El Arte del Decir (68)
Una opinion común - no despreciable - supone que hay temas poeticos. Que el amor, la muerte, la soledad, la distancia, por ejemplo, son temas que cuadran para escribir poemas, mientras que la política, la ciencia, el cultivo de las azaleas, los viajes por el interior de una provincia, la publicidad de un limpiavajilla o el hambre de un necesitado no lo son. Gente bien intencionada afirma con soltura que "es mejor escribir sobre cosas bellas y agradables porque para sufrimiento ya tenemos la realidad" y sin el menor empacho se zampan alegremente un texto cuya felicidad está seguramente reñida con su verosimilitud. En verdad, esas personas estan motivadas por encontrarle una finalidad a todo mientras la poesía se mantiene por sí misma y los poemas hablan de los temas mas variados, prosaicos y sorprendentes sin otra finalidad que esplender con las palabras y hacer pensar - indirectamente - en las cosas que importan.
Alan Jenkins (1955) nacido en Surrey, Inglaterra es una de las voces mas representativas de la actual generación poetica britanica. Sus escritos elaborados en base a descripciones agudas poseen un sentido del humor y de la desolación igualmente efectivos.
Palomilla
Esa noche regresé tarde a casa y encontré
una palomilla que aleteaba y daba inútilmente vueltas
adentro de la pantalla de la lámpara. Fui a ayudarla.
El foco de 60 vatios no la había disecado
pero sus alas estaban chamuscadas,
ya nada podía salvarla, ni dañarla casi.
Cuando al fin se fue calmando en mi mano extendida
había dejado un espolvoreo dorado
tan fino como el maquillaje en mi camiseta
donde el pómulo de ella la había rozado;
sus aletazos eran tan poderosos y tan frágiles
como el parpadeo de una pestaña en la media pulgada
de aire y humo que entre los dos había.
Sentados, como desconocidos conociéndose,
estuvimos charlando e hicimos una cita para comer
y mi corazón revoloteó al preguntarle
si quería bailar una vieja canción de Elvis.
Era difícil pero ella era ágil y se dejaba conducir
y justo cuando acomodó su pelvis en la mía,
de súbito -nos están viendo,
ella tenía, qué pena pero, ya se iba.
¿Qué tiene de malo? me preguntaba, asándome
en el calor de mi propio cuerpo, de pie entre el tumulto de parejas
entremezcladas, cuando la vi saludar y zigzaguear
hacia el tocador. Me fui poco después.
En el taxi pensé, nada que hacer,
con ésta si no puedes,
no vale la pena, olvida esa comida…
Al día siguiente leí, entre otras malas nuevas,
que incendiaron el sitio;
al parecer alguien pagó un dineral
por un mal trato para su nariz, el resultado:
tres mujeres atrapadas en el baño murieron asfixiadas,
y se cocieron a punto. Contuve la respiración.
La palomilla tardaba tanto en morirse, Dios sabe
que al final yo la aplasté.
Primavera de Praga
Pasé toda la noche pensando en llamar
a la corresponsal en Praga de Libération
para comer, cenar, algo así: ojos grises, flaca, prístina;
nos conocimos la noche anterior y aunque en mi copa el vino
se estaba desbordando, yo quería más, quería otra ración
de su ronco acento francoamericano…
Había pensando sugerirle en serio
ir juntos tras el rastro de algún plato
al único restaurante de caza de Praga. Ella sería mi invitada.
Tenía la esperanza de que en su misterio
me viera como hermano, a pesar de mi clara falta
de credenciales disidentes, a pesar de la pátina
de privilegio y suerte. Con unas copas en el bar
del Hotel Europa, le contaría lo cerca que llegué a estar
de una alarma de bomba en Belfast, en otro hotel Europa;
ella describiría a los amigos de otra época,
los sitios de su infancia y un pasado de cárcel en la memoria
que no la soltaba y la trajo hasta acá…
Cuando finalmente llamé, su voz era amigable,
atenta, pero algo de impaciencia había en el aire
pensé, de aburrimiento incluso, como si me dijese,
¿No sabes que aquí hay una revolución? ¿Es que no puedes
verte dentro de diez años, gordo, más rico, más calvo?
– ¿Y qué más? ¿Poemas? ¿Recuerdos? ¿Yo uno de ellos? Ni hablar.
( traduccion de Carlos Lopez Beltran y Pedro Serrano)
–Ex Poeta
Veintitantos años atrás, o, si prefieres, un tercio
De su vida (aunque, ¿Qué quería decir eso entonces?)
El tomó la biografía de alguien al pie de la letra
Y trajo a su novia a esta adormecida ciudad del sur,
A un altillo alquilado donde se recostaron
Juntos (motas de polvo bailando en los rayos del sol),
Donde comieron, bebieron, durmieron, leyeron, pelearon
Y se reconciliaron; a veces él se levantaba al amanecer
Y escribía, algo que era más sueño que reflexión
En líneas que rara vez necesitaban ser afiladas, ella era un milagro
Como el brillo del sol – su musa, su amor,
La idea que él no traicionaría ni perdería
La visión que lo acompañó hasta aquí:
Cómo puede librarse la vida del miedo y la soledad
Para ser tan plena y riesgosa, como aquellas cosas
Que buscaron la belleza y la verdad…
A los cuarenta y siete años (más de dos tercios por delante,
O eso parece), él regresó
A las verdes llamas de los cipreses, y a las palmeras
Como pájaros cuyas harapientas plumas de bordes marrones
Susurran en el calor del mediodía;
A los parques cerrados con fuentes goteando musgo y café negro
Y amargo como la idea de los pecosos brazos
Que lo sostuvieron, de su temperatura interna,
Y que él ahora bebe en la generosa sombra
De los manchados plátanos de sombra sin corteza, a la luz
Que amó en aquel entonces, luz que quemó sus ojos nórdicos
Y le demostró belleza (o de cómo todas las cosas duelen
Al ser expresadas), la verdad de lo que fue hecho
Y bien hecho, nadie lo puede deshacer.
La chica se fue hace mucho. Lo que él escribió fueron mentiras.
(traduccion de Camila Evia)
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