El Arte del Decir (71)
En una ocasión escribió Walter Benjamín que "la importancia excepcional de Baudelaire, es haber sido el primero, y con el mayor rigor, en manifestar concretamente la fuerza productora del hombre alienado, convertido en extranjero ante sí mismo" en lo que me parece una buena definición de modernidad. Ser extranjero para sí mismo, es, ante todo, no reconocerse fácilmente en un yo, descubrir con asombro, con tristeza o con estupor, que estamos habitados por innúmeras identificaciones que hacen que no sea fácil convenir cual somos. Esto creo, es una de las causas que la poesia contemporanea multiplique sospechosamente su sujeto y se vuelva sobre sí misma, buscando inutilmente las razones de tales pérdidas de sí mismo. Y es que no hay más que el goce de escribir lo que justifica tamaña operación. Y ninguna razón del yo consciente alcanza para justificar ese goce que es a pura pérdida y con enormes consecuencias.
Shinkichi Takahashi (1901-1987) fue un poeta japonés que inició su carrera como dadaísta, pero luego al encontrar el budismo zen, ofició una suerte de mixtura que sorprende por su precisión y su capacidad para dar un lugar al vacío y lo ilimitado en la vida del hombre tal como se ve en el ultimo de los poemas aquí publicados.
PLATOS
Plato plato plato plato plato
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Aburrimiento
Pasión con que repta una lombriz en el frente.
Con un delantal de color de arroz blanco
no sequen los platos.
Mujer de negros nidos nasales,
allí también el humorismo está ahumándose.
Disuelvan la vida en el agua
en la cazuela con sopa enfriada.
Flota el tedio.
Rompan los platos.
Al romperlos,
resuena el ruido de aburrimiento.
ENSEÑANZAS DE BUDA
Las enseñanzas de Buda
no son para que vivamos
sino para señalarnos qué es vivir.
Una vez pronunciadas, ya son inútiles
También vivir es inútil,
mas vivimos por los demás
para señalarles qué es vivir.
ABROJO
Brotaba una flor de abrojo
en el arenal de México.
La flor de abrojo se levantaba en un vaso
en medio del inmenso desierto de la luna.
Florecía el abrojo
encima del cerro escabroso del corazón de una mujer.
El mar, bullicioso, se manchaba con el abrojo.
El tallo del abrojo encerraba al cielo.
El abrojo púrpura
florecía en silencio
al costado de la mujer.
Era el cadáver de un hombre.
Al pie de un cactus con flores amarillas
arrancándose plumas, una paloma se acurrucaba.
Un perro lloraba como tragando el aire radiante.
Mosca
Quise vivir para siempre en lo ilimitado.
Lo ilimitado vivía dentro de una mosca.
Cada vez que la espantaba
volaba con lenta gracia.
Me resultaba entrañable
su calmo movimiento.
En la madrugada, brillaba la lámpara.
Yo leía un libro escuchando
el caer de la lluvia.
Sobre el libro extendido,
una mosca arrojaba
sombras de soledad.
Como las patas de la mosca
lo ilimitado es sutil y se dobla.
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