El Arte del Decir (XLIII)

La escritura es decididamente algo que se pierde o mas bien, algo que habla de algo que se pierde. Y los esfuerzos de recuperación que la lengua hace son siempre inacabados, imprecisos. Y es que lo que se ha perdido escribiendo no retornará jamás, ni siquiera si supiésemos de que se trata podríamos hacerlo retornar. Entonces toda escritura es evocar una ausencia. Pero hay que hacerlo bien, eligiendo las palabras, puliendo los ritmos, decidiendo los silencios. De esa manera lo que se pierde no retorna y en  su lugar, aparece un sustituto nuevo: el escrito, el poema.

Niels Hav  (1949),es un poeta dinamarqués que practica una suerte de humor agudo, cuya aparición nos conmueve y nos hace gustar mas de las palabras. Pero a la vez, una profundidad insólita aparece allí donde nos disponíamos reír simplemente. Es uno de los poetas actuales mas importantes, una de las voces mas destacadas de la poesia nórdica.


Las mujeres de Copenhague

Me he vuelto a enamorar de cinco mujeres
distintas durante un viaje en el autobús de la ruta 40
de Njalsgade a Osterbro. ¿Cómo va uno a controlar
su vida en esa condiciones?
Una de ellas llevaba un abrigo de piel;
otra, botas rojas. Una leía el periódico; la otra, a Heidegger
y las calles estaban inundadas de lluvia.
En el bulevar Amager subió una princesa empapada,
eufórica y furiosa, y me cautivó totalmente.
Pero se bajó frente a la estación de policía
y su lugar lo tomaron dos reinas con pañoletas fulgurantes
que hablaban con voces estridentes en pakistaní
durante el trayecto al Hospital Municipal
mientras el autobús bullía de poesía.
Eran hermanas e igualmente bellas, por lo que les entregué
mi corazón a las dos y empecé a hacer planes de una nueva vida
en una aldea cerca de Rawalpindi, donde los niños crecen en medio del olor
a hibisco mientras sus madres cantan canciones desgarradoras cuando
la tarde cae sobre las llanuras pakistaníes.

¡Pero ellas no me vieron! Y la que llevaba el abrigo de piel lloraba
con disimulo, cubriéndose con el guante, cuando se bajó en Farimagsgade.
La que leía a Heidegger cerró el libro de súbito y me miró fijamente
con sonrisa burlona, como si acabase de vislumbrar a un Don Nadie
en su mismísima insignificancia. Así se me partió el corazón por quinta vez
cuando se levantó y se fue con las otras. ¡Qué brutal es la vida!
Seguí otras dos paradas antes de darme por vencido.
Siempre termina así: uno, de pie en la acera, fumando un cigarrillo,
tenso y levemente desdichado.


Mi pluma fantástica

Prefiero escribir
con una pluma usada encontrada en la calle
o con una de publicidad, feliz de que promueva al electricista,
la gasolinera o el banco.
No sólo porque son gratuitas
sino imagino que esos implementos de escribir
fusionarán mi escritura con la industria
el sudor de los obreros calificados, las oficinas
y la mística de toda existencia.

Una vez escribía minuciosos poemas con pluma de fuente
poesía pura sobre la pura nada
pero ahora me gusta que en el papel haya mierda,
lágrimas y mocos.

¡La poesía no es para los apocados!
Un poema debe ser tan honesto como las cotizaciones de la bolsa
una mezcla de realidad y fanfarronería.
¿Qué queda aún que hiera nuestra sensibilidad?
No mucho.

Por eso no pierdo de vista el mercado de valores
y los documentos importantes. La bolsa
forma parte de la realidad como la poesía.
Y por eso estoy tan contento con este bolígrafo
de un banco que me encontré una negra noche
frente a una tienda cerrada. Huele
vagamente a meado de perro y escribe de maravilla.

(Traducido al español por Orlando Alomá).

 Epigrama

Te puedes pasar la vida entera
acompañado de palabras
sin encontrar
la justa

Igual que un pobre pez
envuelto en un diario húngaro:
¡primero, está muerto,
segundo, no entiende
húngaro!

(Traducido al español por Ricardo Labarca).


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