El Arte del Decir (74)

El sentido de los poemas es inevitable. Quiero decir avanzan hacia algún lado y la prueba de eso es que aun con poemas que, aparentemente, no tienen significado alguno, percibimos algo, sentimos un efecto, nos inundamos de un afecto que nos conmueve o nos aterroriza. Eso quiere decir que el poema, en su totalidad, tiene una dirección. El significado es más variable, está o no. Y esto, lo del sentido, tiene su razon en el orden de las palabras y aún de las letras. Siguiendo un orden, que puede ser el clásico, que puede ser el inventado por la genialidad del poeta, las palabras indican un camino. Para mi gusto ese orden tiene siempre que existir, sino el amontonamiento sin ningún orden, no es más que un blablablá que aturde pero no sugiere nada. 

Felix de Azúa (1944). Poeta, novelista y ensayista español nacido en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética, su poesía es enigmática pero a la vez sumamente precisa, con un dominio de la lengua que se hace particularmente potente en poemas donde parece narrar hechos históricos, pero en el fondo están los callejones sin salida subjetivos de toda poesía que importe.






Soldadesca



                                                Lenín piensa en Finlandia



Las fauces del tigre están llenas de sangre

el hombre libre merca sus lágrimas de plata sus gestos

suena un pistoletazo en el barrio judío

una conciencia más que explota dice el Führer


No tengo carros ni munición ¡aguantad como podáis!

el coronel telegrafista mueve la manivela

pensando en su mujer (una georgiana sentimental)

y el carrusel aquel de Beograd ambos sin pasaporte


Como si hubieran sido higos podridos

la lengua de la hiena está irritada

¿cómo dices que llaman en tu tierra a las mujeres de la vida?

¿y a las que nunca te dejan hacer nada?


Duerme la tarde y oscurece las suaves torres

ciruelas malvas como atacadas por un hielo salvaje

la brigada hace guardia en San Juan de Acre son

como avispas doradas a la luz de un quinqué


Todo esto sucede en Moscú en enero de 1919

cuando por el más largo corredor del Palacio de Invierno

el caballo de Kornilov galopa enfurecido.








Romance tecnócrata


Silbando su tonada hacia la izquierda

con el tren bajo las nalgas de melocotón

el pecho atravesado todavía por una dentadura

y desdén de la pierna por la media de nylon

camino de la ventilación de un asunto amoroso

se lanza al mar y pide dos horchatas

brindando con el aire "¡salud salud!"

se acerca entonces el bruñido atleta

"sé lo que pasa y que tu weltanschauung

la voluntariedad, quiero decir;

él en cambio -plagiando a Scott Fitzgerald-,

es escolástico hasta en la compra de tabaco".

Ella grita con júbilo y sonríe

por la noche y en íntima fusión los dos orines

cantan a dúo:

-"Nada tan claro como las ciencias del espíritu

nada tan taylorista como la psiquiatría ".







El jugador de dátiles


                                                El pentotal paqué

                                                   Oliverio Girondo


Me dan los dados, dicen: ¿tiras o la muerte?

con ellos juegas con su juego vives

donde nace la fórmula te haces

donde se rompe acabas.

Y si te dan los dados te dirán: ¡juega la vida!

porque los dados son la cara del insomnio y la pena

y otros hasta doce retratos. Por eso te dirán:

apenas dejo yo dinero en este par

¡ya!, dobles, para ti la suerte

-Para mí la desgracia, centeno y sidra, esa fue mi desdicha.

Rancio es el olor de la taberna, sé lo que juego

y si lo arriesgo es ocio, no aventura.

-¡Tira los dados! Seis figuras contiene cada uno

la muerte se desliza entre los puntos negros

suma su sino goza la ganancia.

-Tirar pá qué. Los pentotales nada.

-Para eso estamos, dale ya, no jodas.

Tiro, rodean el tablero, giran matan.

-Mal paso.

Siempre fue así, entre cebada y hule de pequeño

ahora de grande con acero y cristal.

Cojo los dados, los peso, arrojo y ¡dame!

azar, peso del tiempo, sacrilegio,

cantan bailan suben bajan regocijo geométrico

galanteo de puntos. Resultado.

Avena y trébol, tristeza misma de bacalao y patata

norma del hombre que nunca fuese al cine.

Esto es así:

comprender que las fórmulas vacilan ante la regla

la matemática se incendia ante el derecho

lo abstracto teme a la barbarie del fascista concreto.




 

 


 


Comentarios

Entradas populares de este blog