dejó al hombre erigir dioses pequeños
y derrocarlos
adorar a los malos y a los buenos
mientras el Señor vestía el oro de harapos
y los harapos de oro
mientras las víctimas y los verdugos
se intercambiaban las ropas
en los hediondos laberintos de los urinarios.
Y lo peor fue para las mujeres.
Todos esos dioses a los que adorar y servir.
Todos esos pequeños dioses a los que educar y forjar.
Con la ira de la impotencia y la venganza
escondiendo espadas y jabalinas
en leñeras y despensas y bajo los colchones de los niños
revólveres invisibles
en los depósitos de armas del corazón y de la mente.
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Elegía
Oscilas en una tempestad en el horizonte
tras el impenetrable telón de lluvia
No puedes venir aquí pero me indicas
que vaya Y yo tampoco
puedo llegar a ti La puerta está cerrada y perdida la llave
La lluvia no acaba nunca Me miras
como si estuviéramos muy cerca Gritas entonces
No te oigo Espera pronto despejará
y el sol tenderá su alfombra Vendrás entonces
eternamente amado Tal vez yo no pueda
atravesar el muro reventarlo alcanzarte
Tal vez por eso esperas
que deje de llover Esperas cual la noche
a la aurora cuando todo habrá de ser distinto
Y la tormenta contiene su aliento y las estrellas
las únicas que aún invisibles caen
Sí entonces llegas tú abres la puerta me levantas
y vamos juntos atravesando el tiempo
(traducciones de Francisco Uriz)

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