El Arte del Decir (LVIII)


Decir, simplemente decir, pero atendiendo siempre a lo dicho, para procurar belleza. Así podríamos definir (entre millones de definiciones posibles) el arte de la poesía, esa practica cuyo misterio no  está tanto en el poeta como en el poema. Si examinamos la vida personal de un poeta no encontramos nada muy destacable o, a veces, lo destacable no es lo bueno, precisamente. Entonces, ¿de donde surge ese decir que nos inunda de imágenes, chisporroteos de la lengua, ideas extraordinarias bellamente expresadas? Para mí surge de ser simplemente fiel a la lengua que uno habla, dejar que ella vaya tejiendo por intermedio de unos rasgos personales que se llaman un estilo, y que no tienen nada que ver con las virtudes del yo del poeta, un tapiz cuyos errores se producen cuando no estamos atento a las puntadas que hay que dar, cuando no intentamos corregirlas con el buen sentido, la decencia o ese "mejor no hablar de ciertas cosas" que Luca Prodan nos advertía hace ya bastante. Un decir que produce dichos y estos dichos tocan algo de la verdad de los seres humanos, pero presentándolos bajo la forma bella (cualquiera que sea la definición que podamos dar de ella) lo cual es un placer y también un olvido de esa verdad.

James Laughlin (1914 - 1997) estudió en Rapallo con Ezra Pound y regresó a EE.UU para "hacer algo útil". Fundó entonces la editorial New Directions que sería de enorme importancia para la literatura norteamericana. Su poesía es directa, pero sutil. Son poemas donde aparentemente no pasa nada para, en una segunda lectura, descubrir su misterio y su maravilla.




UNA NOCHE DE INVIERNO

 

El exterior, donde la nieve

es suave y silenciosamente 

cae (no hay viento

esta noche), ha traído su quietud 

a la casa tan ruidosa

durante el día con las voces de la televisión, 

los timbrazos del teléfono

y los gritos felices de los niños

 brincando de una habitación a otra. 

Ahora, a excepción de mí, el sueño ha tomado posesión de la casa. 

Traigo el silencio de la oscuridad 

de fuera. Arropo con él

a quienes cuido. Pronto, también yo

estaré durmiendo.



DE CONTEMPTU MORTIS


¿Qué es la conciencia que

nos abandona cuando más la necesitamos 

para salvar lo poco que hemos

logrado construir? ¿Chisporroteará 

la pálida antorcha del amor

al apagarse pronto para mí? Los 

niños bromean en la mesa

sobre si el abuelo debe ser enterrado 

o incinerado. ¿Qué importancia 

puede tener? ¿Enmascara

su burla el poco cariño

que perdurará cuando la vida los agarre 

por el cuello y los sacuda

como suele hacerlo, sean ricos o pobres? 

¿Cuéntame una fábula feliz que

diga que en una galaxia lejana una 

criatura con tres ojos

vela por mí? Eso no puede

ser cierto, créeme, no puede serlo; 

Hagas lo que hagas, mires a un lado 

o a otro, no lo es. Llegamos, 

respiramos un poco, nos vamos.


LA MARIQUITA


Una mariquita ha estado 

dando vueltas y vueltas en torno al borde de

mi vaso de leche    es lista, 

no intenta bajar

hasta la leche porque 

se ahogaría     espera hasta que bebo 

un trago de leche, entonces

va a donde mis

labios han dejado una pequeña mancha 

y se pone a absorber     ojalá los humanos

fuéramos igual de inteligentes.


(traducciones de Jorge Aulicino)



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