El Arte del Decir (87)


El problema de los poemas extensos, pienso en La Tierra Baldía (Eliot) , Patterson (Williams Carlos Williams) , Hospital Británico (Hector Viel Temperley) , Cadáveres (Nestor Perlongher), Poeta de las Cenizas (Pasolini), Aullido (Ginsberg),  y cito al azar, sin ningun orden ni preeminencia es que la tensión poética parece decaer por momentos y en otros alza vuelo fulgurante. Es que mantener la llama de la lengua encendida no es fácil y en muchos de estos texto hay intermedios de cenizas que tienen su importancia pero que no brillan como otros pasajes y simplemente sirven como conectores para los momentos de mayor luminosidad. Pero también esto ocurre con la prosa, todos sabemos que hay novelas que por estupenda que sean sus viscisitudes  también decaen en algunos pasajes. Esto parece confirmar una tesis que enuncio de manera simple: la lengua es discontinua, su excelencia es sólo fraccionada, por sus características significantes, ella corta, divide, separa y es por eso, creo, que un poema largo no es mas que un conjunto de poemas mucho mas breves unidos por un hilo que cuando el poeta es talentoso, se nota poco y también se perdona.

Nuno Júdice, nació en Portugal en 1949. Se doctoró en Literatura Medieval en la Universidad Nueva de Lisboa. Sus poemas tienen un humor curioso que brota de una descripcion cuidadosa de la situación dejando entrever sus causas ocultas sin declararlas abiertamente.


Cosas


Aristóteles nunca tomó café. 

Platón nunca comió feijoada a la brasilera.

Alejandro nunca ordenó cuscús en Alejandría.

Cleopatra nunca vistió Dior.

Cesar nunca usó un Rolex de oro.

Brutus nunca disparó un revolver.

San Agustín nunca tomó lexotanil.

Carlo Magno nunca leyó a Freud.

Marco Polo nunca tomo un avión.

Lorenzo de Médicis nunca condujo un Ferrari.

Erasmo nunca simpatizó con Choucroute.

Lutero nunca hizo yoga.


Yo tampoco.





ANABASE


Subo el río de tu cuerpo en un mapa antiguo,

con el papel deshaciéndose y las letras apagadas

por las lluvias de la noche. Un barco de palabras

me lleva a esa expedición: los remeros

callan su ritmo monótono, oyendo

el batir del casco en las aguas profundas.

Otrora soñé un desembarco matinal

en estas arenas inaccesibles: oí los pájaros

indicar el camino de las montañas;  supe

que las nubes estaban a mi alcance, como

si la fuente no fuera apenas un punto abstracto

en el centro de la página.


Aparto tus dedos, como limos en busca

de los peces olvidados por el invierno. Detrás de ellos

un rebaño ahogado sigue los pasos del pastor

submarino: Neptuno ciego cuyo tridente se

confunde con las raíces fluviales. Atravieso los límites

del sueño que me ofreces y encuentro el lago

estancado de tus ojos abiertos

con la avidez de la oscuridad.





METAFÍSICA




Frente a la taza de café, enciende

un cigarro. No quiere saber de inspiración,

de versos, de tal vez, de rumbos vagos

como la dirección de los ríos. Es probable

que el tiempo no lo asuste, que la muerte

no sea  para él, más que una

idea sin realidad visible: que

los ojos no dejen translucir algo

de una vida abstracta que coincida

con el alma. A veces piensa en responder

las interrogantes que se le plantean. Pero

posterga ese instante. Prefiere mantener

la silenciosa obstinación del presente,

como si durara, y el café

no se hubiera enfriado en la taza.





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