El Arte del Decir (95)
Acaso la experiencia mas importante para un aspirante a poeta, es leer a otros poetas. Muchos, y muy variados. Y no sólo en su lengua sino en otras y si no se conoce esas otras lenguas acudir a traductores que los hay y muy buenos. El acto de leer es un acto que convierte a una mujer o a un hombre en otra cosa, quiero decir, de lo que es en su realidad diaria. El acto de leer nos pone en contacto con experiencias diferentes, con la variedad del género humano, con la diversidad de las satisfacciones y los dolores. Se ha insistido mucho en acentuar los parecidos entre los colores, las lenguas, los modos de goce, las culturas que componen en género humano. Pero a mi me parece que también es apasionante conocer las diferencias. Cómo escritores y escritoras de todo el mundo plasman sus poemas con particularidades sorprendentes y exquisitas y cuando esas particularidades llegan a cristalizar un singular de la experiencia poética, entonces sí, ahi hay que descubrirse y honrar a ese sujeto que escribe, porque es seguro que es un verdadero poeta.
Tomaz Salamun (1941-2014) fue un escritor esloveno, uno de los mas grandes del siglo XX. Fue escritor en residencia en las universidades de Iowa, Harvard y Mississippi. Su poesía es contraria al sentido común, al lirismo exagerado y al sentimentalismo innecesario, pero prestigia el juego con el lenguaje procurando hacer surgir asociaciones imprevistas y hermosas.
Epitafio
Cuando nombré a Dios
comencé a hundirme.
Aquí la sangre salpica de la herida.
Aquí está cortado de tal modo
que veo a través de TODO.
El narciso es el más puro
porque va quemando todo a la vez.
Mi nombre escrito es un combate con las tinieblas.
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Una cantina en Querétaro
Veo un caballo que lanza un gemido cuando se encuentra con los ojos de otro caballo.
Son hermanos, ángeles con manzana,
membrana del subsuelo.
El sol en vuestras crines es para ambos.
¿Por qué me rasgáis, potrillos celosos?
¿Por qué pataleáis como jenízaros?
Los caballos son animales sagrados, ambos son César Vallejo.
Porque a través de nosotros no corren cantidades, sino el espíritu y el fuego.
¿Es posible que el genio de un poeta muerto
se divida en dos ríos y que se rasgue como un pañuelo?
Son una sola figura y eso es pan para millones.
Mis brazos son los dos del mismo largo.
Mis piernas son para todos los pueblos del mundo.
Mi beso no es cadena y mirad:
este es el pneuma que respiraba Jacob Boehme,
virginal, si bien lo llevo en el pecho,
como llevan las mujeres del Karst agua en cántaros sobre la cabeza.
Y si voy a tener que seguir escuchando
los pequeños problemas burgueses del Concilio
de Nicea y ser testigo de la matanza
de cuadros probados en la guerrilla, tendrían que
volver, potrillos, derecho a la oscuridad.
En esta cantina son capaces de reventarlos
con cuchillos mientras estoy
tranquilo tirando las monedas
por mi copa de alma blanca
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Monstrum (lat.) del verbo monstrare
Contribuyo a la historia, porque no hay
duda de que habrá bastantes teorías acerca de quién soy.
Mi vida es clara y se llama
igual que mis libros.
Asimismo, yo soy, como tú, voyeur. Y,
asimismo, me estremezco si alguien me
ve. Te miro a los ojos. Los dos conocemos
la pregunta. ¿Quién mata? ¿Quién queda? ¿Quién
mira? Ese, que con furia se arranca
la ropa para ser inocente ¿no es
una máscara? Tu corazón late porque late
mi sangre. Y al revés. Mi corazón late porque late
tu sangre. Tienes el mismo derecho que yo,
que soy tu ángel de la guarda, tu monstruo.
(trad. de Pablo Juan Fajdiga)

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