El Arte del Decir (121)


Por una razón que desconozco, muchas veces se ha elogiado a la poesia por proferir enunciados absurdos, misteriosos, dificiles de precisar y sobre todo, desprovistos de sentido. Ciertos escritores surrealistas y otros que han experimentado con la sonoridad sin significación alguna, son elogiados como el colmo de la operación lírica y exaltados hasta los cielos arbitrarios del empíreo poetico, sin advertir que el sentido de un poema, esto es no su significación (que puede ser oscura, imprecisa, proferida incompletamente) sino su sentido es imposible de eliminar en un texto. Llamo sentido aquí a la dirección general de un conjunto de enunciados, mas allá de la significación que sería una correspondencia biunívoca de cada palabra o frase con una significado preestablecido. Hay poemas, cuyo significado, como dije, es dificil de precisar, pero no su sentido, es decir hacia donde va un texto escrito con talento y (algunas veces) con genio. Luchar contra el significado puede parecer poético, pero más interesante es desplegar un sentido sin que se note a primera lectura, y que pueda ser advertido en un segundo o tercer recorrido por el lector curioso e inteligente.


Tiziano Broggiato (Vicenza,1953), es un poeta italiano contemporáneo cuya escritura ha merecido el Premio Montale 2002 y el Premio dell’Unione Lettori Italiani 2002. Su poesía es narrativa aunque no desdeña los momentos de vuelta sobre sí misma enlazados de manera muy precisa en cada texto. Además el ultimo poema hace un homenaje estremecedor a un escritor admirado.





La primera casa


 


La hemos visto juntos


a través de las rejillas del portón


sofocada por la hiedra,


mi primera casa: los muros negros


por el musgo y por las plantas muertas


y negros los porticos carcomidos


separados como si un incendio


los hubiera envuelto y después evitado.


Hay zarzas y malezas alta


ahora


en el lugar del jardín de azaleas


y de verbenas que estaban en el frente


también se ha desplomado el cobertizo


en el cual una tarde


hice caer a mi hermana


para verificar su ductilidad


de niña gorda.


Y también he reconocido entre otras cosas


el manzano  blanco donde me encaramaba


a los seis años para convertirme


en el infalible tirador


que desde arriba apuntaba con la cerbatana


a cualquier frecuentador de la corte.


–  Traspasarías  la frontera ? – me pregunta ella


tomándome  por sorpresa. – Hay un aire como


de pena en tu mirada –


No, pienso sin responderle,


no es ese el lugar de paz


que quisiera volver a encontrar.


Porque aquel es un mundo sólo de sombras ahora


de fantasmas afligidos


nidificados en cada fisura.


Porque los vivos que recuerdo


para mi


ya están todos muertos.

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Confidencia en el Monte Berico


 


 A veces, si lo pienso,


me parece ser un sepulturero


o alguien del pueblo del rio


que por costumbre ha aprendido


a caminar sobre el agua


o


todavía


un viajero perdido y a oscuras


que rodea indemne la vida


entre los mas jóvenes caidos


o lisiados


o extraidos de la orilla del pigmento


de los predestinados.



que una sonrisa por fin nos concedes a todos


sabes que en cambio es en aquel poco de unguento


que cada primer domingo del mes


me renuevas


el secreto que me hace estar


de la otra parte del mar.

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El contagio de Celan


 


Los trenes de la noche


son secos chasquidos de látigo


sobre los párpados de los niños


alineados en Czernowitz.


 


Se difunden


en los vagones blindados


sus sollozos ininterrumpidos:


tal vez ellos saben o han intuido


la cercania de los guardias.


 


Dentro de poco


idénticas extraordinarias falenas


vendran introducidas en el vientre de la fiera


hacia la carrera mas breve :


 


hacia la luz definitiva


cuando


mutadas en extraviadas alas negras


subirán para siempre al cielo más cálido


de otra


devastada Varsovia.


(Versiones de Erika Reginato)







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