El Arte del Decir (120)
"El matrimonio entre la razón y la pesadilla que ha dominado el siglo XX ha dado a luz a un mundo muy ambiguo. Entre el paisaje de las comunicaciones se mueven los fantasmas de las siniestras tecnologías y los sueños sólo parecen comprados por el dinero" - escribió alguna vez James Ballard, un escritor cuya ambiguedad sólo es comparable al horror que se desata en algunas de sus novelas, pero que no ha dejado creo de impactar a la poesía de manera indirecta, toda vez que ella puede despejar algo de ese matrimonio funesto en la medida en que la poesía no quiere convencer, ni generar ningun fenomeno de masas. Carente de tecnología (puesto que no hay receta alguna que se revela como infalible para escribir buena poesía) lo unico que quiere es cantar y elevar sus imágenes y desarrollar sus consecuencias. La poesía es así un texto que nunca estamos seguro de lo que quiere decir pero que sin duda, podemos apostar que es la vida lo que pregona, mas allá de las oscuras admoniciones de lo que se llamó pulsión de muerte, que habita en el corazón de todo hombre y que sólo puede ser desviado de ese destino terrible por un canto que- como el de las sirenas - lo engañe para que la vida pueda seguir un tiempo más.
Nelly Sachs (1891-1970) fue una poeta alemana, hija de un rico industrial judío, inició su carrera literaria a los 17 años. Durante la 2° Guerra, tuvo que exiliarse en Suecia. Recibió el Premio de Literatura de la Asociación de Líricos Suecos en 1957, el Premio Droste en 1960, el Premio de la Paz de la Industria Editorial Alemana en 1965. En el año de 1966 compartió el Premio Nobel de Literatura con Shmuel Iosef Agnón, escritor israelí. Su poesía es sutil y compleja, llena de una religiosidad para nada estéril y al mismo tiempo profundamente humana.
Quién vació la arena de vuestros zapatos...
¿Quién vació la arena de vuestros zapatos
Cuando debíais levantaros de la muerte?
La arena, la que Israel se llevó a casa,
¿Su arena errante?
Arena ardiente del Sinaí,
Confundida con las gargantas de los ruiseñores,
Confundida con las alas de las mariposas,
Confundida con el ansia de polvo de las serpientes,
Confundida con todo lo que se desprendió de la sabiduría de Salomón,
Confundida con el amargor del ajenjo secreto.
Oh vosotros dedos,
Que vaciasteis la arena de los zapatos de los muertos,
¡Mañana seréis polvo vosotros
en los zapatos de los que han de venir!
.............................................................................................................................................................
cabello vivo
levantado
oscurecido de noche de muerte
de mí
hacia tí.
Pescada
afuera
estoy inclinada al más allá
sedienta
por besar el fin de la lejanía.
El atardecer
arroja el trampolín
de la noche sobre el rojo
prolonga tu lengua de tierra
y pongo mi pié vacilando
sobre la cuerda que se estremece
de la muerte ya empezada.
Pero así es el amor…

Comentarios
Publicar un comentario