El Arte del Decir (118)
Otra figura retórica que resulta esencial para la poesía, es sin duda, la metonimia. Definida como la parte por el todo, o el detalle de lado que resulta esencial para la significación de un texto, la metonimia permite indicaciones de que no todo está del lado del texto central del poema. A veces, señalamos con ella que a un costado, levemente distinguida, existe una palabra (o un conjunto de ellas) que desplazan, transforman, el sentido de un escrito. Que otorgan una significación distinta, en algunos casos diametralmente opuesta a lo que se dice de manera evidente, a lo que se destaca como lo importante. Por situar lo crucial en los detalles menores, la metonimia, no sólo sirve para que el texto avance por caminos inesperados, también nos estimula a seguir escribiendo, a nombrar de manera equívoca, a avanzar en un poema siempre sin saber hacia dónde, siempre ignorando que es, propiamente hablando, terminar un escrito, poner un punto verdaderamente final a lo que se transmite por nuestras precarias palabras.
Tamara Kamenszain (1947-2021) fue una escritora argentina adscripta junto a Arturo Carreras y Nestor Perlongher a la corriente neobarroca. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Argentina en 1985, el premio Konex de Poesía (1994) y el Premio Honorífico Jose Lezama Lima de Casa de las Américas (2015). Sus textos tienen una fuerza sustancial y una interpelación al lector que resulta altamente efectiva.
Como mi madre que a veces me trata de usted
y yo me doy vuelta para ver quién soy,
la amiga de Sylvia que perdió el voseo
la desconoce hablándole de tú.
Correctas educadas casi pomposas
estas rehenes del Alzheimer
ponen a congelar la lengua materna
mientras nos despiden de su mundo sin palabras.
Sin embargo si te canto tu canción infantil
la neurona del idisch se posa dulce sobre tus labios
y todo lo que nunca entendí en ese idioma
lo repito con vos viejita, y me queda claro.
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Cuando te casaste
atado de frente al juez en su registro
mis nervios rozaban en ramo tu antebrazo
sintonía para dos costados rumorosos
buscando por señas de nacimiento
juntar siluetas digitales en familia
reconocer a nuestros hijos
por el parecido.
Cuando te casaste conmigo
estábamos parados
mi edad de merecer en la cintura
y en el acento del sí colgadas las cabezas
para que los testigos, mudos de la diferencia
callaran al tiempo de copiarnos
línea por línea el rostro enloquecido
del matrimonio perfiles en un acta doble faz.
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Mamá mamá mamá
grito en un ataque de ecolalia
a quién llamo qué respuesta espero
los que escuchan voces terminan mal
Alejandra en la Sala de Psicopatología
Osvaldo en el Instituto de Rehabilitación
y sin embargo mamá mamá mamá
repito y viajo desde el sonido hasta la furia
no me alcanza lo que digo para no tropezarme
voy y vengo dos veces de la eme a la a de la eme a la a
pero me retraso analfabeta entre sílabas que se borran
y no me escuchan más los que entienden las lenguas
me miran sordos desde su propia neurosis familiar
ellos se dicen unos a otros
mami mamita mamina mamucha
pero mamá mamá mamá
eso sólo lo digo yo
¿se escucha?

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