El Arte del Decir (LII)
¿Por qué la gente escribe poesía? ¿Para comunicarnos? ¿Para hacerle saber al otro lo que sentimos? ¿Para no sentirnos tan solos en el vasto universo? Pero si la poesía fuera un paquete de información mejor sería confiar en una computadora, si fuera un mapa de nuestros sentimientos, seria mas acertado confiar en el gesto de amor que en nuestras mentirosas palabras, si fuera una compañía, lo lógico sería dejar de sentirnos tan solos. La pregunta es en sí misma mentirosa, porque no hay que dar razones de lo que hacemos como humanos, de lo que grabamos infructuosamente contra el tiempo, contra la decadencia, contra el olvido. Es ese gesto inútil, pero bello, ese movimiento banal, pero indispensable, ese toque de emocionada vida la que nos arroja a un universo de cosas que no tienen función, ni rédito, ni esperanza, pero se parecen al amor en su capacidad de mantenernos realmente vivos.
Mark L.Levinson, nacido en Boston en 1948 es un poeta israelí, cuyos versos nos enseñan la importancia de las cosas pequeñas, como un diente de ajo, una elección de un producto o la puesta en marcha de un recuerdo feliz sobre la utilidad de las abuelas y, en ese sentido, celebra el canto como aquello que también vuelve inolvidable las cosas perecederas.
Ajo
Al principio estaba la naranja
perdida en el borde del árbol, una naranja sin cosechar
y más allá nada más que la luna.
Por la noche la naranja practicaba tonalidades de gris,
protuberancias sombrías, y finalmente rostros,
bajo la agotadora instrucción de la luna
hasta que los segmentos debajo de su cáscara
se endurecieron y prestaron su forma al exterior
como músculos, lunas crecientes en la piel nacarada,
y entonces la antigua naranja,
se encogió, arremetió contra la tierra no resistente
y, una vez dentro, alzó un periscopio
de verdor dúctil, para que hoy el sol
de nuevas instrucciones a un tallo de ajo.
Alcanzando el pasado
No compres la leche de la parte delantera de la estantería.
El frente es para lo que o se vende hoy o se estropea.
Es en la parte de atrás donde se encuentran las cosas frescas.
No compres el bote de desodorante que está al frente.
Alcanza un bote por encima de los clientes
no sea que tomes el de muestra.
No bebas el agua hasta dejarla correr un rato
o beberás óxido. Toma cualquier carta
de las que el mago te extiende
excepto las últimas cartas y las intermedias,
y no compres el boleto de lotería que está más expuesto.
No vivas donde el nacimiento te hizo predecible.
En otro lugar tienes la oportunidad de flanquear
la versión local de la preparación.
Regreso
Mi abuela inclinó la cabeza hacia mí
con sus rizos grises de Anita la huerfanita, bajando
la voz, me dijo «La suerte lo es todo».
Le dije que pensaba que la preparación era todo.
En la escuela lo era, y la suerte era impotente:
Los proyectos programados de antemano avanzaron en el
calendario, pruebas demostraron lo que buscaban probar.
En el próximo siglo, cuando vuelvan las guerras, veo
al Rey Suerte condenando a algunos, perdonando a otros,
y mi abuela trabaja en lo alto
con las otras dogmáticas damas que
componen los días variados como boletines informativos.
A veces, cuando mi propia fecha límite me presiona,
ella me susurra una palabra antigua pero todavía aprovechable.

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