El Arte del Decir (79)


Una determinada corriente de la critica literaria utiliza las voces de la poesía como una forma de cantar la rebelion contra las injusticias del mundo, como una manera de destacar lo valeroso de ese enfrentamiento, como un esfuerzo de denunciar lo que no funciona (y es bastante) en este planeta. Dije la critica literaria porque no estoy seguro que los poetas en sí mismos consideren eso, dado que su vocación de escribir está, creo, por encima de cualquier consideración ética. Y sin embargo, hay en el filo más intenso de la estética un limite que ronda con lo justo. Por perseguir el efecto de belleza (sea cualquiera la definicion que demos de ella, incluso si se trata del esplendor de lo horrible) tarde o temprano algo del bien se colará entre nuestros pavoneos y nos hará estremecernos y, en el peor de los casos, callaremos nuestra voz. Pero aquellos poetas que contrariando ese pavor, continuán escribiendo son los grandes. Los que atisbaron una dimensión de valor y no sólo de gusto en lo que escribían y supieron darle un lugar entre sus palabras, a pesar que el mundo siga diciendo que las palabras no pueden valer nada ya que no hay bolsa que cotice sus sutiles variaciones.

Teresa Melo Rodríguez, (Santiago de Cuba - 1961) es poeta y editora, graduada en filosofia en la Universidad de la Habana. Ha recibido numerosos premios por su obra poética y obtuvo una beca de la UNESCO para el estudio de la poesía escrita por mujeres desde 1959 a la fecha. Sus poemas se mueven en la sombra de lo indirecto, procurando construir sus objetos mediante alusiones y también por la alteracion sutil de ciertas formas de la lengua, dejando al lector completar muchas de sus significaciones.




La breve duración

 

Leí un largo poema de William Carlos Williams

sobre el amor y los asfódelos. Entre lo que ignoro,

tampoco sé qué cosa es el asfódelo. Otras flores tuve

y de otros poemas gusté y también tuve otras ignorancias.

Es cierto que los poemas colocan cosas sobre el mundo

y que hay personas que no gustan de ellos

ni del mundo,

aunque serían mejores si tuvieran

aquello que tienen los poemas.

¿Qué tienen los poemas, William Carlos Williams?

Provocan la desazón de lo desconocido,

el deseo de asir el humo que emana

de lo que creemos conocido.

Tuve esta flor, por ejemplo, hace años,

sobre la pared de una casa en la que estuve viviendo;

en su patio las orquídeas cubrían el lugar

donde antes estuvo la caseta de madera;

en la caseta de madera, el padre de mi amigo,

una mañana nada especial

amaneció colgado de las vigas.

Las orquídeas luego cubrieron el lugar

pero no borraron su aura de tragedia.

 

De entonces acá estas flores no perdieron hermosura,

pero igual son materia del suicidio.

 

 

Otra flor tuve que vi crecer bajo mi agua

—el lirio perenne descrito por Ariel—;

tenía pocas cosas, paredes alquiladas me servían de hogar:

todavía me sirven.

No tuve asfódelos, tuve éstas para mí.

Y de mí ellas no guardaron memoria.

Es vanidad de los poemas fijar los deseos del otro

y es vanidad de los poetas

creer que sus versos se fijan en el otro

como no lo hace la flor más que el tiempo

que le corresponde.

Si acaso guardaré algo para mí será lo mismo

que di a los otros que se me acercaron:

la breve duración de los asfódelos,

las orquídeas suicidas, los lirios de agua.

 


El Alto

 

Cubierto el rostro con el pasamontañas

me sigue: tengo neutro

y señala el cuero animal de los zapatos.

Bajo el tejido se adivinaba joven.

Es lo más que recuerdo de lo alto de El Alto.

Entonces me dijeron que los indios aymaras

se cuidan de la muerte alejando los árboles.

Vi los cerros reverberar desnudos.

Vi sus tumbas protegidas por rectángulos verdes.

Ajena simetría ponía otros colores entrando unos en otros

y sobre ellos más color en cajas y etiquetas:

materia que la tierra no puede masticar.

Niños que balbuceaban sujetos a la madre

hubieran podido tragarse con los ojos

a cada transeúnte que se detenía revolviendo el tejido

pidiendo unos refrescos / escupiendo semillas de manzana.

Aquellos caracoles en la oreja de todos

aislando a la extranjera.

Es lo más que recuerdo de lo alto de El Alto.




Dios es amor danger hay perro

 

Con la misma eficacia que el cartel de aviso

hacerte decir que lo comprendes. No dejo que me afecte.

El desmembrado cuerpo entra al iris espejeante, al violeta.

La sin cabeza entra con cabeza prestada.

Es fuera de programa. No dejo que me afecte.

Los clarinetes bajo el agua no cantan su reclamo

ave de cacería sálvate.

 

 

Tiene gestos humanos, por lo tanto cobardes

por lo demás comunes, por exceso gratuitos.

También ofrezco gestos. Donde la flor búlgara

se exhibe démodé. Y por amor cometo

los interesantes crímenes. Danger Hay perro.

Es decir trampa de agua para el ave

pared acolchada

caja de resonancia con salidas ciegas.

 

 

Yo te quiero dormir en la trampa de agua.

En el centro del corazón del pájaro

donde la profecía del insomne

 

donde la flor búlgara se exhibe démodé.

Y es fuera de moda estremecerse en la plana belleza

donde el misterio sea perdurable.

 

 

No dejo que me afecten los carteles de aviso.

Cuídate. Hay perro listo para morder

hay bestia entrenada para soplar la llamada patética

hay cuerno de caza sin sonido bajo el agua.

Cuídate dios será amor

pero yo ave de cacería

sé salvarme.




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