El Arte del Decir (99)
Adosar una palabra al lado de la otra y en ese encuentro inesperado comprobar como surge una metáfora o una metonimia nueva, algo que antes no había sido dicho, algo que el decir compone como novedad y donde estamos siempre incluídos aunque sea con un título de ausencia, de este modo surgen los poemas que tienen la particularidad de revelarnos ante el lector, pero creo que no es nuestra situación personal lo que designan, sino el modo en que recorremos la lengua, en que meandros de su cauce infinito nos detenemos, en cuales pasamos por alto, de qué forman nos afectan ciertos vocablos, cuales son nuestros gustos, nuestros desagrados, nuestros silencios. Este sujeto que el poeta va construyendo a lo largo de su obra extensa o corta - poco importa - es el que permanecerá en sus poemas mucho tiempo despúes de su desaparición. No es su persona, sino su manera singular de habitar la lengua, rasgo que cuando hay talento y convicción se convierte en una forma de presentación tan especial como su nombre propio.
Jaime Saénz (1821-1986) Poeta nacido en Bolivia, practicó también la dramaturgia, el dibujo y la novelística. Enzarzado en una poesía de tinte romántico pero a la vez oscura y en constante dialogo con la muerte, compuso alguno de los poemas de amor mas inquietantes y bellos de nuestra América, como puede comprobarse en el primero de los publicados aquí.
EN LO ALTO DE LA CIUDAD OSCURA
Una noche en una calle bajo la lluvia en lo alto
de la ciudad oscura
con el ruido a lo lejos
es seguro que suspirará
yo suspiraré
tomados de las manos por un gran tiempo
en el interior de la arboleda
sus ojos claros al pasar un cometa
su cara llegada del mar
sus ojos en el cielo mi voz dentro de su voz
su boca en forma de manzana
su cabello en forma de sueño
una mirada nunca vista en cada pupila
sus pestañas en forma de luz un torrente de fuego
todo será mío dando volteretas de alegría
me cortaré una mano por cada suspiro suyo
me sacaré un ojo por cada sonrisa suya
me moriré una vez dos veces tres veces cuatro veces mil veces
hasta morir en sus labios
con un serrucho me cortaré las costillas para entregarle ,mi corazón
con una aguja sacaré a relucir mi mejor alma para darle una sorpresa
los viernes por la tarde
con el aire de la noche cantando una canción
me propongo vivir trescientos años
en su hermosa compañía.
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EN LA VENTANA
A Nelly Villanueva
Sabe Dios lo que yo buscaba, quería encontrar
no sé qué,
una tarde,
sentía el antiguo momento del encanto, las cosas
olvidadas en el tiempo
-los objetos sin forma dentro de mí,
un rastro de ceniza y un pedazo del acre,
esos nombres inmortales en la memoria.
El ancla, en los botones dorados, y los papeles,
el polvo en el vació - el olor, en unas ropas de niño,
unos restos, unas migas de hace años -y desde muy lejos,
al soplo del aire en la ventana, pensé en ti: en las nubes, un presagio de lluvia era el echarte de menos,
con tus ojos inexplicables, y la tarde moría.
Era un color, la ansiedad de los presentimientos:
era una sombra: el adiós,
la noche profunda en la ventana.
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ERES VISIBLE
cuando el sol se retira,
y me parece escuchar tu respiración en la frescura de la sombra
como un adiós pensativo.
De tu partida, que es como una lumbre, se condolerán estas claras imágenes
por el viento de la tarde mecidas aquí y a lo lejos;
yo te acompaño con el rumor de las hojas, miro por ti las cosas que amabas
—el alba no borrará tu paso, eres visible.

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