El Arte del Decir (73)
Escribir es un sufrimiento. Escribir desgarra el alma y el cuerpo. Escribir es luchar contra el tiempo que todo lo devora, inútilmente. Reconocerán, sin duda, en estos enunciados el alma de un movimiento, el romanticismo, que nos diera tantos poemas interesantes pero que al mismo tiempo, depositó sobre los poetas una aciaga sombra, una oscuridad segun la cual si no eras desdichado, no debías dedicarte a la poesía. Semejante falacia que se extendió como una ala oscura sobre la literatura (y sobre todo la hispanoamericana, donde sigue dando sus frutos) era una forma de negar el goce de escribir. Cubrirlo con una pátina de desventura, lo que permitiría ejercerlo adosado a una culpabilidad desconocida. Asumir el goce, tratarlo con cuidado, regularlo si fuera posible, es una tarea que se impone también al poeta moderno. Otra forma de las letras, menos sufriente. El ombligo es una parte del cuerpo que un escritor no debería mirarse. Al menos, mientras escribe.
Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978) fue un poeta argentino que emigró a Italia en 19567. Alli fue construyendo una obra narrativa y poetica notable, de la cual ya había, editado, en nuestro país, varios libros excelentes. En esos años escribío a un amigo, "Veo a la Argentina como una inmensa traduccion", frase que requeriría ser pensada nuevamente. Sus poemas no son sentimentales, pero expresan sentimientos, no son racionales, pero sus lineas se enlazan según una ley secreta, no son de palabras rebuscadas, pero la belleza está ahí, esplendente.
FUERA DEL LIMBO NO HAY ELISEO
La sociedad te enseña: esto es bello,
es bueno, es verdadero, y no debes hacer aquello.
A cada hombre le ofrece, ya establecidas, la ética,
la metafísica, la lógica y la estética.
Mas, de vez en cuando, surge un vidente
que explica a los demás que nada es verdadero.
Luego desaparece y la sociedad se dedica
a tergiversar el sentido de su obra.
Es en verdad curioso que siendo ella nosotros mismos
tanto se empeñe en volvernos tontos.
¿Qué comunidad del mundo animal
enseña a los suyos el arte de hacerse daño?
Pero los animales no poseen, es cierto,
la facultad de expresar el pensamiento.
El hombre, en cambio, es un ser extraordinario,
sólo goza si goza el vocabulario.
Tomemos, por ejemplo, la palabra feliz:
si no existiera, ¿quién sería infeliz?
Lo mismo ocurre con la palabra honor,
con la historia, con Dios y con el amor.
Tratad de renunciar a los conceptos abstractos
y de vivir atendiendo solamente a los hechos.
Os expulsarán de inmediato de la sociedad
y regresaréis al limbo de la primera edad.
ESPACIO
En mi cuarto no hay nada,
salvo el tocadiscos y una cama;
y en el corazón tampoco hay nada,
salvo un hijo distinto a mí.
Así hay espacio para moverse
tanto en el corazón como en el cuarto
tiré los harapos al fuego,
los sentimientos, al mar.
No todos tienen el cuarto vacío,
no todos tienen el corazón vacío:
se puede dejar entrar
cada mañana un mundo nuevo.
(traducción Horacio Armani)
Al fuego
Fuego, querido amigo de la sombra,
mi compañero, que ardes y te apagas
y vuelves a arder gracias a mi mano,
desesperado que consumirías
el mundo y aquí a solas te consumes
a vos mismo, en vos mismo acurrucado
como la pordiosera que en el alba
prende la hoguera de cada jornada
y se da en pasto de su brasa lenta.
Hijo del rayo, ahora hijo del hombre,
gato rojo, hay que darte de comer.
Vuélvete tigre, sal, crece, devora
todo si tanta gana tienes, haznos
ceniza, por su fuego solitario
sea mordido cada cual, y sea
vuelto bello, sea vuelto llamarada,
retorne al gran incendio original.
(traduccion de Pablo Anadón)
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