El Arte del Decir (LVII) Escribir es una actividad que compromete el cuerpo. No sólo las malas posturas ante el escritorio, o los dolores de cabeza por una concentración excesiva, sino también la materialidad de goce de nuestros miembros. Al escribir un poema, el poeta deja algo de esa materialidad en un intento de inscribirla en el texto. Puede entonces sentirse cansado, liviano, denso, puede entonces sentir el cuerpo como algo que se posee y que se puede perder también. Las palabras al reemplazar a la materia dan ese efecto de liviandad, pero la escritura es material, lo que hace que un peso dé la plomada del poema. No se debe tratar de eliminar jamás esa participación del cuerpo en el acto de escribir, lo angélico es un concepto ajeno a la humanidad, una ficción, una monstruosidad inclusive. Tener un cuerpo es lo único que nos permite dejar esa huella de lo escrito, lo que traza un signo material de nuestras vidas, luchando inútilmente contra su desaparición. Wilfred Owen (1893...