El Arte del Decir (124)


El jucio de un poeta sobre otro poeta debería ser considerado más a menudo que el de la crítica especializada. Sobre todo, en el caso de poetas que son contemporáneos entre sí. Porque alguna manera, aunque sus estéticas sean distintas ( y estoy tentado de decir que hay tantas concepciones de la poesía como buenos poetas, pero no lo haré para no irritar a las Academias) igualmente comparten algo esencial a todo escritor: un sentido de la época, un modo de percibir al mundo circundante y al mundo interior que revela muchas veces ideas comunes y más que ideas, sentidos oscuros y dificiles de poner en palabras. Los poetas son, siempre, algo (o mucho) discordantes con el ethos cultural presente, no encajan del todo en un termino medio que no sólo no existe, sino que es lo que permite que muchas personas, al identificarse con esa abstracción se sientan menos solos. Y eso quizás sea lo que une de manera secreta a muchos escritores y escritoras contemporáneos, la sensación precisa de sentirse fuera de lugar, como invitados a una cena en la cual ya no hay nadie cuando llegan o bien todos estan tan divertidos que no advierten su presencia. Y este rasgo no es un rasgo para enorgullecerse, pero tampoco para entristecerse por poseerlo. Está allí y los constituye de manera sustancial e inevitable.

Hugo Foguet (1923-1985) Nació en Tucuman y su poesía se constituyó - a mi limitado juicio - en el germen de la poesía moderna en esta provincia. Fue marino mercantey ganó el Premio Bienal Ricardo Jaime Freyre en dos ocasiones y el Bienal Pablo Rojas Paz para narrativa también en dos momentos. Su obra poetica, que a veces, parece menor, frente a su narrativa que posee una obra magna, Preterito Perfecto, publicada en 1982, es indirecta, llena de ironía y buen humor, crítica y exquisitamente bella. 

El último de los poemas que coloco en esta página describe el amor que vendrá de una manera delicada y precisa.




Meditación de Martín Lutero en el W.C
Lectura de N. O. Brown


 

Martín Lutero
sentado en la letrina de la torre del monasterio de Wittemberg
tiene a su costado la noche helada
el aullido del viento
el torvo dolor de sus tripas.
Termina de aplastar una cucaracha en el tabique de madera
donde una mano escribió:
el teléfono de Dios
da siempre ocupado.
Amanece con estrellas.
La escarcha
crujirá bajo las suelas de una compañía de marines
y las orugas de los tanques.
Martín contempla absorto las larvas gordas que se mueven en sus sandalias.
Es tan sólo un momento de distracción.
Dobla The New York Times y continúa la lectura.
La Dow Chemical Company produce lavandina para blanquear la ropa
y napalm para rociar el alma de los niños
mientras sus tecnólogos asisten de pie
sobre el césped recién cortado de Massachusetts
al oficio del domingo confiando en el éxito de la próxima surprise-party.
Los chicos están vacunados contra la polio aclara el comentarista
habrá cheese-hamburguersmooth orange,
Schrapnell ballssilent button bomblets,
smaart bombsspider mine y dragon tooth mine.
Los dragones alados son arrastrados por el viento como si fueran semillas
y los Schrapnells estallan a un metro y medio de la tierra
arrojando ciento cuatro bolitas de acero
detalles que relajan el esfínter de Lutero.
Desocupa su vientre mientras recita una jaculatoria.
La rana que entra y sale del cubo de agua
tiene un trasero gordo como una idea de economista.
Te conozco por el trasero
dice Martín
el ano de Satán es el lugar del mundo
donde la materia se trasmuta
la olla a presión
el ojo de la tormenta que hace subir la tasa de interés
y donde el becerro de oro
se transforma en becerro de oro.
Los banqueros
dice Martín
manipulan el oro
con la misma alegría de los chicos cuando juegan con sus excrementos.
Te adoramos
Te bendecimos
Te damos gracias Abbadón
que colmas de alegría las ciudades
de automóviles las carreteras
de mercaderes las naves de los templos.
¿Quién guardó el oro en sus entrañas para hacernos felices?
Es absurdo oponerle el pobre hombre coronado de espinas
sacamuelas que agita el tónico que hace crecer el pelo de la buena vida cristiana.
(Por supuesto querido Jesús
yo creo en ese otro mundo de la gente sin cuerpo
de las almas sin sexo
de las alegrías eternas y los eternos días felices
pero sucede que mi casa está debajo del elevado
en un callejón donde los borrachos blasfeman y vomitan en la madrugada)
Martín se asoma a la ventanita.
Hay un bosque de pinos  que desciende hasta la playa
donde los gatos lucen muertos lustrosos y bellos
con los ojos abiertos y las finas lenguas asomando entre los dientes.
La arena está sucia de petróleo.
El bosque ha sido talado
pero el afiche de Pan-Am tiene luna llena
las agujas de los pinos calientan los hornos de fundición
y Musidora es una berlina que corre a trescientos kilómetros por hora
mientras los galápagos de los atolones nadan ciegos en la arena.
The New York Times confirma la noticia de la paz inminente.
Martín comienza a sospechar que la felicidad es un estado
del que el hombre no tiene culpa
-por el camino
avanza un desertor de la Guerra de Treinta Años
que sueña con una lata de sopa de tortuga
pero que debe conformarse con el muslo de un ajusticiado.
Te has comido a Dios
le grita Martín
pero no escarbes demasiado;
es mejor sentir hambre que deseos de inmortalidad-
Martín cierra el diario con la convicción de preferir
el scotch al bourbon
el Caribe a Hawai
la margarina a la manteca
el diablo a Dios.
La rana ha elegido la rodilla de Lutero.
Tiene los ojos como duros y fragorosos cristales
y el trasero como un anillo de hierro colado.
El ano de Satán es el ojo del mundo
un círculo de fuego
inviolable como la aureola de un santo
secreto como un jardín árabe
y donde la razón de estado convive con la ciencia y la tecnología.
I love you
dice la muchacha parada debajo del manzano.
I love you
dice el hombre parado debajo del manzano.
En la pantalla del televisor
un automóvil se desliza por la carretera

con un tarro de mostaza sobre el capó.

CRECED Y MULTIPLICAOS

Para abril

la producción de mostaza habrá alcanzado

el millón de frascos.

Martín vuelca el agua del cubo y piensa que el agua es perfecta

como el padre que está en los cielos.

El día de pronto ha estallado dentro de la torre con un aroma a café nuevo

con un brillo de monedas recién acuñadas

con un ruido de trépanos trafiladoras y gusanos electrónicos.

Afuera el cielo es todavía un campo de batalla poblado con los

restos de viejos aviones de combate

carros asirios y melancólicas armaduras que guardan el olor de los

cuerpos.

Ha llegado para Lutero el instante de ofrecer la jornada

junta sus duras manos de campesino

Señor

dice

acepta esta nueva derrota de tu Arcángel

humildemente te lo pedimos

no consientas que sea tentado

líbralo de todo mal

y restitúyele su corcel de guerra

Amén

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Paisaje con figura 



Es un jardín y una casa en medio del jardín

Una casa de ventanas abiertas a la luz del mundo

-al claroscuro de la música del mundo-

como los ojos amados que la habitan

Hay una mano lograda con un toque único de pincel

saludando en la ventana.

Una sonrisa se insinúa en los ojos

y en los labios la mirada se humedece y abrillanta

Como la imagen del espejo

todo está cerca y a la vez distante

Los dedos ensayan una caricia que el cristal rechaza

con otros dedos fríos y simétricos

De este lado del cuadro hay un hombre y una verja

que no fueron pintados

Permanecen en la zona imprecisa de lo dubitable

El hombre es tan sólo un detalle de lo cotidiano

como el rayo del sol en el alféizar

la cinta de plata del caracol en la hoja de hiedra

la tierra de los libros

el adagio de una sonata salzburguesa

o la mano que quita el polvo

mientras los ojos leen la estrofa

el mero verso de Cavafis

el párrafo de Conrad

-agua ciega

pozo de la memoria-

del libro que no habrá tiempo de releer

Y de pronto el horror de los pequeños

huevos color caramelo

de las pequeñas alas chamuscadas

en el Pound comido por las hormigas

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Retrato de una desconocida


Has vuelto a sonreír,

a quitarte el mechón de pelo sobre la frente.

Pero no recuerdo donde estás.

El paisaje 

que flota por encima de tu hombro

me es extraño

y sé que tus ojos

estan viendo cosas que mis ojos,

todavía, no pueden ver.

Dime: cuanto tiempo atrás

me falta recorrer para encontrarte

y caminar juntos

coincidiendo en las mismas calles, 

aulas,

        museos,

                    esquinas,

                                    teatros circulares,

drugstore de la calle 59,

recova de Oxaca,

barcos,

             soledad.





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