El Arte del Decir (LIV)
El tema, el argumento, aquello que se cuenta en cada poema es completamente irrelevante. Una clasificación ya clásica sitúa en épicos los poemas donde se cantan las gestas politicas, sociales y temporales de los pueblos, y líricos los que hablan de las interioridades, las emociones, los asuntos mas privados. Sin embargo, mucha poesía ( y no necesariamente la mas moderna) ha hecho estallar esa división, convirtiéndola en pasión de docentes y en interés solo para los escritores mas perezosos. En verdad podemos hablar del un drama individual y reflejar con el el sufrimiento de un pueblo, asimismo es posible parecer cantar a temas sociales pero que sea solo una alegoría de un corazón herido. Los temas no son importantes, pero la modernidad nos ha enseñado a los poetas a no despreciar ninguno e incluso a hacer de temas decididamente prosaicos, la ocasión para un espléndido poema. Toda poesía es una celebración, aunque su tema sea trágico. Se trata de encontrar los términos y el desarrollo adecuado para hacer vibrar la pasión y el intelecto de el receptor. La poesía que no sirve, es, sin duda, la que cosecha indiferencia.
Elizabeth Bishop (1911-1979) fue una poeta norteamericana, de excepcional fuerza y profunda experimentacion de la lengua. Aunque no parezcan sus versos son de una capacidad productora de sentidos que sorprende. Hay que leerlos pausadamente, hasta dos o tres veces, hasta que de pronto se abren a significaciones inesperadas. En 1956 recibió el Premio Pulitzer por su obra.
Pequeño ejercicio
para Thomas Edwards Wanning
Pensá en la tormenta vagando inquieta por el cielo
como un perro buscando un lugar para dormir,
escuchala gruñendo.
Pensá en cómo estarán ahora los manglares
flotando, insensibles a los relámpagos
en familias oscuras y muy fibrosas,
donde ocasionalmente una garza levanta su cabeza,
sacude sus plumas, hace un comentario ambiguo
cuando el agua brilla a su alrededor.
Pensá en el bulevar y en las palmeras bajas
bien clavadas en sus filas, de repente convertidas
en puñados flexibles de esqueletos de pescado.
Está lloviendo ahí. El bulevar y sus veredas agrietadas
con yuyos saliendo de cada quebradura,
aliviados por mojarse, y el mar por refrescarse.
Ahora la tormenta se aleja otra vez en una serie
de pequeñas escenas de batalla mal iluminadas,
cada una “en otra parte del lugar de la pelea”.
Pensá en alguien durmiendo en el fondo de un bote
atado a la raíz de un manglar o al pilote de un puente,
pensá en él como intacto, apenas perturbado.
Un arte
El arte de perder no es difícil de dominar;
tantas cosas parecen cargadas con la intención
de perderse, que su pérdida no es una catástrofe.
Perdé algo cada día. Aceptá el bajón
de perder las llaves, de la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Después practicá perder más lejos y más rápido:
lugares, y nombres, y donde pensabas viajar.
Nada de esto será una catástrofe.
Perdí el reloj de mi mamá. Y mirá! Se fue
mi última o mi anteúltima casa, de las tres que tanto amé.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Perdí dos ciudades, las amaba. Y, más aún,
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue una catástrofe.
–Incluso al perderte a vos (la voz graciosa, el gesto
que amo) no habré mentido. Es evidente
que el arte de perder no es tan difícil de dominar
aunque pueda parecer (escribilo ya!) una catástrofe
(versiones de Laura Crespi)
Insomnio
a un millón de kilómetros, se mira
(con orgullo, tal vez, pero nunca
nunca, esboza una sonrisa)
está mucho más allá del sueño, o
tal vez ella duerma de día.
Si el universo la abandonara,
lo mandaría al demonio
y encontraría un curso de agua,
o un espejo, donde morar;
así que envolvé el asunto en una telaraña
y arrojalo a un pozo
a ese mundo a la inversa
donde la izquierda está siempre a la derecha,
donde la sombra en realidad es el cuerpo,
donde toda la noche están despiertos,
donde playo es el cielo, como acá
hondo es el mar, y vos me amás.

Comentarios
Publicar un comentario