El Arte del Decir (111)
Por un instante, el mundo que se había extinguido revivió en algunos poemas. Las cosas cobraron una vida esplendente, lúcida, majestuosa. No es que no había tristeza o malos momentos pero eso fué compensado por un uso de la lengua que permitía que cada palabra remitiera a otra e incluso había algunas que no significaban nada, pero que brillaban, orgullosas, en en los escritos. Todas esas palabras que parecían haber sido puestas de manera casi azarosa, tuvieron, sin embargo un orden secreto que remitía a la lengua que habla continuamente en nosotros, pero tambien a la realidad, donde esos objetos, personas, animales, plantas que el poema describía, vivían una existencia que no se hubiera notado sino fuera por las palabras. Así fué que el poeta supo tocar lo real, y éste le devolvió un goce que no hubiera podido conseguir de otra manera.
Adam Zagajewski (1945 - 2021) es un poeta polaco contemporáneo, quien recibió el Premio Princesa de Asturias en 2017. Nacido en 1982, fué un escritor con una voz precisa y contundente, cuyos poemas tocan muchas veces motivos políticos pero sin transar con el panfleto, sino conservando una elevada función metafórica. El primero de estos poemas muestra la extinción de un sujeto del humor, el segundo, los recuerdos de la guerra y de la vida de un padre cuya funcion es la evocacion del pasado.
Cómo terminan los payasos
Un viejo payaso reparte folletos en la estación, anuncian
un circo ambulante. Sin duda, es así como terminan
los payasos: sustituyendo una máquina (o a un niño).
Lo observo atento: quiero saber cómo terminan los payasos.
Entre la melancolía y la salvaje risa contagiosa
desaparece lentamente el equilibrio lleno de encanto;
año tras año el surco de las mejillas es más profundo,
y al final queda la desesperanza de una nariz demasiado grande
y movimientos torpes de anciano, ya no son una parodia
de los saludables e irreflexivos, son un panfleto que culpa
la imperfecta constitución del cuerpo, el error
del arquitecto. Queda la luz de la ancha frente, la lámpara
de una tez demasiado blanca (ahora sin polvos), unos labios
finos y unos ojos por los que mira ya un extraño, se asoma
con frialdad alguien que podría ser el futuro inquilino del rostro
(si se consiguiese prorrogar el alquiler de esta tristeza).
Es así como terminan los payasos, cuando se adentra en nosotros
la gran indiferencia del mundo, amargamente, como plomo en la boca.
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Domingo
Por favor, ve a la iglesia
todos los domingos, a las once
o doce en punto, con camisas limpias,
vestidos cuidadosamente planchados.
Ve a la iglesia, allí te espera
el sacerdote con barbilla gruesa.
Hablará durante mucho tiempo
en un tono de superioridad indescriptible,
te ordenará qué pensar y qué hacer.
Dios está en otro lugar, en otro lugar.
No sabemos nada. Vivimos a oscuras.
Dios está en otro lugar, en otro lugar.
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En un piso pequeño
Le pregunto a mi padre: ¿que haces todo el día?. Recordar
Así pues, en este pequeño piso polvoriento en Gliwice,
en un bloque bajo, construido según el modelo soviético,
conforme a la norma de que la ciudad debe evocar un cuartel,
y las habitaciones, ser estrechas, para frustrar reuniones clandestinas,
allí donde marcha sin descanso un antiguo reloj de pared,
revive casi a diario el claro septiembre del 39, el silbido de las bombas,
y también el Jardín de los Jesuitas en Lvov, brillando como antes
con la luz verde de los arces, de los fresnos y los pajaritos,
las canoas en el Dniester, el olor de la mimbrera y de la arena húmeda,
un día caluroso, cuando encontraste a una joven estudiante de derecho,
y el viaje en un vagón de mercancías, al oeste, hasta la última frontera,
y un ramo de doscientas rosas que los estudiantes te ofrecieron
en agradecimiento por haberlos defendido en la primavera del 68,
y acaso también episodios de los que nunca sabré nada,
el beso de una mujer que no llegó a ser mi madre,
el temor y la dulce grosella de tu infancia, imágenes sacadas
de este abismo acogedor, cuando yo aún no estaba.
Tu memoria trabaja en este piso caballo: trabajas,
metódico, en silencio, para resucitar por un instante
el doloroso siglo XX.
(Versiones de Xavier Farré)

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