El Arte del Decir (132)
Se precisa en nuestro tiempo una crítica profunda de lo útil, toda vez que esa categoría de analisis termina por convertir a las sociedades en maquinas de administración de una vida que se reduce a lo que proporciona algún placer inmediato. Con esto la función de la poesía se vuelve irrisoria, toda vez que ella no tiene finalidades expresas, como no ser enfrentar al humano con el misterio de su lengua, evocar experiencias y pasiones profundas, sostener al sujeto en su lucha constante con el mundo, que a veces, tiende a hacerlo desaparecer. Nada de esto es útil, en el sentido plano que se tiende a concebir la categoría. Es creíble que una sociedad pueda permanecer sin poetas ni escritores, pero lo que sobreviva no será jamás algo que dignifique a los sujetos femeninos y masculinos que vagan por el mundo buscando una voz que los consuele, los conforte, los alegre o los entusiasme. La poesía es esa voz que se pluraliza en innumeros poetas y que al mismo tiempo, cuando la leemos con confianza, nos hace encontrar sentencias que nos parecen escritas exclusivamente para nosostros. Por esa ilusión inútil y muchas otras, la poesía tiene que sobrevivir en nuestro tiempo.
Manuel J. Castilla (1918-1980) fue un poeta, escritor, letrista y periodista salteño, uno de los fundadores del movimiento La Carpa que durante los años '40 aglutino a varios escritores y poetas del norte argentino. Escribió la letra de numerosas canciones folklóricas junto a su entrañable amigo el Cuchi Leguizamón, que hoy se han convertido en clásicas. Su fuerza lírica, aun cuando estuviera ligada fuertemente al paisaje y la gente norteñas, se expande mas allá de un mero regionalismo para convertir en puro lenguaje poetico muchas notas claramente argentinas.
EL GOZANTE
Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.
................................................................................................................................................................
LA CASA
a María Angélica de la Paz Lezcano y a Juan Antonio Medel
Ese que va por esa casa muerta
y que en la noche por la galería
recuerda aquella tarde en que llovía
mientras empuja la pesada puerta,
ese que ve por la ventana abierta
llegar en gris como hace mucho el día
y que no ve que su melancolía
hace la casa mucho más desierta,
ese que amanecido, con el vino,
se arrima alucinado al mandarino
y con su corazón lo va tanteando,
ese ya no es, aunque parezca cierto,
es un Manuel Castilla que se ha muerto
y en esa casa está resucitando.
...........................................................................................................................................................
ESTA TIERRA ES HERMOSA
Esta tierra es hermosa.
Crece sobre mis ojos como una abierta claridad asombrada.
La nombro con las cosas que voy amando y que me duelen:
montañas pensativas, lunas que se alzan sobre el chaco
como una boca de horno de pan recién prendido,
yuchanes de leyenda
en donde duermen indios y ríos esplendentes,
gauchos envueltos en una gruesa cáscara de silencio
y bejucos volcando su azulina inocencia.
Todo eso quiero.
Y hablo de contrapuntos encrespados
y de lo que ellos paran virilmente sangrientos
cuando el vino en la muerte es un adiós morado.
Esta tierra es hermosa.
Déjenme que la alabe desbordado,
que la vaya cavando
de canto en canto turbio
y en semilla y semilla demorado.
Ocurre que me pasa que la pienso despacio
y que empieza a dolerme casi como un recuerdo,
y sin embargo triste la festejo.
Mato los colibríes que la elogian
como quien apagara los pétalos del aire,
hondeo como un niño ángeles y campanas
y cuando así, dolido, la desnudo.
cuando así la lastimo,
me crece, ay, una lágrima en la que apenas si me reconozco.
Digo que me la entrego.
Digo que si saber la voy amando,
y digo que me vaya perdonando
y en el perdón y en otro que le pido
digo que alegremente voy sangrando.

Comentarios
Publicar un comentario