El Arte del Decir (97)

¿A quien van dirigidos los poemas? No hablo aquí de las dedicatorias explícitas sino de las implícitas, admitiendo que todo poema es un texto que tiene un lector, siendo éste tácito en la mayoría de los casos. Una cierta clasificación permitiría admitir que hay poemas que cuestionan a algunos, otros que los alaban, ciertos textos se dirigen a la persona amada, mientras que otros - por el contrario - están causados por gente a la cual detestamos, los hay poemas funebres donde cantamos la perdida de alguien, los hay exultantes, donde celebramos un encuentro. Pero sin desdeñar esta forma de destinatario, creo que hay uno más íntimo, mas secreto, menos evidente y es ese Otro del cual recibimos - para bien o para mal - el don de la lengua. Si escribo así, con mayúsculas, no es por un rasgo erudito sino para borrar de una manera radical la singularidad de nuestra madre, nuestro padre, las hermanas o hermanos, los tíos y las tías y toda persona concreta para subsumirlas en ese Otro que nos enseñó a hablar y nos transmitió - a veces sin saberlo - el gusto por las palabras.

Gintaras Grajauskas (1966) ensayista, dramaturgo, prosista, compositor e intérprete además de poeta nacido en Lituania, es además músico de jazz. Algunos de sus libros de poesía son Tatuaje (1993, premio al mejor primer libro publicado en Lituania), Ornitología (1993), Catálogo (1997), Historia Moderna: Libro de texto para principiantes (2004) o Poemas de la piel (2008) . Tiene un sentido del humor muy peculiar en medio de imágenes altamente contemporáneas y de pronto, sorprende con una conclusión éticamente perturbadora, como puede verse en el primero  y el tercero de estos textos.


Sinceramente

 

si de verdad fuéramos sinceros,

no hablaríamos tanto sobre la sinceridad,

 

en general hablaríamos menos

o estaríamos callados,

 

si de verdad fuéramos sinceros,

diríamos "lo siento poco sinceramente"

 

o "saludos poco cordiales",

"muy poco antentamente

Grajauskas",

 

en general hablaríamos menos,

 

más concisamente

 

 

no preguntaríamos qué tal, cómo estás,

preguntaríamos directamente ¿cómo te va el morirse?

 

y muy sinceramente contestaríamos: bien, gracias.

 

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La frecuencia de Dios son 50 Hz

 

estaba en la peluquería con la branquía enjabonada,

escuchaba la radio FM 91,4 MHz

 

en la máquinita entró un poco de agua

y  220 V le sacudieron las orejas tan bien que

hasta las babas le chirriaron

 

luego perjuraba que escuchó

claramente como si el locutor

del Vaticano hubiera dicho:

 

"estaba escuchando la voz de Dios"

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Es él

 

él saca el limón de tu té,

él muerde las patas a tu mesa,

él está apagando las luces, camina y

chasquea los dedos,

 

él arroja hasta el techo a tus niños,

llama a tus amigos a las cuatro de la madrugada,

luego estrella la botella contra la pared

y mea en el lavabo,

 

él es ateo por naturaleza, él es el castigo de dios,

él es tu inquisitor y venganza dulce,

él duerme con tu mujer y duerme

tranquilo como un bebé,

 

él viene y se va cuando quiere,

él a propósito no te dice qué hora es,

él se ríe de ti, se ríe

hasta partirse,

 

él moja tu limón en el azúcar y mastica,

te mira a los ojos y dice: "alguna vez te voy a matar"

mira, asiente con

tu cabeza y sonríe.


(traducciones de Dovile Kuzminskaite en colaboración con María Sebastià-Sáez)



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