El Arte del Decir (133)
¿Que pensar de la popularidad de los poetas, si tal cosa existiera? Porque lo que vemos hoy es que mas que popularizarse una poesía, un verso, una estrofa, se populariza la vida del escritor y sus excentricidades. El caso de Jorge Luis Borges es prototípico en nuestro país ya que la mayoría de la gente que declama frases sueltas del genial escritor, es incapaz de leer Tlon, Uqbar, Orbis, Tertius, En memoria de Paulina, o un poema tan hermoso y conciso como Las Cosas. El ejemplo vale lo que vale, pero creo que nos equivocamos cuando creemos que la capacidad de alcanzar la belleza es homologa a la virtud de decir cosas inteligentes. No son equivalentes y hay escritores a lo que es posible admirar por su obra y odiar por su cosmovisión o su posición politica y viceversa. Tampoco tener buenas intenciones alcanza para escribir un buen verso. Pero para no apartarnos de la cuestión diré que aun cuando el nombre propio de un autor puede ser metaforizado para convertirse en una etiqueta, eso no permite confundir su acción con su persona ya que una obra va más allá de las singularidades de una vida aun cuando este causada, secretamente, por ellas.
Paula Meehan (1955) es una poeta y dramaturga irlandesa ganadora de los premios Marten Toonder Award for Literature, The Butler Literary Award for Poetry, el Denis Memorial Award o el PPI Award for Radio Drama. Ha escrito cinco libros de poesía. Su poesia es delicada y poderosa, con un toque de misterio y una forma muy singular de abordar las experiencias humanas tal como se precisa en el ultimo de los poemas publicados.
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Laburno (1)
Entras en un cuarto cualquiera
una tarde cualquiera, digamos
a mediados de mayo, cuando el laburno
cuelga de las barandas en la plaza
y el reloj de las ocho arrulla a la ciudad,
el tráfico es escaso, el aire más fresco.
Piensas que tal vez alguien
te espera, aunque ahora vives
sola. No has contestado ninguna
de tus llamadas. Las cartas se amontonan
en el rincón. La idea persiste
de que alguien espera mientras
das vuelta al picaporte y de golpe
prendes la luz. Gradualmene
la oscuridad se filtra en el cuarto, dejas
la noche afuera, hojeas algunos libros.
hace días que no comes.
Las plantas se te mueren; hasta el cactus,
encogido como un viejo escroto,
ha exhalado su último suspiro. Hay
un resto de vino en la garrafa
que compraste ¿cuándo? ¿El día
anterior? ¿El día anterior a ése?
Es la única manera
de escapar. Los sudores fríos
comienzan. Te tomas unos tragos.
ya no te queda ropa limpia.
Él se ha ido. Dilo.
Dítelo a ti misma, a la habitación.
Dilo bien fuerte para que lo creas.
Vivirás de aliento
en aliento. Te azotará el latido
de tu propio corazón. Esperarás
en vano, porque se ha ido de ti.
Y cada noche es un largo
deslizarse hacia la madrugada
en que despiertas, aterrada en tu cuarto de siempre
una mañana como siempre, digamos
a mediados de mayo, tiempo de laburno.
(1. Planta leguminosa de hojas trifoliadas y flores en racimos terminales)
( Traduccion de Marina Fe)
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Mala hada
La noche de su bautismo:
La música tronaba, los coches y las furgonetas rugían,
sonaban las sirenas, los cláxones y la música
toda la noche. Nadie podía conciliar el sueño.
Apuñalaron a uno y se rompió una ventana,
rayaron un coche con una llave. A un chico
le reventaron en la cara una botella
y hubo alguien que vomitó en el jardín.
Ahora que paso por su puerta pienso en ello,
habrá cumplido ya los nueve años y su cara será una tímida luna
tras el temblor de la persiana.
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Mi abuela Hannah
Para Hannah McCabe
Día más frío, aunque de noviembre;
cerca de mi oreja, su voz:
Tú a los curas no les digas nada.
¿Tenía yo doce años? ¿Trece?
Tienen la mente sucia.
Guárdate tus pecados para ti.
No vaya a ser que se emocionen.
Malditos viejos desgraciados.
Tan cerca como si fuese a ver los pájaros y las abejas
de rodillas frente a la Madonna,
Nuestra Señora de los Hechos de la Vida,
junto al confesionario-
la puerta de roble cerrándose como la tapa de un ataúd
de madera tratada con esmero,
encerada y pulida.
En la caja bien tallada que es este poema
su voz muere.
Ella cierra los ojos
y baja el ceño hacia sus manos entrelazadas.
Reza con fuerza:
de mujer a mujer.
(Traducciones de Alejandro V. Bellido)

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