El Arte del Decir (125)


Dedicarse a leer a otros autores, argentinos por supuesto, pero también latinoamericanos, norteamericanos, europeos, asíaticos. Leer traducciones con frecuencia, en lo posible precisas (pero sabiendo que no hay seguridad alguna en eso, salvo la fe que depositamos en los traductores), precisando  que lo hacemos para que el contacto con lo que queda de la lengua extranjera en sus traslaciones nos vivifique y nos dé nuevas ideas para sostener nuestra propia lengua, la materna, aquella con la cual nos criamos y que tiene dimensiones multiples y desconocidad todavía para nosotros. Justamente esa ignorancia que habita nuestra inserción en la lengua es lo que nos permite escribir, sin preocuparnos muchos por la originalidad o el detalle exquisito. Pero sobre todo leer, mucho y con gusto, con una posición no ingenua, pero gozando de esos magníficos artificios de la lengua que otros poetas hicieron para nosotros seguramente.


Denise Comenescu, nacida en 1954 en Buzau, Rumania es licenciada en Filología por la Universidad de Bucarest. Es traductora de poesía inglesa y norteamericana, ha recibido numerosos premios y ha sido invitada a numerosos festivales internacionales de poesía. Su escritura es tersa y contundente, con imágenes que develan pasiones interiores profundas pero tamizadas por un lenguaje preciso y conmovedor. La tercera de estas poesías expresa un acercamiento a la propia subjetividad oscuro y demoledor.




El Chiquillo




En el interior del automóvil flotaba la imagen del chiquillo.

Los dos esperábamos

que de un momento a otro se plantara frente a nosotros y empezase la absurda pantomima.

Mirabas con miedo todos los semáforos

sorteabas con cuidado todas las latas de conservas del trayecto

se diría que conjurabas todos aquellos objetos neutros para que no sucediese nada

o maldita sea que sucediese cuanto antes.

Un chiquillo

con una cámara fotográfica colgada del cuello pasó corriendo delante del coche.

De pronto, trozos de fotografías volaron por el espacio interior. Como un hongo sangriento enorme

era la boca del chiquillo las manos encogidas como gorriones muertos y los ojos

grandes y azules multiplicados

se te colaban entre los dedos aferrados al volante se revolcaban por el claxon

se colgaban de los botones de mi vestido... Me encontré de pronto junto a un árbol: te observaba

conduciendo concentrado

sorteando con cuidado las latas de conservas del trayecto

y parecía que el chiquillo estaba en mi lugar junto a ti

y los dos os alejábais tiesas y raras muñecas de cera.

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Miércoles en familia



                                                                                        A mi madre, Elena


Sobre nosotros tres pende una nube muy tenue mi madre tiñe ropa de negro

(y cuenta los nichos en el cementerio)

yo entro a hurtadillas a las dos de la mañana en mi casa

mi madre (que nota en sueños moverse el rabo del gato) suspira

todos los días nos turnamos a velar

junto a la cama del abuelo (en una habitación de hospital en el cuarto piso)

y sentimos angustia al irnos algunas veces oigo música sinfónica en el tocadiscos

y espesas nubes emigran por el firmamento familiar

mis padres se refugian en el balcón pero el teléfono los sigue

como un día de verano tortura al norte

ya el domingo por la mañana mi padre nos comunicó primero

a mi madre y luego a mí

(y desde entonces nos lo dice todos los días) en voz baja y estridente

como los latidos de su corazón

”el miércoles en la filmoteca dan El tulipán negro” ”el miércoles en la filmoteca dan El tulipán negro”… En el cuarto de huéspedes

nos encontramos frente a la televisión y nos tocamos las manos con cuidado como si

sobre nosotros tres pendiera una nube muy

muy tenue

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Fiebre en junio



Metida hasta el cuello decapitada,

pon una hoja de bardana, me dijo la depiladora,

no hace falta intervención quirúrgica se curará

te saldrá una cabeza nueva mucho más duradera y hermosa, he perdido la tierra que piso

la he dejado lejos, atrás,

¿por qué la has perdido?, se oye el eco, ¿existe ese alguien? no, le contesta mi voz

como si hubiese apretado el botón de un radiocasete, no existe ese alguien

es el mar, la muñeca que me decía mamá

con espasmos en la mano temblando como un feto por las mañanas en el lavabo es mi juventud.




(traducciones de Joaquín Garrigós)

 













                                  








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