El Arte del Decir (127)


Durante tus años juveniles, al comienzo, escribías poesía basandote en los clásicos españoles, lo que te otorgó un ejercicio del verso rimado y también cuantificado en sílabas. Así parodiabas a autores ilustres con sonetos, silvas, coplas de pie quebrado, romances. Unos años despúes descubriste autores extranjeros cuyas traducciones, por lo general, no rimaban, así que te liberaste de lo que pensabas era un corsé para tu talento, pero al poco de escribir descubriste algo que los griegos y latinos ya sabían muy bien: ritmar un poema puede lograrse mediante el recurso no de rimar, sino de utilizar el numero de sílabas para componer una estrofa. También abrevaste en el verso libre, como una forma, creías, de liberarte de las influencias, aunque cada esfuerzo de desprenderte de ellas parecía encadenarte todavía más. Al final descubriste una vocecita que era tuya ya que se componía de fragmentos de muchas voces, pero entremezcladas de manera precisa. Tu yo era un conjunto de identificaciones y de esta forma supiste que esa voz no venía de ahí, sino de un lugar al que llamaremos, por comodidad, tu ser. Cuando te apropiaste de esa voz, ya no importaron ni las rimas, ni la métrica, ni las influencias, ni los parecidos. Ya no importaba la forma (que podía ser cualquiera) sino esa presencia delicada de una voz que no hablaba, pero que impregnaba todos tus decires. Esa voz que vino de un Otro, pero que ahora podías reivindicar como decididamente tuya.


Brigidina Gentile, escritora italiana se ha licenciado con una tesis sobre Literatura Hispanoamericana. Escribe novelas, cuentos, poemas, y con sus creaciones ha ganado algunos premios también. Entre otros  recordarmos el primer y segundo premio de poesía “Hypatia” (2011) / New York Book Festival (2018), y el primer premio de ficción “Mimosa” (2015). En sus escritos, no exentos de un humor con un tinte levemente trágico, se extiende la una convicción femenina, la de que es posible cantarlo todo, muy bien desarrollada, particularmente en el primero de estos poemas.

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 Noviembre

Cada vez que ya no puedo sacarme el puchero de la boca
y la niebla de los ojos;
cada vez que un noviembre húmedo cae en mi alma,
aquí llega el momento de tomar el mar.
Orson Welles

 

Noviembre tiene guardadas tardes interminables llenas de lluvia

y niebla que me envuelve como velo de novia

era joven cuando dije Sí

no sabía entonces lo presumido que eran los árboles

en noviembre

ni siquiera conocía, en aquel tiempo, las hombreras con el adhesivo

las tenía ese día como se ve en las fotos descoloridas que guardo.

 

Pero hoy los recuerdos quisiera apartarlos como se hace con la ropa

por eso comencé a cerrarlos

en bolsitas de plástico herméticas

mientras estoy buscando, en vano, mapear los espacios,

aquellos indecisos.

 

El perdón es un vicio que ya no puedo permitirme

grité asomándome a la vieja jardinera oxidada

no sé si alguien me escuchó

si se puso a reír

o a llorar, ¿por qué no?

en la duda me rindo a la espera dejando que

la puesta del sol rompa el mundo en noventa y nueve piezas.

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Efectos secundarios

 

A Alfredo Villanueva

 

Tu tenías una sonrisa polaroid

y esa extraña luz en los ojos,

sin destino ni curación,

destellos de una historia,

la que nunca has contado.

 

Cerrada en la torre almenada de la memoria

sin las luces de las fiestas

¿qué hago ahora con nuestros días de pasamanería

cuando deshilábamos la poesía

en el vino de la alegría?

Y las impresiones con los desnudos

de jóvenes imberbes que coleccionabas

¿dónde las pongo? Ahora…

Aquí está lleno de vidrios y no hay más lugar

ni siquiera por tus miradas rabiosas

de cuando estabas en guerra con el mundo

pero no con las palabras.

 

El día que te cansaste de estar siempre en la guardia

me dijiste que te hubiera enterrado

entre los filosos huesos de la memoria.

Pero no, aún estás aquí,

eres omnipresente.

Sigo escuchando tu voz

Nena…

que me llama

cada vez más débil… más fina

Nena… Nena, ven

Detente un momento. Siéntate a mi lado.

 

Palabra que ve, palabra que toca

de mí tendrás todas las cosas peores, decías

y yo te entendí, gota a gota.

Somos como aceitunas,

solo cuando somos aplastados

expresamos lo mejor de nosotros,

está escrito.

 

Hoy busco una felicidad diferente

y el Infinito, quizás, tendrá piedad de mi

ruidosa soledad.

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 Eva



 

Esta noche

me gustaría freír

una página

de palabras frívolas

sazonadas con frases aromáticas.

En cambio, como de costumbre,

no herviré nada más que

bromas indigestas

al vinagre de manzana, del cual

tengo la despensa llena.


(Traduccion de Brigidina Gentile)





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