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Mostrando entradas de julio, 2021
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 El Arte del Decir (LVII) Escribir es una actividad que compromete el cuerpo. No sólo las malas posturas ante el escritorio, o los dolores de cabeza por una concentración excesiva, sino también la materialidad de goce de nuestros miembros. Al escribir un poema, el poeta deja algo de esa materialidad en un intento de inscribirla en el texto. Puede entonces sentirse cansado, liviano, denso, puede entonces sentir el cuerpo como algo que se posee y que se puede perder también. Las palabras al reemplazar a la materia dan ese efecto de liviandad, pero la escritura es material, lo que hace que un peso dé la plomada del poema. No se debe tratar de eliminar jamás esa participación del cuerpo en el acto de escribir, lo angélico es un concepto ajeno a la humanidad, una ficción, una monstruosidad inclusive. Tener un cuerpo es lo único que nos permite dejar esa huella de lo escrito, lo que traza un signo material de nuestras vidas, luchando inútilmente contra su desaparición. Wilfred Owen (1893...
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 El Arte del Decir (LVI) Un elemento asemántico de un poema es el ritmo, el intervalo en que las palabras se encadenan unas con otras, pulsante y decididamente crucial para un buen resultado. Hay que decir que entre intervalos largos y cortos (no se me ocurre otra forma de medirlo) existe el universo de la significación y después viene el silencio que permite asentir, contradecir o modificar esa significación, según su duración y su intensidad. Hay poetas que han hecho del silencio un centro de su poesía (por ejemplo, los últimos poemas de Paul Celan) y otros que lo vuelven casi imperceptible, atareados como están por decir muchas cosas. En cualquier caso, el ritmo de un poema es un elemento estructural de él, así como las vértebras que no se ven, pero sostienen a un cuerpo y no es un elemento de sentido variable como las metáforas y las metonimias veloces. Por el contrario el tiene que estar ya que un poema sin ritmo no se sostiene y se derrumba estrepitosamente a pesar de que ten...
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 El Arte del Decir (LV) Que interesante son los poetas que no se encadenan a una corriente específica y estruendosa! No digo los poetas clasificados por los críticos literarios que siempre van a encontrar una escuela para adosar allí al desventurado escritor, sino los poetas en sí mismos, que vagan por las tierras del verso sin preocuparse por los nombres que tienen esas comarcas, sino habitándolas y llenándolas de nuevos seres, de variada intensidad y presencia. Me gustan porque no clasifican sus propios escritos, ni hacen propaganda de su arte. Simplemente están, cantan, escriben, y desaparecen dejando en su estela numerosos poemas que gozaremos a pesar de su ausencia. Situados con comodidad en una singularidad dichosa (algunos sufren también, es cierto) se niegan a ser confundidos con una categoría. Bienaventurados los poetas que no hacen escuela, que son los que verdaderamente enseñan! Philippe Jaccottet (1925-2021) fue un poeta suizo que ha traducido a Rilke, Horderlin, Ungare...
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 El Arte del Decir (LIV) El tema, el argumento, aquello que se cuenta en cada poema es completamente irrelevante. Una clasificación ya clásica sitúa en épicos los poemas donde se cantan las gestas politicas, sociales y temporales de los pueblos, y líricos los que hablan de las interioridades, las emociones, los asuntos mas privados. Sin embargo, mucha poesía ( y no necesariamente la mas moderna) ha hecho estallar esa división, convirtiéndola en pasión de docentes y en interés solo para los escritores mas perezosos. En verdad podemos hablar del un drama individual y reflejar con el el sufrimiento de un pueblo, asimismo es posible parecer cantar a temas sociales pero que sea solo una alegoría de un corazón herido. Los temas no son importantes, pero la modernidad nos ha enseñado a los poetas a no despreciar ninguno e incluso a hacer de temas decididamente prosaicos, la ocasión para un espléndido poema. Toda poesía es una celebración, aunque su tema sea trágico. Se trata de encontrar l...
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  El Arte del Decir (LIII) En la enorme cantidad de poetas del mundo siempre han causado impresión los que se alejan del sentido, al menos el inmediato. Impresión en ambas direcciones: desde los que se postran como ante un dios desconocido, hasta los que abominan de esas líneas aparentemente absurdas. Creo, sin embargo, que nuestra posición debe ser mas serena: muchos de estos poetas al operar de esta manera, pretenden, por el contrario, advertir sobre una forma de la lengua que es anterior al lenguaje: el conjunto confuso y errático de palabras y frases que se vierten sobre nosotros antes de que comprendamos su sentido. Así nuestras madres, nuestras cuidadores, miembros de la familia, extraños, serían los primeros en darnos la llave para componernos como poemas sin sentido, pero con dirección: la que nos instala en la vida y nos hace repetir una y otra vez, subterráneamente, esas nanas disparatadas en nuestros sueños, nuestros síntomas, nuestros actos fallidos. Eso no nos hace poe...