El Arte del Decir (75)


Desaparecer detrás del enunciado de un poema, dejando sólo la enunciación como supuesta, como capaz de ser imaginada mediante sucesivas lecturas del poema, es una condición, me parece de los buenos poetas. Este ocultamiento de la identidad personal no es motivado por la humildad, ni por el afan de desaparecer sino como un homenaje a la lengua que hablamos. Ya que es ella la que, por medio de cada poeta, se combina incesamente, sin finalidad, ni fundamento. Hacer de cada poema un recordatorio de nuestra lengua madre es una tarea que no tiene fin, pero que vale la pena emprender.

Yannis Ritsos (1909-1990) fue un poeta y político griego, cuya obra mas famosa es Greicidad, musicalizada por Mikis Theodorakis. Creador de una vasta cantidad de poemas, su escritura es misteriosa e indirecta, sin un sujeto evidente, pero a la vez exhibe una contundencia narrativa que inquieta y alegra al lector.


 ENUMERACIÓN


La gente se detiene en la calle, mira.

Los números sobre las puertas no significan nada.

El carpintero está martillando un clavo sobre una

mesa larga y angosta.

Alguien clava una lista de nombres en el poste de

telégrafo.

Un pedazo de periódico vibra, atrapado en las espinas.

Las arañas están bajo las hojas de parra.

Una mujer sale de una casa para entrar en otra.

La pared amarilla y húmeda; se descarapela.

En la ventana del hombre muerto, una jaula con un

canario.



SUMISIÓN


Abrió la ventana. El viento rompió,

y de un golpe, le separó el cabello, en dos grandes

pájaros,

sobre sus hombros.

Cerró la ventana.

Los dos pájaros estaban sobre la mesa

mirándola. Ella inclinó la cabeza

entre ellos y lloró en silencio. 



PRIMAVERA


Un muro de cristal. Tres muchachas desnudas

sentadas detrás. Un hombre

sube la escalera. Sus plantas desnudas

aparecen rítmicamente una después de la otra,

con tierra roja. Pronto

la silenciosa, casi ciega luminosidad, cubre

todo el jardín y se escucha

el muro de cristal que se rompe verticalmente,

cortado por un diamante grande, secreto, invisible. 




MAÑANA


Ella abrió los postigos. Colgó las sábanas sobre el
alféizar de la ventana. Descubrió el día.
Un pájaro la miró directamente a los ojos. “Estoy
sola”, murmuró.
“Estoy viva.” Entró a la habitación. También el
espejo es una ventana. Si salto desde él caería en
mis propios brazos. 


(traduccion de Jaime Nualart)









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