El Arte del Decir (107)

Los temas de las poesía no existen. No hay sector de la vida que no pueda ser colocado entre dos versos y los opaque severamente. Existen sí la maestría de cada poeta y en algunos casos, su genio que transforma todo temas, formas, versos, circunstancias para dotarlas de una magia verbal que es modesta pero arrolladora. En ese sentido hay un error en algunos poetas románticos al creer que ciertos temas o palabras permiten transmitir mejor el sentido de unas letras, como si el amor fuera un sentimiento que se cuida de las formas o que padece de inhibiciones para mencionar ciertos actos o relaciones. Lo mismo sucede con algunos surrealistas que piensan que el inconsciente es una máquina de producir poemas "sin sentido". Lo que vuelve grande a una poesía no son los temas sino la manera en que son tratados. No es la mención de cualquier cosa lo que es "poética", sino la forma en que aparece y  lo que dejamos en la sombra, sin nombrarlo, para que el lector complete ese enunciado.

Khalil Mutran (1872 -1949) fue un poeta arabe apodado "el poeta de los dos países" ya que nació en Balbek, Libano y falleció en El Cairo, Egipto. Tambien supo ser un representante de la modernizacion de la prosa y la poesía árabe, a las cuales dotó de nuevas formas de expresión. Su expresión es precisa, firme y elocuente, sabiendo dar a cada palabra una resonancia musical que hace que sus poemas atraviesen el tiempo y permanezcan presentes en nuestros oídos y nuestro corazón.


LAS PIRÁMIDES



Erigió, levantó, construyó, consolidó
no en bien de la grandeza, ni tampoco en el suyo propio,
sino en aras de la misma tumba,
haciendo para ello esclavo a su pueblo coetáneo
y entregando a las cadenas a sus hijos
para darlos a sus enemigos el día de mañana.
Veo aquí mismo seres infinitos como granos de arena
demasiado numerosos para ser contados,
amarillo el rostro, húmedas las cejas,
como un forraje seco perlado de rocío,
corcovadas las espaldas, mudo el paso,
hormigas reptando, eternamente humilladas,
como mares confluyendo, como ríos divergiendo,
descendiendo, subiendo.
¿Es que todas estas almas que han de morir mañana mismo
edifican para un ser mortal un sepulcro sempiterno?
¡Ah de los difuntos! ¿No os ha hecho aguzar el oído
la voz del heraldo, que lanza su llamada una y otra vez?
¡Levantaos! ¡Contemplad a la plebe que os rodea
y pisotea cogotes de reyes disecados!
¡Levantaos! ¡Contemplad a vuestros enemigos
que ocupan vuestros lares
y gobiernan desde ellos, déspotas, todopoderosos!
¡En pie! ¡Contemplad vuestros cuerpos,
expuestos a la vista de todo aquel que guste de mirar!
Es la vuestra una resurrección en la que
cualquiera de nosotros, vaya o venga,
os pide cuentas de vuestras acciones ya pasadas.
No os libró que construyeseis alto,
que expoliaseis la tierra
o hicieseis esclavos a los reyes.
Más os valiera, en cambio, la buena memoria,
si hubierais humillado vuestra tumba a ras de tierra
y perseverado en el buen camino.
Yerra quien imagina que la tumba ha de serle fortaleza
y se protege de la muerte con la misma muerte.


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UNA ROSA QUE MURIÓ



Oh pájaros que buscan, ¿qué te buscan en tus andanzas?
Ellos respondieron:
Somos las esperanzas de la juventud; y aquí nuestro amado
vivió y sufrió.
Ella era la rosa en nuestro jardín, reinando
justamente con la sumisión de todos los que estaban allí.
Sin embargo, demasiado pronto la vimos caer de su trono y
luego desaparecer.
Y entonces nos ves buscando alguna vez un rastro de ella,
o acudiendo a donde solía estar.

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NERÓN



Esa gente que otorgó la victoria a Nerón
merece más vergüenza que él.
¿Qué era ese Nerón a quien adoraban?
Era grosero e ignorante,
un enano a quien criaron en la altura.
Se arrastraron ante él y él creció en arrogancia.
Lo glorificaron y extendieron su sombra
hasta que llenó la tierra de crimen.
Le dieron su poder, por lo que se
convirtió en un tirano sobre ellos, y peor.
El gobernante oprime solo cuando no tiene miedo
de la rebelión gobernada.
Algunos denuncian a Nerón, pero yo, la nación;
si lo hubiera desafiado, la retirada habría sido su suerte.
cada nación crea su propio Nerón,
sea ​​llamado "César" o "Cosroes". (*)


(*) Cosroes I y II es el nombre de dos reyes del segundo imperio persa de los siglos VI y VII d.C.


Traduccion de Jaimes Sanchez Ratia




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