El Arte del Decir (60)

¿Por que los sueños nos causan, muchas veces, un poema? ¿Por que en esa zona imprecisa donde el deseo y su cohorte implantan escenas inverosimiles y algunas que nos dan miedo, tendemos a cantar? En cierto modo es para convertir esos mensajes en arte, esto es, en algo que no puede causarnos daño alguno. La anulacion de la angustia ante un sueño por medio de un poema es algo que debe ser mas frecuente de los que uno cree, en la vida de los poetas. Volver algo bello, es también volverlo inútil. Entiendaseme bien, no digo que es inutil escribir, ni producir poemas o textos, sino que si logramos insuflar algo de belleza en nuestras alegrias y sufrimientos se vuelven otros, en cierta medida, los neutralizamos. Por otro lado, la tarea de la literatura es elevar algo de la desdicha o la alegría personal a un cierto paradigma, con el cual los rasgos singulares aparecen desdibujados. Ser otros, ser generales, cantar lo que no puede ser cantado, escribir allí donde las palabras alcanzan sus límites me parecen los medios - extraordinarios, por otra parte - con los cuales podemos tratar lo que nos duele, nos entusiasma, y nos hace en suma, diferentes.

Andrea Muriel (1990) es una traductora, editora y promotra cultural de la ciudad de México. A veces el amor es un cactus es su primer libro de poemas, donde despliega una cuidada relación con los detalles que si no leemos con atención, nos extravían y nos hace pensar que está hablando de botánica, cuando en realidad es otra cosa.



Todas las mujeres tenemos una relación con el maquillaje

 

Nos maquillemos o no

nos guste mirarnos al espejo o lo detestemos.

Todas hemos mirado los espectaculares

con anuncios de L’Oréal

la piel sin poros

y hemos escuchado

de la supuesta confianza

de una mujer

que sabe cómo verse

en cada situación.

Todas tenemos

una madre, una tía, un hermano

que nos ha dicho

¿te ves enferma hoy, estás bien?

que nos ha preguntado sobre

el por qué del labial morado o verde

o la falta de él.

Todas

las mujeres

hemos pasado por el rubor de la tía

para la graduación

por los consejos

para vernos más “arregladitas”.

Todas hemos tenido un labial

lo conservemos como un artefacto imprescindible

o lo tengamos arrumbado en un cajón

porque decidimos que no

que nosotras no

que nuestra valía no está en vernos “bonitas”.

Todas

todas

todas

tenemos opiniones sobre las chicas que se maquillan para

salir al súper

algunas las consideramos

diosas

otras las miramos como bichitos raros a las que no les llegó

el memo

porque ya Simone de Beauvoir nos

contó de la imitación del orgasmo femenino

con las chapas y los labios rojos

y los ojos grandes por el delineador y el rímel.

Todas tenemos una relación con el maquillaje

nos maquillemos o no,

nos guste hacerlo o no,

porque a alguien hace mucho

en algún lugar

se le ocurrió que podía opinar

sobre

cómo

nos

vemos

y

ahora

nos

toca

a

nosotras

decidir

la relación que queremos tener

con cómo nos vemos o nos dejamos de ver

como una simple deuda a nosotras mismas

al mirarnos

no sólo en el espejo

sino tal vez en la parada del bus

en el reflejo de los vidrios de una librería

en el refrigerador del Oxxo

en la vitrina de la farmacia

en nuestra imagen mental de nosotras mismas

en las clases virtuales

en nuestra foto para el CV



Cómo saber si un cactus ha muerto


Primero habría que fijarse en la rigidez de sus espinas,


luego en la consistencia de su cuerpo


que debe ser firme y robusto,


más tarde habría que pensar en el clima


o en cada cuánto se le puso agua.


Un cactus muere tres meses antes de que nos demos cuenta


y es imposible saber si las pequeñas señales:


los bordes amarillos, el encogimiento,


son indicios de la muerte o tan sólo parásitos.


Los expertos dicen que sólo existe un signo


inequívoco de la putrefacción:


hay que pinchar su carne


para ver si brota algo y confirmar


que el hedor ha comenzado a formarse


desde dentro.


Dicen que el amor es de todos los días


pero yo no sabía que los cactus pueden llegar a ahogarse.


Pensé que cuidarlo era ponerle más agua.


Siempre me ha costado entender cuánto es suficiente.


(Agradezco al sitio Zenda - Autores, libros y compañia, el haberme encontrado con esta escritora)





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