El Arte del Decir (109)

¿De que hablan los poemas? ¿Del mundo, del sujeto, del pasado, del futuro, del país o de países extranjeros, de amor, de muerte, de tristeza, de alegría? La enumeración de temas es banal ya que cualquiera de ellos o alguno que todavía no haya sido inventado puede ser tema de un poema. Lo que interesa no es el que sino el como, no el tema, sino el modo. Y ese modo es claramente distinto de la prosa que está dominada por elementos como los tiempos, los espacios y cierto orden que conduce a una conclusión. Cuando leemos una novela (por disparatada que fuera) nos preguntamos adónde conduce todo ese escrito. Y aunque no posea una conclusión definitiva (ah, la ambiguedad, esa que encanta a los prosistas modernos) terminamos por colocarle una. Un poema en cambio vale por su modo, por la forma en qué dice lo que dice y esos sí que no tienen conclusion. Porque aunque terminemos de leerlo, si es bueno, queda en nuestra subjetividad resonando quizás por años. Una novela siempre fecha, aunque sea tácitamente. Un poema, aunque feche, es siempre presente.

Lisel Mueller (1924-2020) fue una poeta alemana que emigró a America en 1939. Había nacido como Elisabeth Annedore Neumann, aunque adoptó el apellido de su marido posteriormente y se nacionalizó norteamericana. Ganó el U.S. National Book Award en 1981 y el Premio Pulitzer de Poesía en 1997.Su escritura es aparentemente simple aunque es poseedora de un humor inquietante que discute de manera muy femenina, muchos de los enunciados masculinos dados por supuesto. 



Vivir Juntos



Hablando de maravillas, estoy viva
junto a ti, cuando podría haberlo estado
con cualquier otro bajo el sol,
cuando podría haber sido la mujer de Abelardo
o la puta de un padre del Renacimiento
o la esposa de un campesino sin suficiente comida
ni suficiente amor, mis hijos muertos
de peste. Podría haber dormido
en un nicho junto al hombre
de la nariz de oro, que se entrometía
en los asuntos de las estrellas,
o cosido una bandera estrellada
para un general con dientes de madera.
Podría haber sido la ejemplar Pocahontas
o una mujer sin nombre
llorando por mi marido
en la cama del Amo, intercambiada por una mula,
mi hija perdida en una apuesta de borrachos.
Me podrían haber atado a un tótem
para aplacar a un dios vengativo
o abandonado, niña inútil,
a mi suerte en un acantilado. Me gusta pensar
que podría haber sido Mary Shelley
enamorada de un ángel testarudo,
o una amiga de Mary. Podría haber sido tú.
Este poema es interminable, son infinitas las probabilidades en nuestra contra,
nuestras oportunidades de vivir juntos
estadísticamente inexistentes;
aún así lo logramos, estar vivos en una época
que, según racionalistas con sombreros cuadrados
y Testigos de Jehová sin sombrero,
está por terminar,
vivos con nuestros vivaces hijos
que —por interminables hubieras—
podrían haberse perdido de estar vivos
junto con maravillas y locuras
y anhelos y mentiras y deseos
y error y humor y piedad
y viajes y voces y caras
y colores y veranos y mañanas
y saber y lágrimas y azar.

(Traduccion: Coral Ruvalcaba)

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La risa de las mujeres



La risa de las mujeres incendia
los Salones de la Injusticia
y las falsas evidencias arden
en un hermoso resplandor blanco

Sacude las Cámaras del Congreso
y abre las ventanas de par en par
para que los discursos fatuos se vayan volando

La risa de las mujeres desempaña
los anteojos de los viejos;
les contagia una gripe feliz
y ellos se ríen como si fuesen jóvenes otra vez

Los prisioneros en sus mazmorras
imaginan que ven la luz del día
cuando recuerdan la risa de las mujeres

Ella corre a través de las aguas divididas
y como una bengala que da la noticia a cada bando
reconcilia las orillas hostiles

Qué lenguaje éste, el de la risa de las mujeres
subversivo y de alto vuelo
mucho antes que la Ley y la Escritura
nosotros escuchábamos esta risa y entendíamos la libertad.


(Traduccion : Isaias Garde)

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 El final de la ciencia ficción

Esta no es una fantasía, es nuestra vida.
Somos los personajes
que invadieron la luna,
los que no pueden parar a las computadoras.
Somos los dioses capaces de deshacer
el mundo en siete jornadas.

Las dos manos se detienen al mediodía.
Estamos empezando a vivir para siempre
con mamelucos livianos, de aluminio,
con un número estampado en la espalda.
Sintonizamos nuestras palabras como música funcional.
Y nos escuchamos a través del agua.

El género está muerto. Inventen algo nuevo.
Inventen un hombre y una mujer
desnudos en un jardín,
inventen un hijo que va a salvar al mundo,
un hombre que se lleve a su padre
de una ciudad en llamas.
Inventen un carretel de hilo
que lleve al héroe a un lugar seguro,
inventen una isla donde abandone
a la mujer que le salvó la vida
sin perder el sueño por esa traición.

Invéntennos como éramos
antes de que el cuerpo nos resplandeciera
y dejáramos de sangrar:
inventen a un pastor que mate a un gigante,
a una chica que se transforme en árbol,
a una mujer que se niegue a dejar
el pasado atrás y se vuelva una estatua de sal,
a un hermano que robe la primogenitura
y se convierta en líder de una nación.
Inventen las lágrimas verdaderas, el amor imposible,
las palabras antiguas, pronunciadas despacio
y con dificultad,  como los primeros pasos
que da un chico para atravesar una sala.

(Traduccion: Sandra Toro)



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