El Arte del Decir (91)


Traductor, traidor - se repite con saña y monótonamente, sin advertir que la tarea de este co-creador menor, demiurgo denostado y muchas veces odiado de gran cantidad de  obras literarias contribuye, sin embargo, a acercarnos un texto que estaría, de otra forma, confinado al estaturo de obra ilegible y seria accesible a los pocos hombres que hayan estudiado otra lengua. No olvido el grado de libertad  que es necesario para ser un buen traductor, ni tampoco la carencia de talento de algunos que nos entregan una escritura ramplona, cuando el original es todo exaltación y fiesta, pero igual, por aquellos que se sacrifican largas horas en trasladar las palabras de un idioma a otro, y a veces, tienen que recrear en su lengua madre expresiones que son habituales en la lengua traducida pero que no tienen equivalente en aquella a la cual se está traduciendo, elevo una copa de buena literatura y de agradecimiento por sus invalorables servicios. Traductor, transgresor - me atrevería a decir, en voz baja y sin reclamar autoría alguna.

Friederike Mayrocker, nacida en Viena en 1924 y muerta en la misma ciudad en 2021, transitó una forma de poesia marcada por el surrealismo y el dadaísmo, sin una nitida distinción genérica. Fue novelista, ensayista y autora de obras de teatro. Sus textos parecen desafiar toda comprensión inmediata y se dirigen a promover una experiencia sensorial con las palabras, pero a poco de transitarlos se advierte una expresiva indagación en la experiencia del dolor y el amor humanos.



Tenemos ahora dientes de cabo de vela


Afuera el pino el abeto gris el pluvial pino de Flandes

y la charla en la glorieta de la hostería

con ese aroma a cerveza


de mañana hacia las alturas grises de nubes

se abre allí una ventana tan temprano

de par en par como el aire que fluye separándose

se extienden los brazos abriendo las ventanas


del otro lado del día la caída

de la gris congoja

estos crepúsculos grises como el polvo

desapareciendo con los trenes y las nieblas y volviendo a irrumpir:

debajo de sí Vineta ciudad de campanas.


Y luego la noche

negra y como con la mano hasta la muñeca en el agua

vamos tropezando hasta la puerta:

oh las muchas estrellas

y un negro mechón en el rostro

descalzos sobre la escalera crujiente.

Las falenas revoloteando:

espantadas golondrinas caseras como murciélagos y fuegos fatuos

y la horrible lengua de miel de las moscas muertas.


Ahora

en medio de la primavera en inmersión

después de muchos meses:

un bolso abierto

un viejo cigarrillo de la Rue des dames

un saquito de sosa

un trozo de pan endurecido

en la cama el molde de tu cuerpo.




Retorno a ti mi niño muerto



Tengo un niño yace enterrado

con dos ojos-ojos azules

dos ojos del color del pomito de olor

y las aves trizadoras de Etiopía acuden en bandadas

en torno a sus dos ojos azules para arrancarlos con sus picos

y los pequeños cisnes de Seckau

que querían venir al bautismo

se han vuelto volando

mi bello niño muerto yace sobre mí

y encima de mí ha respirado

yo oía sus largos alientos dormidos

parecía el murmullo de las hojas en los árboles estivales

cuando bajo la techumbre de esos árboles él y yo nos acuclillábamos

y las hojas verde esmeralda murmuraban

y él me miraba desde sus ojos azules

y los árboles seguían murmurando luego y murmuraban:

pronto estará muerto.

pusimos luego en la iglesia su ataúd

tenía tan sólo una pequeña ventanita

por la que él miraba hacia afuera

es mi niño

y se llamaba como el cielo azul y el arrebol

y el viento matinal en primavera y las hojas en la copa murmurante

y el narciso y el más bello de los días

y aunque le había cerrado los ojos

los párpados volvían y volvían a elevarse

tenía ojos azules y una redonda naricita

y una boca entreabierta con dos hermosos dientes

era un varoncito

era un regalo como jamás lo había antes recibido

lo amo por sobre todo

está muerto

ya no volverá jamás

a mi brazo izquierdo a mi brazo derecho a mis dos brazos

a mis pechos yaciendo sobre mí yo inclinada sobre él

las aves todas los arroyos todos las piedras todas las nubes todas y el humo

vienen a la ventanita y contemplan a mi niño muerto

yo le tejo una guirnalda de diente de león silvestre

le entrelazo un suave cestillo para el rostro

plantaré sus ojos azules en la tierra

como un par de flores de azafrán

derramaré sus cabellos rubios

esparciré su boca su nariz su piel

sus rodillas y muslitos

sus uñas sus lugares rubicundos en los pliegues del codo

jugaba con pequeños caballitos y borriquillos de crin rizada

con espiralados caracoles a la vera del camino

y soplaba en sus cuernos

y se posaba gozoso las antenas de las mariposas

y compartía con las lilas

las nubes de lluvia y a las bellísimas nubes saturadas de la siesta

a los balcones los conocía por su nombre

y como Miró escribía en ellos: »s 5«, »s 5«, »s 5«, y sin cesar

salteaba muchas cosas

y arriesgaba los saltos más osados de hocico a hocico de oveja

hasta que la lana se desgreñaba más y más

le gustaba encrespar el agua con la mano

y yo arreglaba cosiendo su peinado

él sacaba hacia adelante la bandera negra

y a su horquilla le ponía un asta

la mandaba a buscar el cordero pascual de mansa errancia

e iba por la punteada curvatura de un arbusto maduro de viburno

se iba a menudo con mi sombrilla azul

yo gritaba detrás de él y lloraba por su dulzura


(él está muerto él es mi todo)



A caballito



A caballito dijo mi primo mientras

barbierizado barbierizado barbierizado

andaba por nuestra calle

tenía una maletita bajo el brazo

y seguía sintiéndose viudo

de la compañera de su vida

también los otros visitantes del funeral habían venido

el doble reparto de las lloronas

con el crespón de lencería sobre los labios de rosa

pero él pasó con un rostro en disolución

junto a mí y me saludó como alguien

que exactamente como tantas otras veces

vuelve a tomar sobre sí

la marejada del mundo

en su barquillo de soledad.


Ahora bien queridas hormigas ¿cómo os va?

¿gustáis de estar aquí en la florida tierra?

jamás descansáis pues lo que mejor os sienta es

pulular según el plan que os han soplado

rostros malva cabezas redondas ojos de muñeca

corte a la romana sobre bello tipo craneano rubio

yace con Lieder de Schubert escuchando sobre la rampa de felpa

mejillas color fresa

vuélvete por entero de modo tal

que pueda verse toda tu figura

volvéos vivid no basta una sonrisa

una mirada saliendo de atrás de las vidrieras

o el muelle contacto de dos ojos muy separados entre sí

sino que debéis dirigiros

a la danza a la tentación al entrelazamiento

iréis luego paso a paso

u os detendréis y permaneceréis inmóviles:

siempre llegará alguien que os ayude a salir

del paso

pero se necesita un tiempo largo para darse cuenta

de lo que hubiera debido acontecer y en verdad aconteció

entonces vuelve uno a pararse y contiene la respiración

o tararea una canción o

comienza a amar el jazz.


(traducciones de Hector A. Piccoli)












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