El Arte del Decir (65)
Un poema es una materia extraña: desplegado en el tiempo y el espacio es sin embargo resistente a ellos lo cual prueban las traducciones (que lo transportan de un pais a otro) y la perennidad (que hace que escritos de hace muchos años nos suenen actuales). Los poemas viajan así de geografía y de épocas con una facilidad que envidiamos los seres vivos siempre sujetos a los límites de las horas y los lugares. Pero me pregunto si esto no es posible porque los poemas están muertos, esto es estan arrebatados del tiempo por efecto del lenguaje que mata lo que nombra, para dotarlo de una eternidad de la que carecen las cosas vivas. Es cierto que es una muerte sorprendente porque leer un poema puede vivificarnos y así asistimos a otro de sus extraños dones, los poemas guardan de manera misteriosa restos de vida entre sus frases y cuando los leemos ( en voz alta o silenciosamente) se avivan de nuevo los goces que los vieron nacer y los que nos provocan, como las llamas de fuego brotan tímidas de un rescoldo apartentemente frío cuando el viento de la vida lo agita nuevamente.
Robert Desnos (1900-1945) fue un poeta surrealista francés. Dotado de un enorme talento que se ponía de manifiesto al componer un poema, se destacó también como miembro de la Resistencia y murío en el campo de Theresienstad, asesinado por los nazis. Dueño de una voz sobria y potente, sus composiciones revelan lo que una lengua puede dar cuando es abrazada con amor y delicadeza.
El cementerio
Aquí estará mi tumba, y sólo aquí, bajo tres árboles.
Recojo sus primeras hojas primaverales
Entre un zócalo de granito y una columna de mármol.
Recojo sus primeras hojas primaverales,
Pero otras hojas nacerán de la feliz podredumbre
De este cuerpo que, si puede, vivirá cien mil años.
Pero otras hojas nacerán de la feliz podredumbre,
Pero otras hojas se ennegrecerán
Bajo la pluma de los que cuentan sus aventuras.
Pero otras hojas se ennegrecerán
Con una tinta más líquida que la sangre y que el agua de las fuentes:
Testamentos incumplidos, palabras que se pierden más allá de los montes.
Con una tinta más líquida que la sangre y que el agua de las fuentes,
¿ Podré yo defender mi memoria del olvido
Como una jibia que huye perdiendo la sangre, perdiendo el aliento?
¿ Podré yo defender mi memoria del olvido?
Cuento de hadas
Había una vez (y fueron tantas veces)
un hombre que adoraba a una mujer.
Había una vez (la vez fue muchas veces)
que una mujer a un hombre idolatraba.
Había una vez (lo fue muchas más veces)
una mujer y un hombre que no amaban
o aquel o aquella que los adoraban.
Había una vez (tal vez solo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.
Infinitivo
Ahí morir oh bella pavesa ahí morir
ver las nubes fundirse como la nieve y el eco
principios del sol y del blanco pobres como Job
no morir aún y ver durar la sombra
nacer con el fuego y no morir
apretar y abrazar amor fugaz el cielo opaco
ganar las alturas abandonar el borde
y quien sepa descubrir lo que amo
omita transmitir mi nombre a través de los años
reír en horas tormentosas dormir al pie de un pino
gracias a las estrellas iguales a una cifra
y morir de lo que amo al borde de las llamas.
Último poema
Tanto soñé contigo,
caminé tanto, hablé tanto,
tanto amé tu sombra,
que ya nada me queda de ti.
Solo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

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