El Arte del Decir (103)

He oido muchas veces que hay lenguajes poéticos y lenguajes prosaicos, con el argumento que una factura no podría considerarse jamás un poema, mientras que un escrito borroso e impreciso que comunicase los sentimientos íntimos de una persona, lo sería, sin duda alguna. Pondré en suspenso por un instante  esa división toda vez que cientos de escritos amorosos carecen, ciertamente de arte, aunque sean sinceros y un estado de cuenta si se lo coloca - fuera de lugar - en un escrito puede alcanzar un brillo poetico inusitado. Lo que convierte a una pieza de la lengua en poética no es su contenido sino el modo en que lo escrito se despega de lo inmediato, el modo en que evoca, sugiere, desliza entre sus enunciados, una enunciación diferente, contradictoria o equívoca. La poesía es un lenguaje en el que no estamos nunca seguros de lo que el poeta quiso dar a leer, pero el poeta tampoco está seguro de lo que el lector encontrará en su texto. De equívocos en equívocos la lengua conforta, irrita, tranquiliza, entusiasma mediante una forma bella, puesta ahi, sin razón alguna.

Nguyen Bao Chan (1969) Nació en Haipong, Vietnam. Se graduo como escritora de teatro y television en la Universidad de Hanoi en 1991 y actualmente es escritora y guionista  para Vietnam Televisión. Su escritura, delicada y precisa, sabe jugar con los equívocos del amor y del tiempo en poemas que precisan una posición femenina cuya fortaleza brota muchas veces, de los silencios y, en ocasiones, también de las palabras decididas.


Amor silencioso


Nunca me has visto

Soy la suave luz del amanecer.

Tú siempre despiertas más tarde

Que mi amor puro.


Tú nunca me has escuchado.

Soy el murmullo de la noche

En los brotes del árbol.

Tú nunca te estableces.

Siempre te hallas en nuevos lugares.


Tú nunca me has reconocido.

Los rostros de tantas mujeres

Permanecen en tu memoria

Ninguna de ellas tiene mi rostro.


Muchos pequeños pétalos

Han caído de tu mente.

Uno de ellos soy yo

Desde entonces la flor libera su fragancia.

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Silencio


Hay algo que no puedo decirte

Soy tan silenciosa como un gusano de seda

Hilando una brillante hebra.

Despliego mi amor a los rayos del sol.

Tejo mi amor en el interior de la luz.

Tú eres la impaciente lluvia

Que humedece la seda que hilo.

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La mujer en el museo de Jaffa



La mujer en el museo de Jaffa
hace seis mil años que no llora.
Durante seis mil años
ha ocultado su rostro.
Dejen que las personas contemplen
su dolor marchito,
del mismo modo en que estudian
los antiguos jarrones, monedas y lámparas.

La mujer del museo de Jaffa
hace seis mil años que no sonríe.
La urna de cristal es su fortaleza
la que se estremece
bajo el aliento inquisitivo
de aquellos que pasan.
Durante seis mil años
la mujer en el museo de Jaffa
ha perdonado
la ingratitud y negligencia
de todos los visitantes.

No obstante
continúan viniendo
y la ignoran
a ella detrás 
de las mudas paredes.
La mujer en el museo de Jaffa
durante seis mil años
no ha esperado a nadie
no ha esperado nada.
Durante seis mil  años
ha dejado fuera a la luz.
Ella duerme sobre la almohada del tiempo.

         Israel, Diciembre, 1996.

(Traducción de Esteban Moore)



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